Un documento recientemente desclasificado muestra que en 1969 un agente de la CIA visitó el campus de la Universidad de Arizona para realizar una “revisión cuidadosa” de un contrato entre la universidad y la agencia federal de espionaje.
El documento desclasificado está etiquetado por la CIA como “Cable sobre la Universidad de Arizona”.
Aunque el documento de dos páginas está parcialmente censurado, confirma que la universidad estaba trabajando estrechamente con la agencia, centrándose en el monitoreo de activistas estudiantiles con los Brown Berets, una organización latina de justicia social, y Students for a Democratic Society.
El documento también menciona al “departamento de estudios latinos”, probablemente un error tipográfico del Departamento de Estudios Latinoamericanos.
La CIA señala en el documento que tenía un “plan de contingencia” para recomendar al presidente de la universidad cerrar una línea particular de investigación en la universidad. El campo de investigación ha sido editado. El presidente de la universidad en ese momento era Richard Anderson Harvill, quien dirigió la universidad de 1951 a 1971.
Un estudiante y activista de MECHA, un grupo estudiantil latino fundado a finales de los años 60 que tiene presencia en decenas de universidades, dijo a Arizona Luminaria que no les sorprendía ver pruebas de la conexión de la CIA con la universidad.
El estudiante no quiso ser identificado porque teme represalias de la universidad y las fuerzas del orden.
El activista estudiantil dijo que la policía y la universidad monitorean de cerca a los grupos políticos estudiantiles.
“El hecho de que estemos educados es la razón por la que tienen miedo”, dijo el estudiante. “Desafiamos el statu quo de la existencia de este país”.
La revelación sobre las operaciones de la CIA en el campus de la UA proviene de un conjunto más amplio de documentos recientemente desclasificados, que abarcan desde la década de 1960 hasta la de 1980 y que fueron publicados a finales de diciembre en el sitio web de la CIA a solicitud de los representantes estadounidenses Joaquin Castro, demócrata por Texas, y Jimmy Gomez, demócrata por California.
Según un comunicado de prensa emitido por los legisladores, los documentos “detallan un patrón extenso de vigilancia e infiltración por parte de la CIA dirigido contra estudiantes, organizadores laborales, líderes de derechos civiles chicanos y defensores de la independencia de Puerto Rico”.
Una historia secreta
Aunque ahora es ilegal que la CIA realice operaciones domésticas, durante décadas la agencia vigiló e incluso experimentó con ciudadanos estadounidenses. Eso cambió en 1981, con una orden ejecutiva firmada por Ronald Reagan, que estipulaba que la CIA ya no podía llevar a cabo asesinatos de manera legal y que estaba limitada en cómo podía operar en territorio estadounidense.
“Estas revelaciones muestran un patrón de vigilancia gubernamental contra estudiantes y activistas latinos que tenía la intención de socavar su organización y aplastar su naciente poder político”, dijo Castro a Arizona Luminaria por correo electrónico.
“En particular, las revelaciones de la Universidad de Arizona muestran que la CIA estaba presionando a los líderes universitarios para reprimir la libertad de expresión pacífica en el campus y silenciar las crecientes voces de los estudiantes latinos”.
El profesor de historia de América Latina, Alexander Aviña, sospecha que la CIA estaba “preocupada por el movimiento latino colaborando con el movimiento Black Power y AIM”, el Movimiento Indígena Americano (American Indian Movement).
Aviña enseña en la Universidad Estatal de Arizona y es autor de Specters of Revolution, que trata sobre grupos revolucionarios mexicanos en la década de 1960. “También se trata de la ubicación de la UA, cerca de la frontera, que añadió urgencia a la vigilancia de estudiantes en estudios latinos”, dijo Aviña.
Aviña agregó que, si bien las amenazas contra los estudiantes por parte de la CIA u otras agencias federales y locales pueden ser diferentes, hoy en día el liderazgo universitario está aumentando su vigilancia y represión del activismo estudiantil.
“Hemos visto desde la primavera pasada cómo las universidades estadounidenses cierran filas y violan los derechos de libertad de expresión de sus propios estudiantes para sofocar brutalmente los movimientos pro-Palestina”, dijo Aviña.
Después de las protestas pro-palestinas en la UA la primavera pasada, las autoridades del campus anunciaron reglas que limitan cómo los estudiantes y otros activistas pueden protestar en el campus.
El portavoz de la UA, Mitch Zak, dijo en una declaración enviada por correo electrónico: “La Universidad de Arizona celebra su estatus como una Institución de Servicio Hispano reconocida federalmente y su calificación Green Light de la Fundación para los Derechos Individuales y la Expresión (FIRE)”.
“Si bien no podemos abordar eventos de hace más de medio siglo, la universidad de hoy encarna un entorno dinámico y culturalmente rico que fomenta una comunidad inclusiva, solidaria y diversa”, agregó Zak.
Una represión contra las protestas en ASU está siendo actualmente investigada por el Departamento de Justicia por posibles violaciones de derechos civiles. El capítulo de MECHA en ASU también fue suspendido la primavera pasada después de una publicación en redes sociales que supuestamente llamaba a la violencia. La publicación ha sido eliminada desde entonces.
Dadas las apuestas de la polarización actual y las tensiones en curso en los campus, Castro está impulsando más claridad y un enfoque diferente por parte del Congreso.
“Cada pocos años, el Congreso estudia leyes para reformar o revisar las facultades que tienen las agencias de vigilancia estadounidenses”, dijo Castro. “Un registro histórico más completo también ayudará al Congreso a entender las barreras necesarias para proteger las libertades civiles y evitar futuras extralimitaciones”.
Activistas dicen que las amenazas se renovaron bajo Trump
Raul Aguirre, un activista de Tucson de larga trayectoria y ex miembro de MECHA, fue estudiante en la UA desde 1974 hasta 1978.
“Es indignante”, dijo Aguirre sobre las operaciones de la CIA en el campus décadas atrás. “Teníamos precaución durante las protestas y manifestaciones, y bromeábamos, ‘Oh, ten cuidado o te abrirán un expediente.’ Y supongo que era cierto”.
Aguirre dijo que incluso a finales de los años setenta, mientras se manifestaban en el campus para lograr una mayor inclusión de latinos y el establecimiento de un departamento de Estudios Chicanos, “veíamos a gente en los techos tomando fotos de nosotros”. Dijo que suponían que eran del FBI o la CIA, pero nunca pudieron confirmarlo.
“Estábamos ejerciendo nuestros derechos de la Primera Enmienda. Estábamos demostrando que las instituciones nos estaban fallando como estudiantes. ¿Por qué tenemos que ser etiquetados como sospechosos? ¿Por qué se nos veía como radicales?
Si estás manifestándote contra fallas sistémicas, manifestándote a favor de tus derechos civiles, manifestándote a favor de personas que deberían estar en el poder y no están representadas, ¿por qué deberían monitorearte?”
Aguirre también dijo que, dado que Trump está regresando al cargo, los activistas, particularmente los mexicanos, mexicoamericanos y latinos, necesitan estar atentos.
El actual organizador de MECHA en la UA estuvo de acuerdo.
Dijeron que los miembros de su organización siempre van a las protestas en parejas o grupos. Vigilan su entorno, ocultan sus rostros e incluso se cambian de ropa. Agregaron que con frecuencia han sospechado que han sido monitoreados por agentes encubiertos de las fuerzas del orden.
“Nuestra generación se enfoca tanto en el activismo como en la educación”, dijo el organizador de MECHA.
Traducción por Beatriz Limón

