Después de que patrulleros estatales de Arizona la detuvieran en Tucson por conducir por debajo del límite de velocidad, Yesenia suplicó ver a sus hijos. El miedo con el que vivía la madre migrante de cuatro niños — antes y después de huir del colapso civil en su país natal, Venezuela — no la preparó para el dolor de ser separada de sus hijos en Estados Unidos.

“Les dije que tenía otros dos hijos”, dijo Yesenia en español en un video del 15 de febrero compartido con Arizona Luminaria. En una habitación austera en el sur de México, habla en voz baja. Su niño y su niña juegan en el fondo.

La madre venezolana pidió a los agentes de la Patrulla Fronteriza si podía ir a su casa, o si ellos la llevarían allí para ver a sus otros dos hijos. Los agentes la tenían esposada al costado de la carretera en el sur de Tucson.

“Dijeron que ‘no’”, dice ella. No le permitieron ir con sus otros dos hijos. “Dijeron que ese no era su problema. Que era mi problema”.

Con los agentes de pie vigilándola, Yesenia observaba a su niña de 6 años y a su niño de 9 años, pensando en sus otros hijos, de 8 y 14 años, que estaban en casa con su cuñada.

El problema comenzó esa noche, el 11 de febrero, en una gasolinera QuikTrip donde Yesenia vendía empanadas.

Le dijo a Arizona Luminaria el 15 de febrero que una mujer en el estacionamiento comenzó a “atacarla verbalmente”, amenazando con llamar a la policía. Dice que minutos después, la policía llegó. Empacó sus cosas y subió a sus hijos a su camioneta SUV — ya casi lleno con los suministros que usaba para limpiar casas — y comenzó a alejarse.

Momentos después, patrulleros del Departamento de Seguridad Pública de Arizona la detuvieron.

La multa de tráfico, por conducir a 25 mph en una zona de 40 mph, revisada por Arizona Luminaria, indicaba que manejaba a una velocidad que “obstruía el tráfico”. La citación incluía violaciones adicionales por no tener seguro, una placa suspendida y no usar cinturones de seguridad.

Yesenia dice que entregó a un oficial la identificación que había recibido en un albergue para migrantes donde se quedó brevemente en Chicago.

Afirma que el oficial la acusó de presentar una identificación falsa. Cuando protestó, dice que él la amenazó con enfrentar hasta cinco años de prisión. Poco después, llegaron los agentes de la Patrulla Fronteriza.

“Me esposaron frente a mis hijos”, dijo Yesenia.

Ni su esposo, ni sus otros dos hijos, ni nadie más en la familia o comunidad de Yesenia sabían nada sobre lo que le había ocurrido o dónde se encontraba. Finalmente, llamó el viernes por la noche, el 14 de febrero, tres días después.

Yesenia contó que hizo la llamada desde Villahermosa, la capital del estado sureño mexicano de Tabasco, a unas 2,000 millas de distancia.

Afirma que ella y sus dos hijos fueron deportados la madrugada del miércoles. Fueron entregados a las autoridades de inmigración mexicanas en Nogales, Sonora, y luego, horas más tarde, los subieron a otro autobús — un viaje que duró dos días completos — hasta que finalmente llegaron a Villahermosa.

Yesenia y su familia están en estado de shock.

“Tengo miedo, por supuesto que tengo miedo. Mis hijos están aterrorizados. No sé qué va a pasar. Es tan injusto”, dijo Yesenia en una llamada telefónica el 15 de febrero con Arizona Luminaria.

YeseYesenia posa en su apartamento en Tucson. Foto cortesía de su familia.

Su deportación ocurre en medio de una ofensiva de la administración de Trump, que está intensificando los arrestos de inmigrantes, utilizando al ejército para intentar frenar los cruces fronterizos y alentando a las fuerzas del orden locales a actuar como agentes de inmigración y de la frontera de facto.

La administración también ha cambiado las prioridades de aplicación de la ley, que anteriormente ponían mayor énfasis en deportar a personas consideradas una “amenaza para la seguridad nacional, la seguridad fronteriza o la seguridad pública”. La actual ofensiva incluye a más migrantes, como Yesenia, que no han sido acusados de delitos graves. También están permitiendo que los agentes de inmigración apunten a “lugares sensibles”, como hospitales, escuelas e iglesias, lo que estaba prohibido bajo las directrices de la administración de Biden.

“Ese no es mi problema”

“Me preguntaron si era miembro del Tren de Aragua”, una banda venezolana, dice Yesenia sobre los agentes de la Patrulla Fronteriza que la interrogaron a ella y a sus hijos la noche en que estuvieron bajo custodia.

Ella dice que les dijo repetidamente que tenía miedo de ser enviada de regreso a Venezuela. Les suplicó que no la deportaran a México, donde había sido atacada por un cartel.

“Viví un secuestro. Tenía miedo de regresar a México”, dijo. También continuó suplicando por sus otros dos hijos que aún estaban en Tucson.

Afirma que los agentes solo repetían: “Ese no es mi problema”.

En la estación de la Patrulla Fronteriza del sector de Tucson, los agentes interrogaron tanto a ella como a sus hijos. “Le preguntaron a mi hija de 6 años si su papá era miembro de una pandilla, si tenía un arma”, dijo. Su hija estaba sollozando.

“Imaginen asustar así a una niña de 6 años”, dice la cuñada de Yesenia. Pidió no ser identificada por temor a represalias de parte de las autoridades de inmigración o de las fuerzas del orden.

Yesenia también dice que los agentes la amenazaron con enviarla a Guantánamo y que sus hijos podrían ser dados en adopción.

“Mi hijo, de 9 años, estaba llorando. Es muy sensible. Intentaba evitar que los agentes hablaran así con su mamá y su hermana, pero le gritaron que se callara”, dijo Yesenia.

Ella afirma que su hijo temblaba y lloraba. “Gritaba”, dijo. “‘Por favor, no me separen de mis hermanos'”. Dice que los agentes le ordenaron al niño que se callara, que no podía estar gritando y llorando.

Arizona Luminaria ha solicitado en repetidas ocasiones comentarios a los funcionarios de la Patrulla Fronteriza sobre las acusaciones de Yesenia respecto al trato que ella y sus hijos recibieron bajo custodia. No respondieron de inmediato.

“No me permitieron hacer ninguna llamada”, dijo Yesenia. “Ni una sola vez me dieron una llamada”. Afirma que pidió repetidamente a los agentes que llamaran a su familia para poder saber de sus hijos.

Cuando llegó a México, también pidió permiso a las autoridades de inmigración mexicanas para llamar a su familia y dice que se lo negaron. En un video compartido con Arizona Luminaria, dice que los funcionarios mexicanos le advirtieron que el gobierno de Estados Unidos había emitido una orden prohibiéndole llamar a alguien.

Según Yesenia, varios miembros de su familia y el abogado de Yesenia, ella y su familia huyeron de Venezuela debido a problemas derivados del tiempo que su esposo sirvió como infante de marina en su país natal.

“Vio cosas que no debía ver, le pidieron que hiciera cosas que no quería hacer”, dijo la cuñada de Yesenia. “Y entonces empezaron a ir tras él”. Dice que el esposo de Yesenia huyó primero, y luego, un año después, en 2023, cuando las amenazas también se dirigieron a la familia, Yesenia dejó el país con sus cuatro hijos.

Primero fueron a Chicago, donde comenzaron su caso de asilo. Se trasladaron varias veces — a Texas y luego finalmente a Tucson — en busca de trabajo y una comunidad.

La cuñada de Yesenia dice que la madre de cuatro hijos estaba intentando hacer todo bien. “Cambió su dirección con la corte y se presentó a su audiencia de inmigración el día que estaba programada”, dice. Pero era la corte equivocada. De alguna manera, el cambio de sede no se había procesado. Fue entonces cuando a Yesenia se le ordenó la deportación en ausencia.

La cuñada de Yesenia se refirió a los agentes de la Patrulla Fronteriza que preguntaban si su hermano era miembro de una pandilla.

“No”, dijo, con la voz entrecortada. “Es un trabajador”, dijo. “Desde que llegó aquí, solo ha trabajado. Nunca ha tenido una multa, ningún problema”.

“Solo trabaja. Limpia casas, hace jardinería, construcción, estuco, hace de todo, sabe hacer de todo”.

Dice que Yesenia era igual. “Desde que llegó aquí, solo se ha dedicado a cuidar a sus hijos, trabajar, tratar de seguir las reglas”, dijo la cuñada.

Pero, dice, eso no fue suficiente para evitar que fuera atrapada en la red de deportaciones de la administración de Trump.

Oscar Rodríguez, amigo de la familia de Yesenia y líder de la Iglesia Adventista del Séptimo Día a la que ella asistía, habla en una manifestación denunciando los operativos de control migratorio el jueves 13 de febrero de 2025. Alrededor de 75 personas, sosteniendo carteles en forma de corazón y mensajes de amor, se reunieron para una manifestación interreligiosa frente al edificio federal en el centro de Tucson. Foto de Yana Kunichoff.

Iglesia recauda fondos

El sábado fue el día de la juventud en la sesión de estudio bíblico en la iglesia de Tucson a la que Yesenia y su familia asistían regularmente. Tres jóvenes feligreses se sentaron en el estrecho escenario dirigiendo una discusión sobre cómo responder, con espíritu cristiano, a una enfermedad o calamidad imprevista.

La iglesia estaba decorada con rosas y corazones por el Día de San Valentín.

“Puedes enfrentar dificultades y preguntarte: ‘¿Por qué yo? ¿Por qué mi familia?’” dice un feligrés durante la discusión. Uno de los jóvenes en el escenario instó a la paciencia, diciendo que algunas cosas en la vida eran imposibles de entender.

La cuñada de Yesenia se sentó en una banca en la parte trasera con su hijo de 12 años. Al salir al aire fresco de la mañana para hablar sobre Yesenia, habla en voz baja sobre el impacto y la preocupación que ella y su familia han estado viviendo desde la noche del martes, hace cuatro días.

La iglesia está recaudando dinero, con la meta de 500 dólares, para ayudar al esposo de Yesenia a comprar un boleto de autobús y reunirse con ella en el estado sureño mexicano de Tabasco. Aún no han decidido qué hacer con los otros niños, pero están considerando que lo mejor sería mantenerlos juntos.

Joanna Williams es la directora ejecutiva de Kino Border Initiative, una organización de ayuda y defensa de migrantes con sede en Nogales. Williams dijo que estaban profundamente preocupados de que una parada de tráfico realizada por el Departamento de Seguridad Pública pudiera haber terminado con la transferencia de Yesenia a las autoridades de inmigración.

“Si el DPS está involucrado en este tipo de arrestos, entonces habrá más familias dentro de Arizona que se verán afectadas, más familias separadas y más residentes de largo plazo en nuestras comunidades que serán arrancados de sus hogares”, dijo Williams.

La cuñada dice que toda la familia tiene miedo de que Yesenia esté de regreso en México. Yesenia dice que no puede dejar de pensar en cuando fue secuestrada por un cartel de droga mexicano. No puede dejar de pensar en cómo les dijo a los agentes que ella y sus hijos no estaban seguros allí, y en cómo su respuesta repetida fue: “Ese no es mi problema”.

Yesenia dice que su hija apenas ha dormido desde que fueron detenidos. “Imaginen todo lo que está viviendo”, dijo Yesenia.

Ella y sus dos hijos pueden quedarse un par de noches más donde están alojados — su iglesia en Tucson movilizó sus redes para encontrarle un refugio temporal.

“No es seguro para nosotros en México, obviamente. ¿Qué hacemos?”

Dice que regresar a Venezuela también es imposible.

En cuanto a lo que sigue, respira profundo y dice: “Simplemente, no lo sé”.

Traducción por Beatriz Limón

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John Washington covers Tucson, Pima County, criminal justice and the environment for Arizona Luminaria. His investigative reporting series on deaths at the Pima County jail won an INN award in 2023. Before...