Brenda Sánchez se unió al Southeast Arizona Health Education Center en Nogales como pasante universitaria. Comenzó a trabajar de inmediato en un proyecto cercano a su corazón: ayudar a los trabajadores de salud comunitarios a apoyar a los trabajadores agrícolas en las comunidades fronterizas de Arizona.
Eso fue en 2018. Sánchez ayudó a desarrollar Agua Limpia Health Curriculum, una capacitación para trabajadores de salud comunitarios para abordar la calidad del agua en una comunidad de trabajadores agrícolas del condado de Cochise. No solo abordó los problemas sistémicos relacionados con el agua potable limpia, sino que también proporcionó herramientas como filtros de agua para que las personas pudieran acceder a agua más limpia de inmediato.
Siete años después, Sánchez sigue enfocada en el acceso a la atención médica para los trabajadores agrícolas.
Ahora realiza ese trabajo como directora ejecutiva del centro, comúnmente conocido como SEAHEC. La organización presta servicios a comunidades rurales en los condados de Pima, Santa Cruz, Cochise, Graham y Greenlee, con alcance especializado a poblaciones de habla hispana.
A medida que la administración Trump ha lanzado una represión de deportación de gran alcance, así como recortes sin precedentes en el financiamiento federal, muchas de las comunidades rurales fronterizas a las que Sánchez sirve enfrentan dificultades devastadoras.
Arizona Luminaria habló con Sánchez para conocer cómo ha cambiado el trabajo del centro bajo la nueva administración, de la importancia del papel de los trabajadores de salud comunitarios en tiempos de incertidumbre y lo que sigue dándole esperanza.
La conversación ha sido editada por claridad y extensión.
P. ¿Cuál es el papel que desempeñan los trabajadores de salud comunitarios, o promotoras, en este entorno de creciente temor y desconfianza? (Las promotoras son miembros de la comunidad que reciben capacitación especializada para brindar educación sobre salud).
R. Los trabajadores de salud comunitarios son y seguirán siendo los mensajeros de confianza de la comunidad. Debido a que están integrados en las comunidades a las que sirven, comprenden las necesidades de cada comunidad específica a un nivel muy diferente y más personal. En SEAHEC, nuestros trabajadores de salud comunitarios son quienes realmente me dicen: esto es lo que nuestras comunidades necesitan.

En los condados de Greenlee, estamos descubriendo que algunas personas no accedían a servicios de nutrición como los bancos de alimentos porque tenían miedo. Entonces estuvimos hablando con miembros de la comunidad, los trabajadores comunitarios de salud pudieron identificar el miedo, que estaba relacionado con el estatus migratorio, la gente escuchaba en las noticias que ahora están siendo su objetivo. Se están quedando en sus casas.
Entonces comenzamos a ofrecer capacitaciones sobre derechos constitucionales para cualquiera, no importa cuál sea tu estatus. Todos en Estados Unidos tienen derechos constitucionales.
Hemos tenido muy buena participación. Y es porque los trabajadores de salud comunitarios son miembros de confianza en la comunidad. Aunque hay miedo, como el trabajador de salud comunitario es quien los está invitando, la gente confía en ellos.
P. ¿Qué ha cambiado desde que la nueva administración Trump asumió el cargo?
R. Ha habido recortes de fondos, y eso ha impactado drásticamente el trabajo que podemos hacer. SEAHEC tenía un programa para migrantes para abordar las necesidades de atención médica y la coordinación de salud para solicitantes de asilo recién llegados durante cuatro años. De un día para otro, nos enteramos de que ese programa se cerraba. Realmente no se puede dirigir un programa si no hay espacio ni personas a quienes servir.
Entonces tuvimos que adaptarnos. Todavía estamos brindando servicios a nuestra población migrante, ya sea recién llegada o que lleva aquí más de 10, 15, 30 años, pero ahora se ve diferente. Es más en el contexto de los migrantes dentro de nuestra población general.
La otra realidad es que las palabras que se nos permite usar ahora también están censuradas y filtradas. Si mencionamos ciertas palabras o poblaciones a las que decimos que estamos sirviendo, existe la posibilidad de que seamos marcados, y entonces podría suceder que dejemos de recibir fondos. En muchas agencias de salud pública, estamos teniendo que cambiar la forma en que hablamos sobre el trabajo que hacemos, por lo que eso ha impactado directamente la cantidad de alcance comunitario que podemos realizar.
SEAHEC ha existido por 40 años, así que nuestras colaboraciones están bien arraigadas. Nuestras comunidades están sufriendo en este momento, hay mucho miedo y desinformación. Trabajando juntos, hay consenso: una sola agencia no puede hacerlo, pero juntos, en colaboración, sí podemos. Todos estamos en esto juntos porque todos estamos sirviendo a la misma población y tratando de que nuestras comunidades estén más saludables.
P. ¿Puede hablarnos sobre el impacto de este momento en la salud mental de su equipo?
R. Definitivamente ha afectado mucho a nuestro equipo. La realidad es que no sabemos qué fondos se recortarán próximamente. Existe la incertidumbre de: ¿qué pasa si me recortan la subvención? ¿Me quedaré sin trabajo? Y si estoy sin trabajo, ¿dónde buscaré trabajo si todas las demás agencias también sufren recortes presupuestarios y no contratan o tienen congeladas las contrataciones?
Además, existe un trauma indirecto por parte de miembros de la comunidad que acuden a ellos con todas las experiencias reales que han tenido en las últimas semanas. Los trabajadores de salud comunitarios intentan conectarlos con recursos que simplemente no existen y tienen que decirles: “Sí, necesitas esto, pero no puedo conectarte con aquello”. Eso les pasa factura: se están quemando.
P. ¿Qué te hace sentir esperanzada mientras continúas con tu trabajo?
R. Tal vez hace unos meses, podíamos atender a 400 personas al mes, y ahora solo podemos atender a 100 personas al mes. Podría ser peor. Podría ser que no estuviéramos atendiendo a nadie porque tuvimos que cerrar. Entonces, ¿100 personas son mucho menos que 400? Sí, pero aún son 100 personas que están recibiendo recursos que de otra manera no estarían recibiendo.
Tengo la esperanza de que esto solo sea un bache, y que en los próximos meses, las cosas comiencen a ir hacia su nueva normalidad, y podamos seguir ampliando nuestros servicios y brindando más recursos a los miembros de la comunidad, y que esos recursos sigan existiendo de alguna manera.
Eso también es algo que nuestras comunidades nos enseñan, nos enseñan resiliencia, que son capaces de navegar por tanta incertidumbre, y aún así tienen una sonrisa en el rostro, todavía llevan a sus hijos al parque. Todavía se están divirtiendo y simplemente siendo humanos.
Traducción: Beatriz Limón


