A principios de los años setenta, un niño del pueblo de Guadalupe le preguntó a Socorro Hernández-Bernasconi: Señora Socorro, ¿por qué nos tienen en estas clases?
Socorro era consejera en el Distrito Escolar Primario de Tempe, donde trabajaba con niños yaquis, mexicanos y mexicoamericanos de Guadalupe, una pequeña población al sureste de Phoenix fundada por los indios Pascua Yaqui.
Ella vio que los hijos de muchos jornaleros e inmigrantes latinos eran segregados de sus compañeros blancos. Los niños hablaban español, y eran asignados a clases de educación especial para estudiantes con discapacidad intelectual, basándose en pruebas de inteligencia administradas en inglés.
Socorro le respondió a ese niño: Ustedes son inteligentes. “Pueden leer en español y están aprendiendo a leer en inglés. Van a ser bilingües”.
Ahora, a los 83 años, ese recuerdo — de niños que fueron defraudados por sus propias escuelas— todavía pesa mucho en Socorro.
“Era lo que pensaban ellos cuando los metían en esas clases”, dijo con voz baja, pensando en sus jóvenes estudiantes que se sentían indignos.
Aquel episodio marcó el momento de quiebre en el que Socorro inició una larga lucha por la educación bilingüe, contra la discriminación y segregación racial, e integrar a los estudiantes hispanohablantes de Guadalupe con sus compañeros de clase angloparlantes.
Los cambios a nivel estatal que surgieron como resultado de la campaña de Socorro por los derechos civiles, le valieron un lugar entre los líderes locales incluidos este año en el Salón de la Fama de Mujeres de Arizona.
La lucha contra la segregación escolar
En la década de los setenta, Socorro y su esposo, Santino Bernasconi, ayudaron a organizar una una demanda civil contra el Distrito Escolar Primario de Tempe para erradicar la discriminación racial y étnica en los programas de educación especial.
El estado finalmente acordó en 1972 que las pruebas para evaluar adecuadamente la inteligencia y las habilidades verbales de un niño deben administrarse en el idioma nativo de los estudiantes, lo que impulsó cambios en la equidad educativa a nivel local, estatal y nacional.
“En relación con este litigio, todos los niños de Guadalupe nombrados como demandantes en la demanda, excepto uno, fueron retirados del programa de educación especial en la Escuela Frank y reincorporados a las clases regulares”, según la demanda.

Credit: Beatriz Limón
La Oficina de Derechos Civiles del Departamento de Salud, Educación y Bienestar de Estados Unidos también concluyó que el Distrito Escolar Primario de Tempe, al que pertenece Frank Elementary School de Guadalupe, incumplía con el Título VI de la Ley de Derechos Civiles de 1964. La ley prohíbe la discriminación por raza o origen nacional en programas financiados con fondos federales. En 1973, el gobierno federal ordenó a los administradores del distrito escolar que desegregaran Frank Elementary School.
Pero algunos padres de familias mexicoamericanas y yaquis de Guadalupe “temían que sus hijos ya no tuvieran maestros ni un ambiente escolar que fomentará la conservación de su lengua nativa y su cultura”, según un informe de la Comisión de Derechos Civiles de Estados Unidos de 1977. Argumentaron que no estaban incluidos en los planes de desegregación.
Integrantes del Salón de la Fama 2025
Lea aquí sobre todas las líderes incluidas en el Salón de la Fama de las Mujeres de Arizona. Fundada en 1980, la organización es la más antigua del estado dedicada a reconocer los logros de las mujeres.
Rosa Bruce, líder de vivienda.
Lillian Piñon Carrillo, líder de justicia social
Dora Kline Perry, reformadora artistica
Angela Ruíz Tewksbury, defensora de la educación pública
Gabby Giffords, ex legisladora de Arizona y congresista federal, sobrevivienter a un intento de asesinato.
Josephine H. Pete, mediadora en pro de la educación
Ofelia Zepeda, miembro de la Nación Tohono O’odham, lingüista, poeta y educadora
Myra Dinnerstein, impulsora del rol de la mujer en la educación
Socorro Hernández-Bernasconi, reformadora de la educación en Guadalupe y activista
En respuesta, se unieron con Socorro, su esposo Santino y otros miembros de la comunidad para fundar una escuela alternativa trilingüe y tricultural enfocada en preservar su idioma y herencia en Guadalupe. Ahí se enseñaba inglés, español y yaqui. La llamaron “Escuela I’tom”, que en lenguas yaqui y español significa “Nuestra Escuela”.
Décadas después, la visión de Socorro por la justicia educativa sigue viva en escuelas de Tempe como la Aguilar Elementary School, donde también asisten niños de Guadalupe y que ofrece educación bilingüe en español e inglés.
Socorro no sólo enfocó sus fuerzas en la procuración de una educación más inclusiva y la preservación de las lenguas yaqui y el español en Guadalupe. Santino, su compañero de vida y en el activismo, recordó cómo su esposa se organizó con la Guadalupe Organization para que la comunidad se convirtiera en un pueblo oficialmente incorporado en 1975.
“Hubo una elección, y la mayoría de la gente de Guadalupe votó a favor de fundar una ciudad, porque Tempe quería quedarse con Guadalupe”, contó Santino.
Este año, en reconocimiento a sus contribuciones, el pueblo de Guadalupe declaró el 24 de abril como el Día de Socorro Hernández-Bernasconi.
“El trabajo y los esfuerzos de la señora Hernández-Bernasconi se consideran innovadores hoy en día y siguen siendo legendarios porque luchó por las familias y los niños de su comunidad de Guadalupe,” afirma la proclamación.
Una calle del pequeño poblado de 5,300 habitantes, también lleva su nombre: “E. Circulo S Hernandez B”. Entre risas, Santino dijo que solo alcanzaron a poner la “B” de Bernasconi, el apellido italiano de su familia.
Una monja y un seminarista
En una cálida tarde de abril, sentados en el comedor de su casa color durazno en Guadalupe, los Bernasconi narraron el origen de su vida juntos. Santino contó que nació en “San Pancho”, como él llama coloquialmente a San Francisco, California. Socorro dijo que ella nació en Tempe y se crió en Guadalupe.
Se conocieron en la iglesia de Guadalupe. Él era un seminarista que estudiaba para convertirse en sacerdote en San Francisco y ella había sido monja de las Hermanas Misioneras de la Preciosa Sangre.

“Socorro había salido como monja dos meses antes, fue monja por diez años”, dijo Santino.
“¿Una monja y un seminarista?”, se le preguntó. “¡Ya ve!”, respondió entre carcajadas.
Se enamoraron, y se casaron en 1970. Tuvieron ocho hijos: “Sergio, Santino, Brígido, Armando, Herminia, Ramón, Rosa María y Mario; uno falleció en el camino”, enumeró Santino con una rapidez precisa. Hoy tienen 18 nietos y 3 bisnietos.
Mientras conversaba, Socorro sostenía entre sus manos una pistola dorada convertida en candelabro. Un símbolo de su labor comunitaria para alejar a los jóvenes de las armas en Guadalupe.
En la década de 1990, fundó Guadalupe Libre de Alcohol, Armas y Drogas, un grupo comunitario que motivaba a jóvenes a entregar sus armas a cambio de computadoras, bicicletas y otros recursos. Fue en tributo a su hijo adolescente, quien falleció en un accidente con un arma de fuego.
“Hay que luchar”
Han pasado más de 50 décadas desde sus días en la escuela de Guadalupe. Socorro se encuentra rodeada de recuerdos en forma de fotografías familiares e imágenes de César Chávez, así como de estampas religiosas colgadas en las paredes de ladrillo de su casa en Guadalupe. Vestida con una blusa bordada con flores rosadas, su larga trenza cae sobre su espalda.

Desde consejera escolar hasta dirigir uno de los refugios bilingües y biculturales para sobrevivientes de violencia doméstica más antiguos del estado y formar parte del ayuntamiento de Guadalupe, Socorro afirma que su camino nunca fue solitario. Su esposo, sus colegas, su familia y la comunidad la apoyaron.
“No lo hubiera podido hacer sola”, dijo.
Ahora, Socorro ha sido inmortalizada como una de las mujeres más valiosas de Arizona. En una ceremonia de primavera, nueve líderes estatales, incluida la activista criada en Guadalupe, fueron inducidas al Salón de la Fama de las Mujeres de Arizona.
Hace años, logró su licenciatura en la Universidad de Dayton y la maestría en la Universidad Tecnológica de Texas. Socorro fue una de las primeras personas en Guadalupe en obtener un título universitario y la primera consejera escolar mexicoamericana en el Distrito Escolar Primario de Tempe, donde su interacción con los niños la llevó a darse cuenta de las enormes desigualdades que existían en la escuela de Guadalupe.
Todo se reduce a la educación, dijo.
“Yo me di cuenta que eran bien listos estos niños, nadie los hacía creer que eran menos”, dijo.
Socorro ve inquietantes paralelos entre la educación actual y el pasado. “Se está repitiendo la historia”, dijo. “Por eso hay que luchar”.
Piensa que hacen falta más padres y madres de familia y activistas que den la pelea por la equidad en la educación.
“Hay, pero son pocas”, dijo.


