Para poder dormir en las noches más calurosas de su infancia en el centro de Tucson, Fabiola Bedoya solía mojar la funda de su almohada con agua.
La almohada fresca le ayudaba a conciliar el sueño, pero se despertaba en la madrugada sudando y con calor. En su hogar, siendo hija de madre soltera, no podían darse el lujo de prender el aire acondicionado en todo momento.
Ya de adulta, Bedoya se preguntaba: “¿Por qué la accesibilidad es tan desigual para las familias latinas? Me cuestionaba sobre mis alergias, el calor y la conexiónes entre ambos”.
Al reflexionar sobre la relación entre su crianza, las preocupaciones ambientales, las familias de bajos ingresos y el cambio climático en el desierto, Bedoya buscó recursos para educarse.
Ahora, es madre soltera de un niño de primer grado que asiste a una escuela pública local. Bedoya busca ser un ejemplo para Lorenzo, de 6 años. Su misión: educar a padres, cuidadores y a la comunidad en general como parte de Mom’s Clean Air Force, una organización sin fines de lucro que reúne a más de 1.6 millones de madres, padres y cuidadores en la lucha contra la contaminación del aire y el cambio climático.
La tucsonense de 35 años, quien estudió en las escuelas públicas de Amphitheater, testificó esta semana en una audiencia de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), mientras la agencia evalúa eliminar el Endangerment Finding —la base científica que respalda la regulación de la contaminación climática bajo la Ley de Aire Limpio.
La revocación del Endangerment Finding, establecido por primera vez en 2009, significaría que la EPA perdería su facultad legal para regular las emisiones de gases de efecto invernadero y retrasaría a Estados Unidos décadas en la lucha por un clima habitable y aire limpio.
Tucson recibió calificaciones reprobatorias en el número de días con alto nivel de ozono y en contaminación por partículas, de acuerdo con el informe State of the Air 2025 de la Asociación Americana del Pulmón, basado en datos de la EPA de 2021 a 2023.
La contaminación por partículas y ozono puede dañar la salud humana, especialmente a quienes tienen enfermedades crónicas del corazón o de los pulmones, o a las personas que trabajan al aire libre, según la Asociación del Pulmón.
Esto no sorprende a Bedoya, quien padece alergias crónicas y señala que el aumento de las temperaturas en las zonas de calor de Tucson podría ser una de las causas.
“Como propietaria de vivienda por primera vez en un vecindario de bajos ingresos, veo cómo el efecto de isla de calor urbana empeora las cosas. No hay suficientes árboles ni espacios verdes que brinden alivio”, dijo durante su testimonio. “Y para muchas familias que viven en casas móviles con solo ventiladores o enfriadores evaporativos, el calor es mortal.
“El calor extremo es un asesino silencioso. Causa graves problemas de salud y pone a las comunidades ya vulnerables en un riesgo aún mayor”, afirmó.
En el área metropolitana de Tucson, el 55% de las escuelas públicas K-12 se encuentran en zonas urbanas de calor extremo, con un promedio de 8 grados más que las regiones circundantes debido al asfalto, los edificios y la falta de árboles, según datos de Climate Central. Eso significa que el 53% de los estudiantes de Tucson asisten a 122 escuelas públicas ubicadas en zonas urbanas de calor extremo.
A nivel estatal, el informe de la Asociación del Pulmón encontró que el 84% de los arizonenses vive en comunidades con niveles inseguros de al menos un contaminante. El promedio nacional es del 46%. Y la mala calidad del aire ya provocó el cierre de una escuela primaria del distrito de Kyrene, en Tempe, durante este ciclo escolar.
Estos estudiantes de primaria vulnerables inspiran a Bedoya a movilizar a su comunidad. Ella educa a través de Mom’s Clean Air Force y en todo el sur de Arizona, “logrando que la gente tome acción”, dijo.
“A veces es: ‘oye, ¿puedes firmar esta petición?’ O tal vez es hablar con tu vecino o compañero de trabajo y preguntarles si sus hijos tienen alergias graves o están enfermos”, dijo a Arizona Luminaria.
“Son pequeñas cosas con las que quizá no hagamos la conexión con el aire o el medioambiente”, agregó. “Puedes tomar pequeñas acciones para crear conciencia y presionar a quienes están en el liderazgo, quizá proporcionando recursos sobre reembolsos para electrodomésticos”.
Bedoya fue encontrando su voz poco a poco durante la pandemia. Trabajó a tiempo completo, obtuvo un título en arte de la Universidad de Arizona y tuvo a Lorenzo. Al contar su historia, observa cómo otros se abren, piden ayuda o se motivan para contactar a líderes comunitarios. Al testificar esta semana en la audiencia de la EPA, Bedoya sigue educando y siendo un ejemplo para que otros se animen a alzar la voz.
“Estoy hablando por mi hijo, por mis vecinos y por todos los que merecen un futuro seguro y habitable”, afirmó.
Traducción: Beatriz Limón

