En muchas familias indígenas, siempre hay alguien que tiene el honor de ser el mejor panadero o tortillera. No hay receta ni medidas, solo manos y memoria muscular. Para Katrina Yazzie, esa persona era su prima.

“Era muy buena haciendo tortillas”, dijo Katrina con una sonrisa en el rostro. “Hacía tortillas y las vendía, así ganaba su dinero”.

Molina Yazzie, conocida por sus seres queridos como Shaggy, era una bromista con “un corazón de oro”, contó Katrina a Arizona Luminaria. Ella dijo que le daría la camisa que lleva puesta a cualquiera que la necesitara.

Eso contrastó con la respuesta que, según su familia, recibieron cuando Molina desapareció en 2017 en la reserva de las Tribus Indígenas del Río Colorado, con sede en Parker. Fue hallada muerta unas semanas después, aunque su familia aún duda de lo que las autoridades determinaron que le ocurrió.

Han pasado años sin un informe policial, sin una verdadera explicación. Solo silencio y muchas preguntas —un patrón que, con frecuencia, los pueblos indígenas dicen enfrentar cuando un ser querido desaparece o es asesinado en territorio tribal.

El número exacto de personas indígenas desaparecidas o asesinadas en Arizona sigue siendo desconocido. Solo en 2017, al menos cinco mujeres indígenas fueron asesinadas, según una base de datos creada por Arizona Luminaria a principios de este año. La base de datos no representa un registro completo, pero hasta ahora refleja casi 100 casos de mujeres y niñas indígenas desaparecidas o asesinadas en Arizona.

El año anterior a la desaparición de Molina, otra integrante de las Tribus Indígenas del Río Colorado, Cynthia Williams, también desapareció y fue hallada brutalmente asesinada en la misma comunidad. Sus asesinos fueron finalmente condenados en 2018 a 25 años de prisión.

Arizona es hogar de 22 naciones tribales reconocidas federalmente y, según un estudio de 2018, ocupa el tercer lugar en el país con el mayor número de mujeres y niñas indígenas desaparecidas o asesinadas.

En 2020, un estudio legislativo determinó que 160 mujeres y niñas indígenas fueron asesinadas en Arizona entre 1976 y 2018, una cifra que aumentó de forma constante durante esos 40 años. Además, el Sistema Nacional de Personas Desaparecidas y No Identificadas mostró que, hasta este miércoles, poco más de 90 personas nativas americanas seguían reportadas como desaparecidas en el estado.

“Tendremos que hacerlo nosotras mismas”

Molina era técnicamente prima de Katrina, pero crecieron en la misma casa y fueron criadas por los padres de Katrina. “Era más como mi hermana mayor”, dijo Katrina.

Cuando Molina desapareció a mediados de agosto, Katrina cuenta que su familia trató de presentar un reporte ante el Departamento de Policía de las Tribus Indígenas del Río Colorado, pero la agencia se negó a aceptarlo. Para entonces, ya había pasado una semana desde que alguien había tenido noticias suyas.

“El policía dijo que tal vez ella no quería ser encontrada porque era adulta, pero eso no era propio de ella”, recordó. “Ella siempre se mantenía en contacto con todos —si no era conmigo… siempre era con alguien de la familia”. 

“Estaba realmente molesta porque las autoridades no querían ayudarnos”, dijo. “Así que tomé el asunto en mis propias manos y le dije a mi familia que si ellos (la policía) no iban a ayudarnos, entonces tendríamos que hacerlo nosotras mismas”.

Katrina cuenta que buscaron día y noche a Molina, preguntando a la gente de la comunidad si la habían visto. Una de los cuatro hijos de Molina estaba embarazada en ese momento, pero aun así se unió a la búsqueda.

“Ella andaba por ahí diciendo: ‘Mamá, si me escuchas, dime que estás aquí’”, recordó Katrina. “Eso me rompió el corazón.”

En un momento, la familia pudo ver imágenes de vigilancia de una gasolinera local que probablemente captaron uno de los últimos momentos de Molina con vida, a finales de agosto.

“Compró dos hot dogs, dos bolsas de papas y dos Pepsis, y ella no tomaba Pepsi”, dijo Katrina, agregando que Molina seguía mirando por la ventana y parecía estar demorando su salida. “Pensé que eso era raro.”

Días después, el 8 de septiembre, un agricultor que trabajaba en un campo en la reserva, al sur de Parker, encontró un cuerpo y lo reportó a la policía tribal. Era Molina.

Conclusiones oficiales

Hasta el día de hoy, su familia no ha recibido el informe policial asociado con el hallazgo, a pesar de haberlo solicitado al menos una vez por año, según Katrina. Cuentan con una copia del informe de autopsia del 11 de septiembre emitido por la Oficina del Médico Forense del Condado de Pima, que determinó su muerte como un accidente causado por una sobredosis de drogas. En 2017, esa oficina realizaba autopsias para el condado de La Paz cuando era necesario, aunque no asumió oficialmente el cargo de médico forense de dicho condado sino hasta algunos años después.

El informe de autopsia también señala que los ojos de Molina, “los dedos de la mano izquierda” y la mayoría de sus órganos internos estaban ausentes, sin ofrecer posibles razones sobre por qué.
El jefe del médico forense del condado de Pima, Gregory Hess, dijo a Arizona Luminaria por correo electrónico que “ausentes” significaba que faltaban debido a “la descomposición y la actividad de animales”.

Pero Katrina afirma que, en algún momento, su familia fue informada de que los ojos de Molina habían sido cortados intencionalmente. Inicialmente atribuyó esa información a la oficina del médico forense, aunque luego dijo que no recordaba quién lo había dicho ni cuándo exactamente.

Hess explicó que se usaron radiografías para buscar heridas infligidas en el cuerpo de Molina y que no se encontró ninguna. También indicó que las áreas expuestas, como los dedos y los ojos, son “consumidas por el entorno mucho más rápido” que otras partes del cuerpo cuando permanecen al aire libre.

“Estaríamos encantados de hablar con la familia si así lo desean”, escribió Hess. “No veo ninguna nota que indique que alguien se haya puesto en contacto con nosotros con respecto a esta muerte”.

“No hay indicios de que los ojos y los dedos de Molina hayan sido removidos intencionalmente, por lo que considero muy improbable que alguien de esta oficina haya afirmado tal cosa sin evidencia alguna”, añadió más tarde.

La patóloga forense independiente Rebecca Hsu, quien revisó el informe de autopsia de Molina, dijo que el estado del cuerpo habría hecho casi imposible detectar lesiones sutiles como la estrangulación.

“No estoy diciendo que sea o no un homicidio”, explicó. “Pero se clasificó como accidental porque no hay razón para pensar lo contrario solo al observar el cuerpo; hay que recordar que eso es todo lo que tenían”.

Aunque Hsu calificó el informe como “muy limitado”, también concluyó que las partes faltantes del cuerpo de Molina probablemente se debieron a la actividad de animales, algo que, dijo, es común cuando los cuerpos son hallados al aire libre. Agregó que las radiografías y fotografías del caso —si se tomaron— podrían aún ayudar a explicar qué causó la pérdida de extremidades, aunque señaló que ese tipo de materiales gráficos rara vez se comparten con las familias.

Hsu sostuvo que el informe debió explicar con mayor detalle los hallazgos de la oficina, y advirtió que la falta de claridad o el lenguaje ambiguo puede confundir a las familias y aumentar su angustia. Si bien las normas nacionales recomiendan que los informes de autopsia incluyan detalles interpretativos y contexto de la escena, Hsu señaló que esas directrices son amplias y no exigibles, y que en última instancia queda a discreción de cada médico forense.

Defensa de la comunidad

Casi una década después, Katrina dice que su familia sigue creyendo que Molina fue asesinada y que la policía tribal y los investigadores de la Oficina de Asuntos Indígenas cerraron su caso demasiado rápido. Ninguna de las dos agencias ha respondido a las consultas de Arizona Luminaria sobre el caso.

Katrina también expresó escepticismo respecto a los hallazgos de la autopsia del condado de Pima y las respuestas posteriores enviadas a Arizona Luminaria, cuestionando cómo podían saber con certeza que las extremidades faltantes de Molina podían atribuirse a animales.

“Me mantengo firme en lo que creo”, dijo.

Contó que el lugar donde fue encontrada Molina despertó aún más sospechas porque no es un sitio frecuentado —es oscuro, apartado— y no se le ocurre ninguna razón por la cual Molina habría estado allí. También ha habido rumores en la comunidad sobre lo que le ocurrió, pero nadie ha dado declaraciones oficiales.

“Siento que la gente con la que ella se juntaba en ese tiempo, todos saben. Pero nadie va a decir nada”, afirmó Katrina.

Katrina ya conocía el movimiento de Murdered and Missing Indigenous People (Personas Indígenas Desaparecidas y Asesinadas) mucho antes de que Molina desapareciera. Su amigo Raymond Meza, hermano de Cynthia Williams, había estado abogando por la causa en su comunidad y compartiendo la historia de Cynthia —esfuerzos que Katrina apoyaba discretamente al principio.

“No sabía realmente de qué se trataba hasta un año después, cuando ella (Molina) falleció”, dijo Katrina. “Ahí fue cuando entendí de qué se trataba todo”.

Ahora ayuda a Raymond a organizar eventos comunitarios y comparte más ampliamente la historia de su familia. El trabajo también la ha hecho más consciente de cómo las drogas y el alcohol parecen estar impulsando el problema en su comunidad, y de cómo las fuerzas del orden con frecuencia parecen indiferentes.

El trauma de perder a Molina se ha filtrado en la vida cotidiana de Katrina. Toma fotografías de sus hijos cada vez que salen con alguien, por si más tarde necesita describirlos. “Sé que suena un poco triste”, dijo. “Pero no quiero que terminemos como nosotros, sin saber qué ropa llevaba puesta, dónde estaba o con quién”.

Hablar de Molina no es fácil, pero Katrina dice que le ayuda. Es su manera de darle sentido a lo ocurrido y de seguir adelante.

“Tengo que hacerlo”, dijo. “Quiero ser la voz de ellas, porque ellas ya no están aquí”.

Traducción: Beatriz Limón

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Chelsea Curtis (Diné) is a reporter at Arizona Luminaria uncovering data and stories about Missing and Murdered Indigenous People in Arizona. Her work to launch a first-of-its-kind MMIP database was supported...