La “enfermedad del muro”, o “Mauerkrankheit”, es un término alemán que describe un malestar psicológico que afectó a personas que vivían cerca del Muro de Berlín. Ese muro cayó hace más de tres décadas, pero la idea de la “enfermedad del muro” se ha utilizado desde entonces para describir el impacto mental de vivir cerca de otros muros fronterizos internacionalizados y militarizados, incluido el que atraviesa el desierto de Sonora.
“Mauerkrankheit” es lo que, según Russ McSpadden —defensor de la conservación del suroeste en el Center for Biological Diversity— comenzó a afectarlo alrededor de 2019. En ese momento, documentaba la destrucción ambiental que ocurría mientras la primera administración de Trump levantaba rápidamente kilómetros de muro a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México.
Durante la primera administración de Trump, y ahora nuevamente, McSpadden dice que solía “ir y quedarse mirando el muro por mucho tiempo. Iba a ver cómo volaban montañas con explosivos, cómo las arrastraban para hacer espacio y construir el muro”.
La experiencia lo sacudió profundamente.
Notas de campo y frases anotadas durante sus observaciones, en viajes para revisar cámaras que monitorean la vida silvestre o en caminatas con su hijo cerca de la frontera, comenzaron a tomar forma poética. Una beca y el apoyo de Johanna Skibsrud, profesora de inglés en la Universidad de Arizona, lo conectaron con otro autor y poeta local, además de editor, Logan Phillips. Phillips y Skibsrud alentaron a McSpadden a seguir escribiendo y, con el tiempo, a convertir esos poemas en su primer libro, Borderlings, publicado el año pasado por Artspeak Press.
A pesar de la oscuridad que atraviesa muchos de los poemas, Borderlings no es completamente sombrío. McSpadden también celebra la vida y encuentra esperanza mientras registra “la alegre congregación en el remolino del alto desierto”.
Esta conversación ha sido editada para mayor claridad y extensión.

P. ¿Puede describir los orígenes de este libro?
R. Los orígenes del libro son, en gran medida, notas de campo que tomé durante cinco o seis años, comenzando alrededor de 2017. Iba al terreno de algunos de estos lugares donde pensábamos que la administración de Trump podría empezar a construir un muro fronterizo. Mi trabajo se centraba principalmente en proteger especies amenazadas y en peligro de extinción en la región fronteriza entre Arizona y Sonora.
Gran parte de eso era trabajo con medios: tomar fotografías y documentar la destrucción. A veces, varias veces por semana, estaba en el Monumento Nacional Organ Pipe Cactus para documentar la construcción del muro, la voladura de sitios culturales o las perforaciones. También estuve en lugares como el Refugio Nacional de Vida Silvestre San Bernardino, a lo largo de la Devil’s Highway, en Cabeza Prieta, acampando y siguiendo la construcción. Parte de eso era para posibles impugnaciones legales; parte simplemente para difundir la historia.
Años después, alrededor de 2022, Logan (Phillips) comenzó ocasionalmente a acompañarme a revisar cámaras de vida silvestre. También estuvimos juntos en el campamento que bloqueaba el muro de (el exgobernador de Arizona Doug) Ducey en el Valle de San Rafael. Y en muchos de esos largos viajes en camioneta, Logan y yo hablábamos de poesía.
P. ¿Fue terapéutico para usted escribir el libro?
R. Un poco terapéutico, sí. Quería preguntarme: ¿Cómo sigues amando? ¿Cómo sigues teniendo esperanza? ¿Cómo sigues viviendo cuando el futuro parece destinado a un mayor control gubernamental?
P. ¿Qué quiere decir con mayor control gubernamental?
R. El muro fronterizo, para mí, presagia un futuro más violento y brutal. Parece un muro carcelario a escala de paisaje. El muro puede parecer una conclusión inevitable en este momento, pero cuidarnos unos a otros frente a eso es un acto de resistencia.
P. Este libro también es muy personal. Usted escribe sobre su madre, su hijo, sobre distintos cuerpos.
R. En el libro hay cuerpos humanos, cuerpos animales y los cuerpos del paisaje. Está mi propio cuerpo. El cuerpo de mi hijo. Me pregunto: ¿cómo se es padre en un lugar que es hermoso y violento y feo al mismo tiempo? ¿Cómo cuidas a tu comunidad? ¿Cómo cuidas los ecosistemas que te rodean? Estoy planteando esas preguntas. No creo que mi libro tenga respuestas para ellas.
P. Usted escribe líneas sobre la belleza que encuentra, pero también retrata el paisaje como un cuchillo o describe “satélites paranoicos” volando sobre su cabeza. ¿Cómo fue intentar poner sentimientos tan opuestos en un mismo poema, o al menos en un mismo libro de poemas?
R. Especialmente en la región fronteriza, hay tantas cosas hermosas sobre este lugar: las comunidades humanas aquí son absolutamente vibrantes y poderosas, y los paisajes son tan biodiversos y hermosos y misteriosos que no tienen comparación. La vida silvestre es extraordinariamente asombrosa.
He estado en senderos, porque lo puedo ver en mi cámara, donde apenas días antes ha pasado un oso, un jaguar y un ocelote. Y también un búho moteado mexicano. Solo hay 1,500 búhos moteados mexicanos en todo el maldito planeta, y uno aterriza justo en esta rama, en este mismo lugar exacto, ¿verdad? En el libro digo que no hay magia en la región fronteriza, pero solo intento mantener los pies en la tierra. Porque se siente como si hubiera una magia increíble en estas comunidades humanas y silvestres, en estas tierras.
P. ¿Le atraen las fronteras?
R. Siento que pasaré mi vida tratando de hablar de lo hermosa que realmente es la frontera. Pero hay dos tipos distintos de fronteras: esta frontera hiperpolitizada y estancada que el Estado impone sobre el paisaje. Y luego están las fronteras reales de esta región, esta zona continental de transición biogeográfica.
Existe una interacción, un movimiento y una expresión de intercambio que ocurre a lo largo de estas fronteras, y es ahí donde suceden cosas realmente asombrosas en el mundo de la cultura, el arte y la gastronomía, pero también en el ámbito de la evolución. Las fronteras son el lugar de donde provienen la abundancia y la diversidad de la vida en muchísimos niveles.
Traducción: Beatriz Limón

