MEXICALI, México — Han pasado diez años, y el susurro de las abejas no se ha desvanecido. Sigue zumbando en la mente de los lectores, atrayéndolos hacia un relato mágico que irrumpe en la vida agraria y revolucionaria del noreste de México, como la miel espesa de una gran colmena. En su décima edición, “El murmullo de las abejas” continúa cautivando la imaginación en el mundo.

“Con esta edición de aniversario estamos festejando que sí se puede ser mexicano y mexicana y hablarle a los ojos al mundo y conquistar la imaginación del mundo”, dice Sofía Segovia, autora de la novela que ha superado el millón de lectores y es considerado uno de los fenómenos editoriales más visibles de la literatura mexicana. 

“Tienen 21 traducciones; todo esto merece ser festejado”, dice Segovia, durante su panel en abril en la Feria Internacional de Libro de la Universidad Autónoma de Baja California en Mexicali. 

El traductor literario Simon Bruni convirtió la historia del español al inglés

A casi 116 años de la Revolución Mexicana, Segovia sugiere que la historia de México sigue contándose a medias, moldeada por prejuicios y suavizada por un romanticismo que distorsiona la realidad. 

“Es necesario contar un México completo y por qué no, por medio de un murmullo de abejas. Porque si una historia no está completa en todas las perspectivas, no le sirve a nadie.”, dice la escritora regiomontana.

Sentada frente a una audiencia de más de cien asistentes, Segovia, con su estilo norteño, directo y sin rodeos, señala que, aunque la novela está ambientada a inicios del siglo XX, los cambios han sido menos profundos de lo que podría pensarse.

“Seguimos con los mismos problemas, con las mismas faltas de comprensión entre todas nuestras regiones”, dice la escritora, siempre acompañado sus palabras con una sonrisa suave.

En su décima edición, “El murmullo de las abejas” sigue conquistando la imaginación en el mundo. Credit: Beatriz Limón

El punto de partida de la novela es la inquietante aparición de un bebé con una deformidad facial, envuelto en un enjambre de abejas bajo un puente abandonado. Sin origen claro ni explicación posible, el niño Simonopio es uno de los pilares de la historia. 

“El murmullo sirve para reivindicar a un niño muy especial que tiene que hacerse entender por el mundo de los humanos, que las abejas quieren un cambio para esta tierra”. 

Para Segovia, Simonopio terminó siendo el hallazgo más inesperado durante la escritura de su novela. No fue concebido como el protagonista, pero desde las primeras líneas se impuso: “Fue como sacarse la tómbola”, 

“Me conquistó la imaginación, el corazón”, dice Segovia, con el rostro iluminado por una calidez similar a la de una madre al recordar a su propio hijo. “Es una abeja en forma de niño”.

La historia se desarrolla en medio de las tensiones de la Revolución Mexicana, la pandemia de la gripe española y las crecientes luchas de clases en el contexto de la reforma agraria de las décadas de 1910 y 1920, un proceso que transformó no sólo la propiedad de la tierra, sino también las jerarquías sociales.

En este contexto, Simonopio, Beatriz y Francisco forman parte de una familia terrateniente en Linares, Nuevo León. Su estabilidad económica proviene de una herencia consolidada a lo largo de generaciones. Su vida, marcada por privilegios, contrasta con la de otros personajes que habitan los márgenes del mismo espacio social.

“Fue mi oportunidad para contarle a México sobre aquella esquina mía del noreste. Considere que era tiempo de completar el rompecabezas mexicano, ese rompecabezas que siempre ha estado incompleto, porque deciden no contar ciertas partes incomodas”.

Segovia sitúa esta historia en un contexto de transformación agraria que desestabiliza a las élites del norte, obligándose a confrontar la pérdida de propiedades y recursos ante el movimiento por la justicia social. 

“Decidí cuestionar, porque han contado la historia desde el centro, como una verdad absoluta que nos abarca a todos, y pienso que era necesario contar un México donde coexisten verdades, tal vez que chocan, pero no por contradecirse se roban veracidad una a la otra”.

Con un tono firme, la autora plantea una crítica directa a las narrativas oficiales del país, señalando las ausencias que han dejado fuera a amplios sectores de la población.

Sofía Segovia firmando libros durante la Feria Internacional del Libro de la Universidad Autónoma de Baja California. Credit: Beatriz Limón

“Le faltan otras verdades, y en esas verdades sabía que existía yo, porque vivo en un país que no me cuenta — por ser del noreste, por ser mujer, porque además nuestro país no cuenta a las mujeres, los niños, los viejos”.

Bajo la tenue calidez de un cielo fronterizo en abril, Segovia continuó conversando con los asistentes, muchos de los cuales esperaban para la firma de libros. Casi para concluir, Segovia formula una pregunta: “¿Para qué nos sirve una literatura que aborda un momento histórico?”.

Y ella misma responde: “Pues quizás para entender el presente con más claridad”.

“No sabía qué iba a encontrar al contar esta historia, pero lo encontré — y espero que ustedes, al leerla, también sientan esto. No se trata de maldecir a una parte de México; se trata de decir que todos somos la historia que nos ha sucedido. Vivimos en un país que es diverso hasta en sus orígenes históricos”.

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Beatriz Limón es una periodista independiente que fue corresponsal en Arizona y Nuevo México de la Agencia Internacional de Noticias EFE. Licenciada en Ciencias de la Comunicación, fotógrafa profesional...