Para obtener su maestría de la Universidad de Arizona a principios de la década de 1930, Elgie Batteau tuvo que cumplir con un requisito: nadar cuatro vueltas en una piscina.
Su título era en educación.
Batteau fue la primera mujer afroamericana en graduarse de la Universidad de Arizona con una maestría, pero no antes de aprobar una prueba de natación y aprender a desplazarse por una piscina, muchas de las cuales le estaban prohibidas debido a que era negra. Más tarde ayudó a integrar las piscinas de la Universidad de Arizona, enseñó en la escuela Dunbar, impulsó la creación del nombre de la escuela secundaria Carver High School en Phoenix y fue la primera persona afroamericana en formar parte de la Junta de Gobierno del Pima Community College.
Generaciones después, las barreras para aprender a nadar aún persisten para muchos afroamericanos, afirma Nikieia Johnson, directora del Museo Afroamericano del Sur de Arizona en el campus de la Universidad de Arizona.
Para ayudar a cerrar esa brecha, el museo se asoció con el Departamento de Actividades Acuáticas de Recreación del Campus de la Universidad de Arizona para ofrecer clases gratuitas de natación a niños en 2023. Este verano, esa colaboración —From Fear to Freedom: Dive into Opportunity — ofrece a los residentes de Tucson instrucción gratuita de natación impartida por instructores certificados y ahora también se extiende a adolescentes y adultos.
“Cuando lanzamos el programa de natación para nuestros jóvenes, queríamos asegurarnos de eliminar el costo como una barrera”, dijo Johnson. “Ahora que entramos en la temporada de calor, nos enorgullece seguir ofreciéndolo en colaboración con el programa acuático de la Universidad de Arizona porque nuestro objetivo es brindar a las personas habilidades de supervivencia”.
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Alrededor del 63% de los adultos negros y el 72% de los adultos hispanos reportan nunca haber tomado una clase de natación, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
El costo, el acceso y las normas culturales son algunas de las posibles barreras para tomar clases de natación y sentirse seguro en el agua, señaló Johnson.
En Arizona, donde el agua puede ofrecer un alivio frente a las altas temperaturas del verano, la tasa de ahogamientos es de 1.42 muertes por cada 100,000 personas, una cifra cercana al promedio nacional. Sin embargo, la tasa de ahogamientos entre niños de 1 a 4 años en el estado es más del doble del promedio nacional.
El condado de Pima registró dos muertes por ahogamiento en 2024 y, apenas la semana pasada, un graduado de la Universidad Estatal de Arizona (ASU) murió ahogado en el río Salt.
Johnson habló con Arizona Luminaria sobre por qué este programa, financiado en gran medida por donaciones privadas, es necesario, cómo ha crecido y la importancia del acceso. Esta entrevista fue editada por motivos de claridad y extensión:
P: ¿Quiénes son elegibles para este programa?
R: Está disponible para todos. Por supuesto, me encantaría que las familias afroamericanas aprovecharan esta oportunidad, pero somos inclusivos y no queremos que ningún niño corra el riesgo de ahogarse. Por eso queremos asegurarnos de compartir esta información con cualquier persona interesada en aprender a nadar. Personalmente, animo mucho a los jóvenes y a las familias afroamericanas a inscribirse y participar.
… No solo cubrimos las clases de natación, sino que también proporcionamos el traje de baño, los goggles, las toallas, las sandalias, el protector solar e incluso las gorras de natación, de modo que se han eliminado por completo todas las barreras relacionadas con el acceso a la natación.

Crédito: Museo Afroamericano del Sur de Arizona.
Credit: African American Museum of Southern Arizona
P: ¿Por qué ampliar el programa?
R: Recibimos llamadas de personas de 60 y 70 años que nos decían: “Avísenme cuándo puedo inscribirme y tomar algunas clases de natación también”. Había una gran demanda expresada por nuestra comunidad. La gente decía: “Tengo nietos y necesito entretenerlos”. Y sí, es verano y quieren estar afuera, no solo sentados al borde de la piscina, sino participar, involucrarse y divertirse también. Así que incluir a los adultos fue algo natural. Además, estamos muy agradecidos con la donante Betsy Bruce por ayudar a financiar esa expansión.
P: ¿Usted sabe nadar?
R: Personalmente, ni siquiera sé nadar. ¡Yo también voy a tomar algunas clases! Mi mamá no siempre tenía un vehículo y no teníamos una piscina en nuestro vecindario cuando yo crecí. He tenido dos experiencias en mi vida en las que estuve cerca de ahogarme en una piscina. Por eso soy muy insistente con este tema. Afortunadamente, soy muy alta.
Mi hijo (Myles) tomó la clase para bebés y fue introducido a la natación a través del programa. Me encantan las piscinas. Me encanta el agua. Simplemente conozco mis límites. Me mantengo en mi zona segura, a unos 4 pies de profundidad, no más de 5. Yo mido casi 6 pies, así que si me resbalo o me caigo, puedo ponerme de pie y estar bien.
Pero es algo que siempre he querido aprender a hacer. Incluso en casa tenemos una pequeña piscina en el patio trasero, y nos han dado consejos y recomendaciones sobre cosas que puedes hacer en casa para ayudar a que tu hijo se sienta cómodo en el agua. Eso fue muy útil para mí, por ejemplo, ponerles un poco de agua en la cara para que entiendan cómo se siente tener agua en el rostro.
Traducción: Beatriz Limón

