Mayra Esquivel había preparado una cena especial para celebrar su graduación en arte culinario del Colegio Pima: pollo relleno, puré de papa con salsa de ajo y verduras en reducción de vino. Su padre, Salvador, había viajado desde Monterrey, en México, hasta Tucson para acompañarla. Los platillos, elaborados y sofisticados, ya estaban sobre la mesa cuando él hizo una pregunta que cambió la historia familiar: “¿Y las tortillas?”.
Años después, Mayra nombró su negocio como “Y las Tortillas” en honor a ese momento. Pero detrás del nombre hay una historia más profunda, la de una hija que buscó alimentar mejor a sus padres. Su papá enfrentaba problemas renales en aquel momento y su mamá, María, había sido diagnosticada con Alzheimer. De ese amor de hija nació un emprendimiento dedicado a crear tortillas nutritivas, pensadas para cuidar la salud sin renunciar al sabor.
Las combinaciones de “Y las Tortillas” parecen más propias de un laboratorio culinario que de una tortillería tradicional. Hay tortillas de tomate, chipotle y almendras. “Son antioxidantes”, explica Mayra. Otras mezclan diente de león, chile poblano y nuez de la India. También están las de semillas de calabaza y girasol con calabaza de pulpa anaranjada. Mayra dice que “todas estas combinaciones benefician al cerebro”.
Hay de semilla de fenogreco (fenugreek), que, según Mayra, “baja los niveles de azúcar”. Los sabores varían entre espinaca, cúrcuma, “para los que les gustan los sabores fuertes”, camote y jamaica. Esta última combinación suele provocar reacciones contrastantes, o se convierte en la favorita de los paladares de los clientes o simplemente no les gusta.
Y si el cliente vive con diabetes, Mayra tiene una recomendación inmediata: tortillas de nopal con chía.

Credit: Summer Williams
Cada receta nació de la misma pregunta que la ha acompañado durante años: cómo convertir un alimento cotidiano en una forma de cuidado.
“Cuando a mi mamá le diagnosticaron Alzheimer, me propuse incorporar la mayor cantidad posible de nutrientes para potencializar el cerebro. Al mismo tiempo, mi papá, que tenía una enfermedad renal crónica, cocinaba comidas sencillas pero insípidas, y su dieta carecía de variedad”, dice Mayra a Arizona Luminaria.
Detrás de cada tortilla hay años de investigación, asegura Mayra. Para desarrollar sus recetas recurrió a literatura científica, bases de datos y especialistas en alimentos. “Incluso contacté una universidad en Indiana que se enfoca en carbohidratos y en el estudio detallado de los alimentos”, dice. Se refiere a The Whistler Center for Carbohydrate Research, de la Universidad de Purdue, donde Mayra obtuvo información útil para sus recetas.
Los inicios de un sueño
Mayra había iniciado años atrás el proceso para perfeccionar sus productos, con decenas de pruebas para llegar a las recetas actuales. No fue sencillo: “Las tortillas se quebraban, no todos los ingredientes te dan las mismas texturas”, dice Mayra.
Durante sus jornadas de trabajo en el servicio de lavado de ropa en seco empezó a compartir sus pruebas con clientes y a recoger comentarios a través de pequeñas encuestas que les entregaba junto con las tortillas.
Fue en la pandemia cuando ese intercambio de tortillas a cambio de retroalimentación se volvió más constante. “Durante la pandemia, fácilmente participaron 300 personas, clientes míos y clientes que les avisaban a otras personas”, dice.
En esa época, sus principales clientes eran doctores y enfermeras. “Platicando con ellos, les conté lo de las tortillas, porque mi mamá necesitaba comer nueces por el Alzheimer, y la idea de poner las nueces en la tortilla nació ahí”, dice.

Credit: Summer Williams
Las pruebas se multiplicaron en su cocina. Probó con distintas harinas, pero a veces la masa no se estiraba o las tortillas se ponían duras. Un familiar en Monterrey, ingeniero agrónomo con formación en ingeniería de alimentos, terminó por guiar parte del proceso.
“Fue mi apoyo por el lado técnico, de la estructura y la molécula. Me proporcionó bases de datos para entender la viscosidad, la densidad de los productos. Si tu ingrediente tiene más proteína, necesitas más viscosidad”, dice.
A partir de ahí, empezó a experimentar con distintas harinas y vegetales: trigo, amaranto y otras combinaciones, mientras investigaba más sobre qué ingredientes aportan más nutrientes.
Formalizar la tortillería
En su afán por prepararse para su faceta como empresaria, Mayra ha participado en programas locales de emprendimiento como Food Forward, de Startup Tucson; Sabor de Casa, del Women Business Center; el Programa de Certificación de Negocios del McGuire Center for Entrepreneurship de la Universidad de Arizona; y Sazón Empresarial, de la Ciudad de Tucson. Actualmente forma parte de Mexicana Emprende, un programa impulsado por el Consulado de México en Tucson.
En 2025, Mayra ya sabía que quería lanzar su negocio, pero la incertidumbre económica la frenaba. Se preguntaba si debía dejar su trabajo en una tintorería. Así que buscó apoyo en Fuerza Local, otra organización que apoya a emprendedores y que la ayudó a trazar los pasos para dar forma a una tortillería sostenible.
“Cuando me decidí a abrir el negocio iba a invertir los ahorros y me topé con que construir una cocina comercial es demasiado caro. Se me iba mucho más de mi presupuesto. Busqué opciones de renta”, recuerda. “Igual tengo que tener ingresos para vivir, no puedo dejar mi trabajo para dedicarme de lleno”, al negocio.

Credit: Summer Williams
Originaria de Monterrey y quien ha vivido en Tucson desde 2009, Mayra formó parte de la generación 7 del programa Acelerador de Negocios de Fuerza Local. Se graduó en enero de 2026.
“Fuerza Local es el hijo de Local First Arizona, y apoya a todos los negocios. De ahí surgió esta ramita para apoyar a negociantes latinos”, dice Ana Chavarin, gerente de desarrollo de negocios de Fuerza Local.
La organización tiene una red de más de 200 miembros en el condado de Pima, de la cual alrededor del 20% de los participantes son latinos. A través de Fuerza Local, los emprendedores que deciden recibir orientación en español sobre cómo iniciar o formalizar sus negocios acuden al Acelerador de Negocios.
“Damos más servicios y consultoría uno a uno, clases, talleres de sostenibilidad. Tenemos cursos para ahorrar energía y agua, si quieren aplicar para subvenciones del gobierno, que son los Greengrants, para mejoras a los recursos en sus negocios”, dice Chavarin.

Credit: Fuerza Local
El programa responde a una necesidad recurrente entre pequeños empresarios: aprender cómo registrar una LLC (Limited Liability Company, una estructura de negocios muy utilizada entre emprendedores en Estados Unidos) y cuáles son los primeros pasos para abrir un negocio. Además del programa en español, Local First cuenta con otras iniciativas, como We Rise, dirigida a emprendedores afroamericanos. También se ha puesto en marcha un programa rural enfocado en comunidades nativas americanas, incluidas tribus y reservaciones.
“Tenemos estos tres programas aceleradores de negocios para ayudar a estas minorías a salir adelante”, dice Chavarin.
Ella recuerda que la historia de Mayra los conmovió al ver cómo ideó un negocio para apoyar la salud de sus padres. “Hizo mucha investigación buscando fórmulas para hacer tortillas nutritivas, para que sus padres consumieran los omegas necesarios en una tortilla”.
Una de las principales necesidades de los emprendedores como Mayra, dice Chavarin, es el acompañamiento administrativo. “Tenemos que ayudarles mucho en lo administrativo: cómo registrarse formalmente. Dependiendo de tu negocio, hay variaciones legales cuando te registras, dependiendo de a dónde quieres llegar con tu negocio. Les enseñamos cada una de las diferentes estructuras”, explica.
Lista para arrancar
Mayra, de 52 años, conserva su empleo en la tintorería, pero ya se prepara para lanzar su negocio desde una cocina que está adaptando en la cochera de su casa y que espera esté lista en dos meses.
“Aún no está al 100% el negocio, pero ya tengo la licencia del Cottage Food Program (Programa de Alimentos Caseros), que te permite hacerlo en casa y venderlo comercialmente”, explica.
Planea comenzar la venta de sus productos en mercados de agricultores y otros eventos. “Por eso me uní a Fuerza Local y a las organizaciones que trabajan con la comunidad latina”, dice.

Mayra prevé vender las tortillas por docena, a un precio entre 8 y 10 dólares en distintos tamaños.
“Para taquitos, para enchiladas. Algunas (tortillas) tienen muy presente el sabor a elote, a pesar de que tienen muy poca harina de maíz, y hay quienes me dicen: ‘esta me gusta para wrap’ o para burrito”, dice.
Mayra asegura que, una vez que termine su cocina, comenzará a promocionar sus productos en Facebook e Instagram, y que en el futuro busca ampliar su oferta incluyendo totopos y tostadas e incluso llevar sus productos a hospitales.
Aunque los planes y la confianza crecen, Mayra avanza con cautela: “Mis asesores me dicen que vaya despacio, que empiece con poco”.
Así es que Mayra planea ir un paso a la vez.
También entiende que cuando se trata de tortillas puestas en la mesa, uno no puede hacer muchos planes. Los mexicanos, por ejemplo, las comen con todo y a cualquier hora, como sucedió aquella noche cuando preparó una cena elaborada de inspiración italiana y francesa para su padre, quien ya falleció.
Mayra aún suelta una carcajada al recordar que antes del primer bocado, él preguntó: “¿Y las tortillas?”.
“Todos terminamos comiendo una fusión de comida italiana y francesa en tacos”, dice, riendo sin parar.
“Al estilo mexicano… ¡échale!”.

