Cuando Carmen De Backer era apenas una niña, se sentaba en el sofá a mirar las fotografías de la vida silvestre en las gastadas páginas de las revistas National Geographic que su mamá compraba en una tienda de segunda mano. Como aún no sabía leer los artículos, les pedía a sus hermanas mayores que le contaran sobre los animales que aparecían en las imágenes.
Ahí fue donde nació su amor y curiosidad por la naturaleza.
Durante toda la primaria volvía una y otra vez a esas revistas, leyendo los artículos y observando las fotografías repetidamente. Cuando tenía alrededor de 7 años, recuerda haber visto un video sobre cómo los osos polares y su hábitat estaban siendo afectados por el calentamiento del planeta, mostrando cómo sus patas quedaban atrapadas en bloques de hielo y eso les provocaba lesiones.
“Recuerdo que se me rompió el corazón”, dijo De Backer mientras bajaba las manos para enfatizar la intensidad de esa emoción. “Pensé: ‘¿Por qué la gente está permitiendo que esto pase?’”.

Ahora, con 16 años, es colíder del equipo de Tucson de Arizona Youth Climate Coalition.
El martes, el largo cabello cobrizo y ondulado de De Backer descansaba sobre uno de sus hombros, cubriendo parcialmente el logotipo de “AZYCC” en su camiseta, mientras presentaba a la representante estatal Adelita Grijalva y a la concejal del Distrito 5 de Tucson, Selina Barajas, ante más de una docena de jóvenes de Arizona durante una conversación sobre el cambio climático en el Centro de Actividades El Pueblo, en el sur de Tucson.
Las dos funcionarias electas acudieron para escuchar cómo el calor extremo y el cambio climático afectan la vida de los jóvenes, y para compartir algunas de las maneras en que están abordando el problema a nivel local y nacional. La conversación fue organizada por la filial Grand Canyon del Sierra Club, junto con varias organizaciones comunitarias.
Las paredes y ventanas del amplio salón estaban cubiertas con letreros que decían: “Climate Can’t Wait” (El clima no puede esperar), “El Clima No Espera” y “Too Hot To Learn” (Demasiado calor para aprender).
Los estudiantes, en su mayoría de preparatoria y provenientes de Tucson y Phoenix, estaban sentados alrededor de mesas acomodadas en forma de rectángulo mientras Grijalva les hablaba sobre la importancia de que sus voces sean escuchadas en el tema de la justicia ambiental.
Les aseguró que hay líderes nacionales y líderes locales, como Barajas, que están luchando para hacer frente al cambio climático. Pero las soluciones también tienen que venir de la juventud, dijo.
“Esta conversación no puede esperar a que las personas de mi edad y mayores resuelvan el problema”, dijo Grijalva. “Porque ustedes son quienes van a vivir con las consecuencias todos los días”.
El cambio climático es el mayor desafío que enfrenta esta generación, dijo Grijalva, y es importante que los adultos que ocupan posiciones de poder escuchen a los jóvenes, en lugar de limitarse a decirles lo que los funcionarios electos están haciendo para abordar el problema.
Barajas exhortó a los estudiantes a pensar en maneras de involucrar más a sus compañeros de clase y vecinos en las soluciones al cambio climático y en la participación cívica. Dijo que existe una relación entre la baja participación electoral en el Distrito 5 y las desigualdades climáticas que enfrentan los residentes del sur de Tucson, como una peor calidad del aire y una menor cobertura de árboles que den sombra.
“Quiero ver si hay oportunidades para colaborar y traer a más personas a esta conversación, porque quiero que esta sea la zona más verde”, dijo Barajas. “Quiero que esta sea la zona con la mayor participación electoral”.
Durante la siguiente hora, los estudiantes describieron cómo el calor afecta su vida diaria mientras ven a sus padres trabajar al aire libre bajo temperaturas peligrosas, soportan temperaturas de tres dígitos durante las actividades deportivas después de clases e impulsan a funcionarios escolares y municipales a adoptar cambios en las políticas públicas.
Estudiantes preocupados por sus padres que trabajan al aire libre
Una estudiante de la preparatoria Pueblo dijo que su papá construye albercas y que, tanto para él como para sus compañeros de trabajo, ha sido difícil realizar su labor bajo el calor extremo. Quiso destacar que las personas más afectadas por las altas temperaturas son quienes trabajan al aire libre, así como las personas sin hogar, que tienen que pasar la mayor parte del día en el exterior.

Barajas añadió que la ciudad cuenta con una lista de centros de enfriamiento donde las personas pueden refugiarse del calor, incluido uno ubicado en el Centro El Pueblo, al otro lado del estacionamiento.
Azulayde Romero, estudiante de penúltimo año de la preparatoria South Ridge, en Phoenix, también se preocupa por el bienestar de su padre, Olegario. Él ha trabajado como jardinero desde los 21 años, y Romero ha visto cómo el calor extremo lo ha afectado con el paso de los años.
“Mi papá ya es mayor. Tiene 62 años y sigue trabajando bajo el calor, desde las 5 de la mañana hasta como las 3 de la tarde. Verlo así es muy triste, porque quiero hacer algo al respecto”, dijo Romero.
Romero se unió a un grupo de jóvenes a través de una beca de verano de Mi Familia en Acción y ayudó a informar a sus vecinos sobre las desigualdades en la cobertura de árboles que dan sombra en el sur de Phoenix, una zona con una población predominantemente latina.
El grupo investigó el efecto de isla de calor y descubrió que la gran cantidad de fábricas y pavimento en el suroeste de Phoenix, junto con la escasez de árboles, provoca que esa parte de la ciudad sea aún más calurosa.
Romero y sus compañeros recorrieron el vecindario de puerta en puerta para compartir con sus vecinos lo que habían aprendido y ayudarlos a inscribirse en un taller del Salt River Project, donde la empresa de energía entrega gratuitamente dos árboles a los propietarios de viviendas para que los planten y generen sombra en sus terrenos.
“Me preocupa el calor extremo que estamos enfrentando porque siento que las olas de calor son cada vez más intensas y que las soluciones que estamos recibiendo suelen ser solo medidas temporales, en lugar de soluciones con efectos a largo plazo”, dijo Romero durante la conversación. “Solo quiero saber qué medidas se están tomando realmente para abordar este problema y garantizar que nuestro estado se esté preparando para el futuro y no solo aplicando soluciones rápidas”.
Grijalva dijo que no se está haciendo mucho, porque muchas de las soluciones a largo plazo deben provenir del gobierno federal y, en este momento, “hay personas en el poder que no creen que lo que está ocurriendo con nuestro clima sea real. No creen en la ciencia. No creen en las soluciones”.
Si bien es importante que los residentes hagan su parte para ahorrar energía y agua, las corporaciones también deben asumir su responsabilidad y rendir cuentas, dijo Grijalva.
Los jóvenes ya están impulsando cambios en las políticas públicas
Hija de padres inmigrantes, De Backer creció en una comunidad de Tucson donde sus vecinos tenían dificultades para mantener encendido el aire acondicionado durante el verano.
En la escuela observa el desperdicio: plásticos de un solo uso, desperdicio de alimentos y focos incandescentes que consumen más energía que las luces LED. Y se pregunta por qué nadie está resolviendo el problema.
Ella no está esperando a que los adultos lo hagan. En cambio, trabaja junto a otros adolescentes de Tucson para redactar propuestas de políticas públicas.
De Backer forma parte del equipo de Acción Climática y Sostenibilidad del Distrito Escolar Unificado de Tucson (TUSD, por sus siglas en inglés), que se encarga de asegurar que el distrito implemente cambios de acuerdo con su código de políticas.
“Siento que le estaría fallando a mi comunidad y a mi familia si no estuviera luchando”, dijo De Backer. “Porque si yo no luchara, habría una persona menos que podría ayudar a enfrentar los impactos del cambio climático”.
Sofía García, estudiante del último año de la preparatoria Canyon del Oro, destacó el informe de política energética titulado “Distributed Capacity Procurement”, que integrantes de la Arizona Youth Climate Coalition redactaron y presentaron ante la Commission on Climate Saving Energy.
El grupo pasó meses analizando informes de Tucson Electric Power, realizando un análisis fiscal y recopilando opiniones de la comunidad “para construir un futuro más sostenible para la red eléctrica de Arizona”, dijo García. Esperan que la ciudad adopte esa política.
García, colíder del equipo de Tucson de la Arizona Youth Climate Coalition, dijo que es importante que los jóvenes tengan más oportunidades para participar en la búsqueda de soluciones al cambio climático.
“Somos quienes heredaremos el medio ambiente”, dijo García. “Somos quienes tendremos que enfrentar estos efectos a largo plazo durante las generaciones que vienen”.

Calor extremo afecta los deportes y actividades al aire libre
Gabriel Sadza, estudiante de segundo año de la preparatoria University High School, tomó el micrófono después de García. Con su estatura de un metro y 93 centímetros y una voz fuerte y entusiasta, admitió que estaba un poco nervioso por hablar frente al público.
Sadza compartió una historia sobre cuando el grupo de banda de marcha de su escuela tuvo que ensayar dentro del gimnasio debido al calor extremo.
“Estamos haciendo plié, relevé (ejercicios de danza). Estoy sudando. No puedo ver. El sudor me arde en los ojos. Entonces nos pasamos al gimnasio. Se descompone el aire acondicionado del gimnasio. Estamos marchando en un gimnasio a 95 grados durante 14 horas al día, de 8 de la mañana a 10 de la noche, durante toda una semana”, dijo. “Así no deberíamos vivir en Tucson. Tenemos que adaptarnos”.
Esa fue una de las muchas ocasiones en las que Sadza ha tenido que enfrentar el calor extremo durante una actividad escolar. Recuerda su primera práctica de campo traviesa. Estaba en segundo grado de primaria. La temperatura superaba los 100 grados.
“No estoy exagerando cuando digo que sentía que me moría. La vista se me nublaba. La estaba pasando muy mal”, dijo. “Estaba muy deshidratado y, a esa edad, no sabía qué me estaba pasando. No sabía cómo pedir ayuda. No estaba informado sobre los peligros que enfrentábamos por el calor extremo ni sobre las formas de protegernos”.
Recuerda que un asesor le consiguió agua, lo ayudó a encontrar un lugar con sombra y permaneció con él para asegurarse de que estuviera bien. Desde entonces, el calor solo ha empeorado, dijo Sadza.
Aunque la decisión de cancelar las actividades al aire libre queda a criterio del director de cada escuela, el Departamento de Servicios de Salud de Arizona recomienda trasladarlas a espacios interiores cuando la temperatura supera los 105 grados.
“Cuando llegué a la preparatoria pensé: ‘¿Qué puedo hacer desde mi posición y a partir de mis experiencias para ayudar a combatir la creciente crisis climática y asegurarme de que los estudiantes del futuro, estudiantes como yo que disfrutan jugar al aire libre y salir de excursión con sus familias, no tengan que pasar por las mismas dificultades que yo enfrenté al crecer?’”, dijo.
Sadza, quien es director de comunicaciones de la Arizona Youth Climate Coalition, ha participado en la búsqueda de soluciones para enfrentar el cambio climático. Dijo que la conversación del martes fue un paso en la dirección correcta, pero que el trabajo debe continuar para encontrar soluciones climáticas que mejoren las comunidades de Arizona para todas las personas.
Al concluir el evento, Grijalva les dijo a los jóvenes que su oficina está comprometida a realizar más conversaciones sobre soluciones al cambio climático de manera mensual. Los estudiantes afirmaron que se asegurarán de que cumpla ese compromiso.
Traducción: Beatriz Limón

