En una gélida y ventosa mañana de enero, alrededor de dos docenas de jornaleros, todos indocumentados, estaban parados afuera del Centro de Trabajadores Josefina Ahumada, en el lado sur de Tucson.
Era una escena típica: grupos de hombres, en su mayoría, esperando que pase una camioneta conducida por alguien que busca pagar por un día o dos de trabajo.
Pero esa mañana, momentos después de que una gran camioneta naranja pasó, negoció brevemente con un trabajador afortunado y se fue, una sirena comenzó a sonar desde un megáfono rojo y blanco. Los jornaleros esperaban el sonido penetrante y sabían exactamente qué hacer: dar media vuelta de inmediato y caminar rápido, pero tranquilamente, a través del estacionamiento para entrar en la oficina principal del centro de trabajadores.
“40 segundos, muy bien”, exclamó Tony, elogiando al grupo por entrar rápidamente, mientras el último hombre entraba y cerraba la puerta detrás de él. Acababan de realizar otra simulación de una redada de la Patrulla Fronteriza. Al igual que otras personas indocumentadas mencionadas en este artículo, Tony solo quiso usar su nombre de pila por temor a la deportación.
Organizadores y trabajadores en el Centro de Trabajadores Josefina Ahumada han pasado los meses desde la victoria electoral del presidente Donald Trump en noviembre preparándose para un aumento en la aplicación de las leyes de inmigración y la promesa de “deportaciones masivas”.
Grupos comunitarios y de defensa en todo el sur de Arizona han estado ideando estrategias, preparándose emocionalmente, realizando entrenamientos sobre derechos, organizando documentos y más, en planificación para la posible represión.
El modelo al que muchos de estos grupos están recurriendo es el concepto de ayuda mutua.
“La ayuda mutua ha sido una parte fundamental de cada movimiento social en los Estados Unidos”, dijo Dean Spade, autor del libro de 2020 Mutual Aid: Building Solidarity During This Crisis (and the Next).
Spade proporcionó ejemplos que van desde la lucha por la abolición de la esclavitud hasta el movimiento por los derechos civiles, el movimiento feminista y otros.
“Cada movimiento monta resistencia contra sus oponentes, pero también se encarga de cuidar a todos. Eso es de lo que están hechos los movimientos, una combinación de cuidado y resistencia externa”, explicó Spade.
“Es imposible exagerar la importancia de la ayuda mutua en la construcción de nuestros movimientos y en ayudar a las personas a sobrevivir”.
En el sur de Arizona, mientras las comunidades de personas indocumentadas y otros grupos marginados se preparan para las amenazas crecientes, la ayuda mutua se considera un enfoque cada vez más crítico.
Cómo involucrarse
Grupos de ayuda y defensa de migrantes como el Centro de Trabajadores Josefina Ahumada y La Coalición de Derechos Humanos buscan proteger y apoyar a las comunidades del sur de Arizona vigilando a los miembros de la familia y los vecinos.
• Conocer los derechos humanos y legales básicos es un paso clave, dicen. Sigan al centro de trabajadores en las redes sociales y obtengan más información sobre Derechos Humanos en su sitio web.
• El sábado 1 de febrero, de 12:00 p.m. a 2:00 p.m., Derechos Humanos patrocinará una asamblea comunitaria para compartir información y recursos sobre y para las comunidades inmigrantes. El evento, que incluirá bocadillos y bebidas gratis, se llevará a cabo en Tucson en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima, 1950 W. Irvington Pl.
Una sirena a primera hora de la mañana
A medida que los ecos de las sirenas del megáfono se desvanecían, el grupo se reunió durante unos minutos para repasar la experiencia, reconociendo que podrían haberlo hecho mejor.
Treinta, 35 segundos es su objetivo, explicó Tony. Mencionó que cualquier tiempo mayor podría comprometer a más personas.
“Sabemos que probablemente arrestarán a tres o cuatro de nosotros si llega la Patrulla Fronteriza”, dijo Tony en español, añadiendo que intentan mantener ese número lo más bajo posible.
El plan es entrar —rápida y calmadamente, sin correr para evitar una persecución—, cerrar la puerta, dejar a un voluntario con documentos afuera y luego ejercer su derecho a exigir una orden judicial.
“No pueden correr, porque si corren damos razón a la autoridad”, dijo Tony.
Tony dijo que aprendieron mucho en 2010 cuando la ley antiinmigrante de Arizona, SB1070, entró en vigor. Mencionó que el Centro de Trabajadores Josefina Ahumada, anteriormente conocido como el Southside Worker Center, se hizo reconocido a nivel nacional por ofrecer apoyo a la comunidad y por practicar la ayuda mutua.
“Es un lugar que lucha, que protege, un símbolo de solidaridad”.
La simulación en el centro de trabajadores es una de las muchas medidas que los grupos locales están tomando para prepararse ante el plan de deportaciones masivas de la próxima administración.
“Hospitalidad radical”
El sonido de las conversaciones resonaba en el auditorio mientras la gente llegaba. Las paredes, adornadas con murales y declaraciones políticas, creaban un ambiente propicio para discusiones francas sobre la preparación para un nuevo clima político —la segunda administración de Trump— y sus implicaciones para los inmigrantes y residentes indocumentados.
La Coalición de Derechos Humanos, una organización sin fines de lucro que se enfoca en los “derechos humanos y civiles de todos los migrantes sin importar su estatus migratorio”, organiza reuniones públicas semanales en el Global Justice Center, y esta era la última antes de Navidad. La reunión comenzó y las sillas desiguales, acomodadas en círculo, estaban escasamente ocupadas por organizadores y miembros de la comunidad.
“Sí, necesitaremos demandas, pero esa no es nuestra solución”, dijo García. “Es esta comunidad inmigrante la que está decidiendo cómo proceder, cómo protegerse. Es la comunidad la que debe ser escuchada, no nuestros políticos.” Representantes de diversos comités, desde el comité basado en la fe hasta un equipo de respuesta rápida, ofrecieron actualizaciones sobre sus actividades y sugerencias sobre cómo podrían prepararse para las políticas antimigrantes de Trump.
Están desarrollando un sistema para apoyar a las personas y sus familias que sean objetivo de arresto.
“Dadas las horribles condiciones que ya existen, y luego esta promesa de deportación masiva, detención masiva, separación masiva de familias, ¿cómo será nuestra respuesta? Tiene que ser una hospitalidad radical”, dijo Isabel García, abogada de derechos de los inmigrantes y miembro de larga data y una de las líderes de Derechos Humanos.
Las preocupaciones sobre la privacidad y la aplicación de la ley reflejaban los temores y experiencias personales de los asistentes durante la presidencia anterior de Trump.
“Creo que esta construcción de comunidad va a ser la única forma de responder a una serie de eventos que prometen ser horribles”, dijo, agregando que solo la comunidad puede decidir cómo responder.
Defensa del campus de la UA
Zara es una candidata doctoral de 31 años en la Universidad de Arizona, enfocada en educación internacional. Originaria de un país africano, ha estado estudiando en la UA desde 2021. Zara es un seudónimo; por temor a discriminación y por su seguridad, pidió no usar su nombre real ni identificar su país de origen.
Aunque enfatiza repetidamente que se siente más privilegiada que otros estudiantes internacionales o indocumentados, también está profundamente ansiosa por lo que pueda suceder bajo la administración de Trump.
“Una de mis principales preocupaciones es que la xenofobia y la islamofobia empeoren”, dijo Zara. “El miedo a las poblaciones migrantes es injustificado”, agregó, diciendo que corresponde a los legisladores, la universidad y los miembros de la comunidad tomar medidas.
Mientras tanto, la UA dice que está ofreciendo los servicios y el apoyo que los estudiantes necesitan.
“La Universidad de Arizona ofrece apoyo a todos nuestros estudiantes Wildcat, y los recursos están ampliamente disponibles para que nuestra comunidad los utilice según sea necesario”, dijo el portavoz de la UA, Mitch Zak, en un comunicado.
Dijo que dan la bienvenida a los estudiantes para que “aprovechen una variedad de recursos a través de los centros de recursos de la universidad, Servicios de Consejería y Salud Psicológica (CAPS) y la Oficina del Decano de Estudiantes”.
Sin embargo, Zak dijo que si se permiten deportaciones o la presencia de funcionarios de inmigración en el campus es un asunto del Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU.
Esa realidad tiene a Zara y a otros estudiantes preocupados. Zara dijo que ha comenzado a llevar consigo su identificación y documentos de visa cuando sale, en caso de que la detengan. Aunque tiene estatus legal con su visa de estudiante, le preocupa que pueda ser arrestada o enfrentarse a la deportación.
También tiene contactos de emergencia listos y ha discutido escenarios y buscado apoyo emocional con un grupo de amigos. “Hablamos de esto, haciéndonos saber que estamos aquí el uno para el otro”, dijo Zara.
Dijo que la Oficina de Servicios para Estudiantes Internacionales en la UA y el Consejo de Estudiantes Graduados y Profesionales también han estado ofreciendo apoyo.
“Tenemos que reconocer que la seguridad es lo primero”, dijo Zara.
Otra estudiante de la UA, anteriormente indocumentada y con una familia de estatus mixto, también pidió que no se usara su nombre por temor a represalias contra ella y su familia. Dijo que las semanas antes de la investidura de Trump se sentían como un déjà vu de su primer mandato.
“Se siente como si nos estuviéramos preparando para la guerra”, dijo.

“No pedimos papeles”
Cecilio es otro obrero por día en el Centro de Trabajadores Josefina Ahumada que participó en la simulación de redada de la Patrulla Fronteriza.
Cecilio insistió en que, si la Patrulla Fronteriza realmente llegara, un obrero por día indocumentado también debe actuar.
“Es importante que nosotros lo hacemos porque nosotros tenemos los derechos también y tenemos que usarlos”, dijo Cecilio.
Tony agregó. “Somos la columna vertebral de la comunidad migrante, y más y más los migrantes son eso para el país”.
“Ayudamos a cualquiera, a todos,” dijo Tony. “No pedimos papeles, solo respondemos a lo que la gente necesita”.
Agregó: “Queremos ofrecer seguridad, protección, un lugar donde la gente se sienta en casa, un lugar que sea suyo”.
Traducción Beatriz Limón

