El primer día de clase, los estudiantes reciben una cubeta de plástico con herramientas de pintor.

Dentro de la cubeta blanca hay 14 artículos, entre ellos: remachadoras, un cuchillo de gancho, una lima, pinzas de corte, un delantal, martillos, un calibrador de patas, un soporte para cascos y un nivelador equino.

Para el tercer día, los utensilios y herramientas se usan en todo el curso de herrería de 12 semanas. Los estudiantes moldean herraduras, recortan cascos y aprenden a calmar a un caballo.

Las herramientas tienen un valor de 1,800 dólares. Y las lecciones que imparte el maestro herrador George Goode son para toda la vida.

Lección: Los pies son fundamentales y necesitan protección. Pueden llevarte a donde necesites ir, absorber impactos, cargar peso.

Lección: Cuida el casco — que es la base —, protege al caballo y, al hacerlo, también cuidas tu granja y tus finanzas.

Desde las tierras tribales de las Dakotas hasta Nuevo México y el norte de Arizona, el hombre de 85 años viaja y trabaja para avanzar en su misión de enseñar a sus estudiantes, en su mayoría indígenas, cómo herrar caballos.

Goode tiene una conexión personal con las comunidades indígenas debido a su herencia Pascua Yaqui y a una ex esposa e hijos que se identifican como Tohono O’odham. Recorre el país en su camioneta con remolque, donde lleva su negocio móvil de herrería, para educar a los estudiantes como herradores, empresarios y personas que se preocupan por los animales.

“Quiero crear empleos en las reservas y quiero mostrarles que pueden cuidar de su ganado para siempre”, dijo Goode. “Pensamos en ellos como una máquina. Pero un caballo puede sentir una mosca en la espalda”.

A través de sus cursos, que van desde un mínimo de tres días hasta 12 semanas, Goode brinda a los estudiantes las habilidades para recortar y herrar a un caballo, así como los conocimientos necesarios para regresar a sus tierras tribales, iniciar un negocio y cuidar de su familia, incluidos los caballos.

Serie

Esta historia es la segunda de una serie ocasional sobre cómo el Colegio Comunitario Tohono O’odham impulsa a la Nación Tohono O’odham y su economía.

“Les damos un trabajo que proporciona estructura dentro de su cultura”, dijo Goode. “Si tenemos a 10 estudiantes, eso son 10 familias que tienen sus caballos y tal vez los caballos del vecindario, todos cuidando su propio ganado para siempre. Es educación”.

Esa formación es clave en el Tohono O’odham Community College, donde se ofrece la clase de Goode cada primavera. Los administradores de TOCC tienen como objetivo ampliar ese programa y otros, incluidos los de instalación de paneles solares y artes culinarias, después de que la beca Pell para capacitación laboral fuera promulgada como parte del paquete federal de gasto doméstico a principios de este mes. Su curso de 12 semanas costaría un poco menos de 20,000 dólares para una persona que no sea estudiante universitario.

“Más allá de las oportunidades profesionales, el programa fomenta una profunda conexión cultural y espiritual entre los O’odham y sus caballos, particularmente entre los jóvenes”, dijo Adrian Quijada, director de la Oficina de Sostenibilidad de Subvenciones Agrícolas en el Tohono O’odham Community College. “Representa un camino hacia la autosuficiencia económica, al tiempo que honra y fortalece el antiguo vínculo entre la comunidad y sus compañeros equinos”.

Encontrar la base

Durante más de 60 años, Goode se ha puesto sus chaparreras, ha fundido y soldado herraduras y se ha conectado con los caballos.

Antes de obtener una maestría en ciencias equinas en Cal Poly San Luis Obispo, nació en Silver City, Nuevo México, y creció en el sur de Tucson. Pasaba los veranos recogiendo algodón en lo que ahora es Marana.

“En ese colegio tenían un curso de herraje. Así que tomé el curso y me gustó”, dijo. “Cuando salí, los otros chicos usaban sus títulos… Yo me fui por el herraje, así que he estado en este campo toda mi vida”.

Goode fundó la Escuela de Herraje de Tucson en 1973 y formó una familia, incluidos cuatro hijos. En el extremo este de la ciudad, estudiantes de todo el mundo acudían para aprender el oficio. En 2018, vendió la escuela. Según contó, esta cerró dos años después.

Su visión de enseñar a los pueblos indígenas a cuidar de sus caballos se forjó en 2006, cuando fundó la organización sin fines de lucro Native American Horse Education Foundation.

Pero la pérdida de tres de sus hijos y el cuidado de su esposa, Sue, quien tenía Alzheimer, retrasaron su sueño. Entonces, usó su paciencia fundamental y su amabilidad para compartir su conocimiento.

Empezó con lo más sencillo: la base de un caballo son sus patas.

Cuidando el casco, cuidas al caballo.

Oriana Apkaw, con Poncho, aprendió a herrar caballos en 2024. Crédito de la foto: Oriana Apkaw

“Los caballos suelen estar de pie cuando duermen”, dijo Goode. El cuidado adecuado de los cascos de un caballo puede prolongar su vida cinco o diez años más, añadió.

Mientras viaja a tierras tribales, el curso de educación equina de Goode se extiende a niños de primaria. Les muestra por qué es importante el cuidado de las patas. Usa objetos mientras habla, mostrando una pierna de caballo, la estructura ósea y las pezuñas.

Esta lección de anatomía fue clave para Oriana Apkaw, una estudiante indígena del Tohono O’odham Community College. Viajaba dos horas al día desde el rancho de su familia en la aldea de Kohatk hasta Sells para asistir a la clase de herraje en 2024.

“Tú puedes cuidar a tu animal”, dijo Apkaw, de 31 años. “Es un miembro de tu familia”.

“Mientras más personas me contactan sobre el herraje, voy a ver las pezuñas y algunas están en muy mal estado”, dijo. “Pero simplemente no saben”.

Ahora Apkaw recorta y pone herraduras a sus siete caballos y recibe llamadas de vecinos y familiares para encargarse de los suyos. También trabaja tiempo completo como especialista en recreación en la Tohono O’odham Ki:Ki Association.

“Veo (el herraje) como un trabajo secundario”, dijo. “Es un ingreso extra para el que fui a la escuela”.

La beca Workforce Pell en acción

La matrícula de Apkaw fue gratuita en TOCC. Y la expansión de la beca Pell podría ayudar a otros como ella, dijo Stephen Schoonmaker, presidente del Tohono O’odham Community College.

Workforce Pell abre las becas Pell a personas interesadas en programas más cortos y enfocados en carreras profesionales.

“Workforce Pell es muy importante para nosotros porque cuando ofrecemos este tipo de programas de certificación, ahora esto califica”, dijo Schoonmaker, y añadió que una beca Pell con mayor alcance permite que un estudiante use el dinero para pagar la renta y la comida. Los estudiantes pueden vivir y asistir a la escuela.

En muchos casos, las becas Pell se usan para gastos de manutención y no para la matrícula.

Son la principal forma de ayuda federal para estudiantes de bajos ingresos y son clave porque no necesitan reembolsarse y, por lo general, están destinadas a estudiantes de nivel universitario.

Más de seis millones de estudiantes universitarios usan becas Pell, incluidos 124,000 estudiantes en Arizona, cuyas becas promediaron alrededor de 4,500 dólares en el año escolar 2022-23, según el Centro Nacional de Estadísticas de la Educación (National Center for Education Statistics).

Las becas Workforce Pell permiten que los estudiantes obtengan certificaciones a través de capacitación en una escuela acreditada e ingresen a la fuerza laboral. Y ese es el enfoque del Tohono O’odham Community College, que cuenta con unos 1,200 estudiantes, dijo Schoonmaker. 

El énfasis de TOCC impulsó una visión para Quijada, quien conoció a Goode en 2022 y supo que el colegio comunitario podría aprovechar este programa. Despegó cuando ambos se unieron para solicitar una beca de certificación en habilidades de herraje a través del Native American Agriculture Fund, dijo Quijada.

“George hablaba con tal reverencia sobre la importancia cultural de los caballos dentro de las tradiciones nativas americanas y el papel invaluable que desempeñan en la vida del pueblo O’odham. Su comprensión de la salud equina y de la importancia crítica del cuidado adecuado de las pezuñas era incomparable, y era evidente que este programa no se trataba solo de capacitación técnica”, dijo Quijada. “La visión y dedicación de George dejaron una profunda impresión en mí, y supe que quería ser parte de convertir ese sueño en realidad”.

Un equilibrio entre ternura y fortaleza

El siguiente plan de Goode es tener una instalación de herraje — en algún lugar — con alojamiento, dice, para que personas indígenas de todas partes puedan aprender el oficio.

“Las personas que entreno regresan (a las tierras tribales). Pero es como una gota en el balde”, dijo. “Propuse una escuela de herraje para todas las naciones. Los muchachos pueden venir desde Montana, desde donde sea”.

Conseguir el financiamiento para este esfuerzo es el mayor reto, dijo Goode, mientras continúa enseñando y difundiendo su mensaje a través de sus estudiantes y sus viajes. Esta semana, viajará a la Reserva Apache de San Carlos para hablar con estudiantes.

Goode es uno de más de 25,000 herradores en Estados Unidos, según The Farrier Guide. En el país hay menos de 30 escuelas de herraje, de acuerdo con la American Farrier Association.

Colocar herraduras a un caballo puede costar entre 100 y 400 dólares por un juego de cuatro, dependiendo del servicio y del herrador. Los caballos necesitan recorte y herraje cada seis a ocho semanas.

Goode sueña con una escuela de herraje con alojamiento para que personas indígenas de todas partes aprendan el oficio. Crédito de la foto: Noor Haghighi Credit: Noor Haghighi

Piensa en las manicuras y pedicuras, dijo Apkaw. “Es como el cuidado de las uñas”, dijo. “Cuando estaba aprendiendo la técnica, pensaba en mis propias uñas. Hay que seguir un horario”.

En los últimos tres meses, ha trabajado con casi 20 caballos y dice que un herrador también debe estar en buena forma física. “Para sujetar al caballo y estar agachada, tienes que adquirir memoria muscular para hacerlo. Especialmente si un caballo no va a quedarse quieto para ti, tienes que darle un poco más de fuerza”.

Goode equilibra esa fortaleza con ternura hacia sus estudiantes. Cuando un trío de estudiantes mujeres de herraje le llevó un caballo rebelde durante una clase en Chinle, confió en que las estudiantes calmarían al caballo. Y cuando terminaron como las mejores de la clase, en el herraje de los caballos, la fabricación de las herraduras y en los exámenes escritos, cumplió su promesa: manicuras.

“Les dije que si les iba bien, las llevaría a hacerse las uñas”, dijo. “Lo lograron. Y las llevé.”

El método de Goode ha funcionado por casi 60 años.

“Su enfoque holístico garantiza que sus enseñanzas vayan más allá del aula, dotando a los estudiantes tanto de conocimientos técnicos como de habilidades prácticas para la vida que necesitan para tener éxito a largo plazo”, dijo Quijada. “Más allá de las cuestiones técnicas del herraje, enfatiza la importancia de la educación financiera, proporcionando herramientas para administrar los costos, establecer precios por servicios y construir un negocio sostenible y rentable”.

Podemos poner a la gente a trabajar, dijo Goode. Es una necesidad para los estudiantes y sus caballos.

“Esperamos que se forme una ética laboral. Quiero dejarles buena comunicación, buena actitud, amabilidad, honestidad”, dijo. “Sé honesto. Sé amable. Sé justo. Ten un estándar. Si te pegas a esas cosas, estarás bien”.

Traducción: Beatriz Limón

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Shannon Conner is the education solutions reporter for Arizona Luminaria supported by a grant from the Arizona Local News Fund. A reporter and editor, Shannon’s work has appeared in sports and news...