Mientras Erica Prather y otras 24 personas se reunían en el inicio del sendero en el Parque Estatal Catalina, comenzó a aconsejar a los excursionistas que no recogieran ninguna de las plantas nativas del parque. Momentos después, Khadija Saboor, de 18 años, corrió sosteniendo una gran flor silvestre amarilla. El grupo se rió por la coincidencia.

“Pero ya no más aquí afuera, ¿de acuerdo?”, dijo Prather después de que Saboor se disculpara. “Porque estamos en su hogar, ¿verdad? Este es el hogar de los animales. Ellos viven aquí”.

La salida reunió a participantes del Amphi Women and Girls Union, en su mayoría mujeres jóvenes y niñas, pero también algunos hombres, con edades que iban de los 4 a los 43 años. Para muchas de las asistentes, era su primera caminata. Emprendieron el recorrido por senderos rocosos rodeados de plantas espinosas y altos saguaros, mientras la mayoría de las jóvenes y niñas reían y conversaban en Dari (variante del idioma persa).

Rose Armendariz es una de las pocas integrantes del grupo que no es afgana y, con apenas 18 años, una de las líderes con más experiencia dentro de la unión. Ha vivido en Amphi toda su vida y se unió al grupo hace casi un año después de recibir un volante de su padre. El vecindario Amphi, o Amphitheater, es un “cuadrado ordenado” en el centro-norte de Tucson que alberga algunas de las escuelas más antiguas de la ciudad, una biblioteca y un parque comunitario.

“Creo que sería mejor que más personas se unieran para tratar de resolver los problemas en Amphi”, dijo. Armendariz espera que el grupo continúe creciendo, incorporando más participación comunitaria y apoyo para los cambios que le gustaría ver. “Aunque tenemos un buen grupo ahora, creo que sería mejor si más personas en Amphi se unieran, porque así tendríamos las opiniones de más gente”.

Armendariz dijo que experimenta acoso sexual frecuente en su vecindario, y que no es la única.

“No saben aceptar un no como respuesta”, afirmó.

Más adelante, Prather organizó clases de defensa personal para el grupo, una decisión que, según Armendariz, surgió directamente de las preocupaciones expresadas por las jóvenes.

“Creo que eso fue una parte importante”, dijo. “Y también, por si acaso sucede algo”.

Las tasas de criminalidad en Amphi la han convertido en un objetivo de reforma municipal. El corredor de Fort Lowell que atraviesa el vecindario fue designado como uno de los cuatro sitios de Violence Interruption and Vitalization Action (Acción para la Interrupción de la Violencia y Vitalización) de la ciudad, con base en datos que muestran niveles elevados de violencia con armas y delincuencia.

La idea de formar una unión en lugar de un grupo vecinal tradicional surgió de la experiencia de Prather en la organización laboral y el trabajo sin fines de lucro. Ex residente de Amphi, dijo que se frustró al ver cómo organizaciones sin vínculos profundos con la comunidad tomaban decisiones en nombre de los residentes. A medida que fue construyendo relaciones con sus vecinos, decidió que quería ayudar a cambiar esa dinámica.

“Es la diferencia entre personas que coordinan recursos sin tener experiencia vivida aquí y personas que sí la tienen”, dijo Prather. Cuando el financiamiento de SNAP se suspendió abruptamente para muchos residentes, señaló que vio una desconexión entre la manera en que las organizaciones respondieron y lo que los vecinos realmente necesitaban.

“No hace falta otra distribución de alimentos, literalmente hay una cada día de la semana”, dijo. “Lo que se necesita es un mapa que puedas entregar a una persona sin vivienda o a un refugiado que no habla inglés”. Prather creó un nuevo mapa utilizando símbolos para que las personas no dependieran de la alfabetización en inglés.

Los miembros de la unión definen las actividades que emprenden juntos. Cuando varias mujeres dijeron que no sabían nadar, el grupo organizó clases de natación durante el verano.

Prather afirmó que el modelo de unión ayuda a centrar a los miembros de la comunidad y a reconocer su trabajo, en lugar de enfocarse en una organización.

“Las personas que viven allí y tienen experiencia directa pueden nombrar lo que necesitan y cómo lo necesitan”, dijo. “Y cuando hay fondos disponibles, pueden ser contratadas para que el dinero realmente cambie las condiciones materiales de las personas en Amphi”.

Miembros de la Amphi Women and Girls Union posan con Erica Prather sobre una roca durante su caminata en el Parque Estatal Catalina. Crédito: Carolina Cuellar

Cuando el Sindicato de Inquilinos de Tucson pidió ayuda para tocar puertas en el vecindario, Prather los conectó con Tilisa Asukulu, miembro de la unión de 17 años, quien recibió 500 dólares por preparar comida para 25 personas.

Asukulu, Armendariz y Saboor son tres de las cuatro integrantes de la unión que trabajan con Living Streets Alliance para ayudar a planificar Cyclovia en el vecindario de Amphi. Kate Saunders, coordinadora de participación comunitaria de Living Streets Alliance, dijo que la alianza ha sido un éxito.

“Es una combinación muy adecuada porque la Amphi Women and Girls Union se enfoca en construir poder en su vecindario y en garantizar que las decisiones sean tomadas por las personas que viven allí”, dijo Saunders.

Ella dijo que el modelo de sindicato, en lugar de una estructura sin fines de lucro, influye en la manera en que las organizaciones interactúan con el grupo.

“Coloca a la Women and Girls Union como portadoras de conocimiento y mano de obra calificada”, dijo Saunders. “Eso significa que su tiempo y energía deben ser respetados y compensados, y realmente nos beneficiamos al trabajar con ellas”.

Para Cyclovia, las chicas están recibiendo pago para ayudar a determinar qué actividades habrá en el centro de actividades de su vecindario, cómo realizar divulgación entre sus vecinos y qué tipo de señalización específica de Amphi desean.

Saunders señaló que están aprovechando la ocasión como una oportunidad de desarrollo de liderazgo para las jóvenes.

Muchas de las integrantes del sindicato son refugiadas, varias provenientes de Afganistán, y pertenecen a familias que trabajan largas jornadas. Aunque el grupo se centra en mujeres y niñas, no excluye a los miembros de la familia.

“Si un niño no puede venir, entonces una de las chicas tampoco puede venir”, dijo Prather. “El cuidado infantil a menudo recae en estas chicas cuando sus padres están trabajando, así que quien quiera estar ahí puede estar ahí”. Familias enteras asistieron a la caminata, incluidos familiares hombres. Hombres mayores encabezaban el grupo mientras esposas e hijas vigilaban a los niños más pequeños.

Al llegar a una curva sombreada del sendero, Prather llamó a una pausa para comer algo.

“¿Quién quiere puppy chow?”, preguntó, repartiendo el bocadillo casero de chocolate con mantequilla de maní. Cuando algunas de las personas que no hablaban inglés como lengua materna cuestionaron el nombre, la confusión recorrió el grupo.

“Es como comida para perro, es una broma”, explicó Prather. Las chicas se rieron mientras repetían la frase entre ellas. Pronto, todos estaban reunidos bajo los árboles, compartiendo el refrigerio y bromeando juntos.

Prather aprovechó el momento para ofrecer un breve recordatorio sobre cómo interactuar con funcionarios de inmigración antes de que el grupo emprendiera el regreso a casa. Mientras comenzaban la caminata de vuelta, la conversación cambió hacia la excursión misma, con las chicas comparándola con la anterior.

“Me gusta esta”, dijo Saboor, deteniéndose para admirar las vistas del cañón. “Porque está un poco más arriba del suelo”. El grupo estuvo de acuerdo y dijo que ya esperaba con entusiasmo la próxima.

Traducción: Beatriz Limón 

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Carolina Cuellar is a bilingual journalist based in Tucson covering South Arizona. Previously she reported on border and immigration issues in the Rio Grande Valley for Texas Public Radio. She has an M.S....