Enseñar coreano en una escuela secundaria solo para varones fue fundamental para la investigación de Ji Hong como psicóloga educativa.
Pero su curiosidad por los educadores surgió mucho antes, al observar a sus padres, quienes eran maestros en su natal Corea del Sur.
Ese interés, y luego su investigación, tomó forma después de que asistiera a la escuela de posgrado en Arizona y luego en Georgia. Ahora, después de cuatro años en el departamento de psicología educativa de la Universidad de Arizona, Hong está liderando un estudio para comprender por qué y cómo los maestros de comunidades marginadas llevan sus identidades y sus vidas fuera del aula a su enseñanza y a sus estudiantes.
“Esa es una base excelente para mi investigación actual, porque aprendí a través de esa experiencia que la identidad docente, la motivación docente y las emociones docentes son componentes fundamentales para moldear el trabajo y la vida de los docentes en la escuela”, dijo Hong, de 49 años. “Y yo tuve esa primera experiencia en Corea”.
“Pero noté que Estados Unidos tiene antecedentes raciales y étnicos mucho más diversos. Y es un contraste enorme entre los dos países”, dijo Hong. “Y probablemente mi perspectiva estaba más sensibilizada debido a mi origen”.
El propósito de este estudio, según el equipo de 10 personas de QTEACH de la Universidad de Arizona que lo lleva a cabo, es obtener una comprensión más profunda de cómo los maestros cuyas identidades han sido marginadas navegan sus identidades profesionales y personales durante tiempos difíciles. ¿Cómo se ven influidos el trabajo y la vida de estos maestros por un clima contrario a la Diversidad, la Equidad y la Inclusión?
Se buscan experiencias de maestros
Para más información sobre el estudio de psicología educativa de la Universidad de Arizona, incluido si usted califica y la compensación, visite este enlace.
La etnicidad de maestros y estudiantes en gran medida no coincide, según datos del Departamento de Educación de Arizona. En 2024, los datos del departamento mostraron que los maestros son abrumadoramente blancos (67%), mientras que el resto se identifica como hispano (18%), asiático/isleño del Pacífico (5%), afroamericano (4%) e indígena (2%). Ese mismo año, los datos sobre estudiantes mostraron que el 48% son hispanos, el 34% blancos, el 6% afroamericanos, el 4% indígenas y el 3% asiáticos/isleños del Pacífico.
Alrededor del 3.5% de los maestros estadounidenses se identifican como LGBTQ, según un estudio de 2024 de la Universidad de Brown, que destaca la necesidad de contar con más datos sobre estos educadores para comprender mejor por qué están subrepresentados en la profesión docente.
Arizona Luminaria le preguntó a Hong sobre el estudio, el reclutamiento de educadores del área de Tucson y cómo espera que se utilicen los resultados. Esta entrevista ha sido editada por extensión y claridad.
P: ¿Cómo afecta la identidad de los maestros su trabajo en el aula?
R: El trabajo y la vida de los maestros son duros y desafiantes. Pero en Estados Unidos, el factor racial añade una dimensión enorme a su trabajo y a sus vidas. Por ejemplo, los maestros blancos o aquellos cuya identidad de género o sexualidad está alineada con las normas sociales no tienen que preocuparse por quiénes son como personas. Simplemente entran al aula. Son bienvenidos. Son aceptados por quienes son y solo tienen que preocuparse por la enseñanza y la gestión del aula, etcétera. No tienen que preocuparse por quiénes son como personas. No se les cuestiona ni se les interroga sobre quiénes son como individuos.
Pero en Estados Unidos empecé a escuchar historias, especialmente al aprender sobre métodos cualitativos. Esos maestros marginados, cuando sus identidades personales —como la raza, el género o la orientación sexual— no están alineadas con las normas sociales, entonces constantemente se les cuestiona sobre quiénes son como personas: “¿Realmente eres un buen maestro? ¿Eres lo suficientemente bueno para enseñar a mis hijos?”. A veces es muy explícito y otras veces implícito, pero está ahí. A menudo pienso en esta metáfora: es como si estuvieran nadando. Nadar en sí ya es difícil. Pero ellos están nadando en una piscina con resistencia. Hay una corriente constante en contra de quienes son. Entonces empecé a pensar: bueno, esto es un problema serio, además de la escasez de maestros y de todo lo demás.
P: ¿Quién utiliza su investigación y qué hacen con ella?
R: Mi investigación sobre la identidad, el trabajo y la vida de los maestros marginados tiene una conexión significativa con nuestra comunidad, especialmente con los programas de formación docente y el desarrollo profesional de maestros. Por ejemplo, una de las funciones clave de la Facultad de Educación de la Universidad de Arizona es preparar a futuros maestros y brindar apoyo a los maestros en ejercicio en el sur de Arizona, donde atendemos a una alta proporción de estudiantes hispanos.
Creo que es importante, ante todo, comprender verdaderamente las experiencias auténticas y complejas de los maestros marginados, experiencias que a menudo han sido silenciadas, borradas o mal representadas. A partir de ahí, podemos comenzar a abordar “cómo mejorar eso” a través de los programas de formación docente y las oportunidades de desarrollo profesional. Por ejemplo, ¿cómo podemos detener las microagresiones? ¿Cómo podemos detener el racismo? ¿Cómo podemos detener las prácticas excluyentes? ¿Cómo podemos cambiar las políticas inequitativas? Si no sabemos cuáles son los problemas, tampoco podemos encontrar soluciones. Por eso creo que esta investigación es el primer paso de muchos pasos que necesitamos seguir de manera colectiva.
P: ¿Qué espera que logre esta investigación y este estudio en particular?
R: Creo que la respuesta a esta pregunta vuelve a la cuestión fundamental de por qué hago investigación. Creo que la investigación debe ser capaz de abordar los problemas de nuestra sociedad y de nuestro sistema educativo. La falta de verdadera diversidad, inclusión y equidad permea todos los aspectos de la educación.
Defiendo una investigación orientada al bien común, que involucre a los participantes con la intención de humanizarlos y reconocer en ellos la complejidad auténtica que caracteriza su humanidad. Por eso es importante poner en el centro los contextos sociales, culturales e históricos, y ampliar la mirada empírica reconociendo el papel que desempeñan las estructuras sociales en relación con la raza, el género, la sexualidad y otras identidades sociales marginadas al moldear las experiencias. Creo que es a través del trabajo académico orientado a rehumanizar y a generar respeto por la heterogeneidad de las comunidades que nuestro trabajo puede ser verdaderamente transformador.
P: ¿Cómo puede un maestro participar en el estudio u obtener más información?
Ir a este enlace. Se necesitan alrededor de 80 maestros.
Traducción: Beatriz Limón

