Ocho años pueden parecer sólo un número. Para Sylvia Arana no lo eran. Los convirtió en días. Uno por uno. Contó 2,920 jornadas de golpes, miedo, silencio y violencia doméstica. Sólo entonces sintió que la cifra reflejaba la dimensión de lo que había vivido.

Así nació el título de su nuevo libro, escrito años después: “Muda 2920 días”.

En la portada del libro aparece un monitor cardíaco. La línea asciende en picos irregulares hasta desvanecerse en un trazo horizontal sobre un fondo rosa sepia.

“En mi caso quedó horizontal, no por fallecer, sino por permanecer con ese daño emocional muchos años después”, dice Sylvia, inmigrante mexicana de 53 años y madre de dos hijos.

La violencia no ha dejado de marcar su vida. Antes de presentar “Muda 2920 días” en el Consulado General de México en Phoenix a finales de junio, escribió “Muerte en pena” en 2021, un libro que relata la historia de una madre enfrentando el encarcelamiento de sus dos únicos hijos en Arizona.

Esa madre es ella.

“Mi hija cometió un robo bajo la influencia de las drogas. Al tratar de huir de la policía, se estrelló con un carro y mató a alguien. Mi hijo tuvo sus problemas, pero igual, miré la droga en el rostro de mis hijos, fue lo más pesado, aparte de lo que es la prisión”, dice.

Su hijo fue sentenciado por delitos distintos, entre ellos robo a mano armada.

Sylvia llegó a Arizona en 1987. Tenía 14 años. Era una joven inmigrante de Nogales, Sonora, que no hablaba inglés. El abuso de violencia la acompañó desde la infancia: primero en su hogar, después en la escuela por no conocer el idioma y, más tarde, en su relación de pareja.

Sylvia Arana recibió un reconocimiento en el Consulado General de México en Phoenix por la publicación de su libro más reciente, “Muda 2920 días”. Credit: Sylvia Arana

Pensó que sus hijos habían quedado a salvo porque nunca recibieron golpes ni el maltrato psicológico que ella soportó. Con el tiempo entendió que la violencia también se hereda a través de lo que se presencia. Hoy ve sus consecuencias en el rumbo que tomaron las vidas de sus dos hijos.

“Yo pensaba que ellos (sus hijos) no tenían excusa porque yo no los traté mal, los eduqué, pero ellos también venían arrastrando lo que miraron, a pesar de que ellos no recibieron golpes”, dice. “Hasta ahora comprendo que la violencia arrastra a todo el núcleo familiar”.

Su hija de 29 años, y su hijo, de 34, permanecen encarcelados en Arizona. Sylvia pronto se dio cuenta de que no estaba sola. Había otros padres atravesando la misma ausencia, las mismas preguntas y el mismo duelo.

Esa realidad la llevó a fundar Mosaicos Inc., una organización donde madres y padres de personas privadas de la libertad encuentran acompañamiento mutuo en sesiones guiadas por terapeutas y psicólogos.

“Cuando pasé por la situación de mis dos hijos entendí que hay cientos de miles de personas presas en el estado de Arizona, en cárceles y centros de detención migratoria”, dice. 

Arte en las cárceles: retrato de la hija de Sylvia y su nieto, pintado por una persona privada de la libertad. Credit: Sylvia Arana

Su voz se apaga por momentos, como si cada palabra cargara el peso de esa realidad. 

Se estima que cada año unas 117,000 personas ingresan a la cárcel en Arizona, según un análisis de 2019 del Prison Policy Initiative, un centro de investigación que promueve la reforma del sistema de justicia penal. Con una tasa de 1,680 ingresos únicos a la cárcel por cada 100,000 habitantes, Arizona se ubica ligeramente por encima del promedio nacional.

Para Sylvia, las cifras son algo profundamente personal.

“Cada persona encarcelada tiene una madre y un padre”, dice.

Arizona Luminaria habló con Sylvia sobre su nuevo libro, sus publicaciones anteriores y el trabajo que realiza apoyando a padres y madres de hijos encarcelados. Esta entrevista ha sido editada por motivos de claridad y extensión.

P: ¿Por qué es importante escribir este tipo de libros?

R: Después de que mis hijos están presos, ha despertado en mí muchas preguntas del por qué ellos están ahí, qué contribución tuve yo en el desarrollo de ellos, cuando yo pensaba que la violencia era solo para mí, que a mí nada más me golpeaban.

P: Te has vuelto conferencista, has escrito libros, has creado un grupo de ayuda. ¿Sientes que pudiste sanar del abuso?

R: Aún estoy tratando de salir. Si no lo hablas, es muy difícil. Yo tenía vergüenza y sentía que era algo que yo me había buscado. En ocasiones, las primeras palabras que recibes son: “Eres tonta porque te gusta estar ahí”, “te gusta que te golpeen”. Mejor te quedas callada; sientes más culpabilidad.

Pero también debemos asumir la responsabilidad de hasta dónde nosotros queremos aguantar. Yo no tomé esa responsabilidad. Yo tuve la oportunidad de salir. Debí haber buscado ayuda emocional y no la busqué. Son muchos factores que te dejan pensando.

P: ¿Este libro viene siendo una guía para las mujeres o qué busca?

Dibujo realizado por la hija de Sylvia Arana que representa cómo se siente durante su tiempo en prisión. Credit: Sylvia Arana

R: La narrativa del libro es perdonar y aprender. Hay muchas mujeres viviendo la violencia doméstica y nos quedamos ahí. Mi libro no es un consejo; es una historia donde se plasma que uno puede pasar por mucho y salir adelante.

La prueba es que me quedé callada por 20 años, pero hoy que decido hablar es porque dejé el miedo, la vergüenza y el estigma de la sociedad. Si mi historia llega a servir de ejemplo, qué bonito, porque todavía me estoy curando.

P: ¿Por qué fundas Mosaicos Inc.?

R: Me interesa ayudar a esas personas como yo que tienen hijos presos. Llegan padres que tienen a sus hijos en centros de detención, que están sufriendo la misma ausencia. Estamos creciendo. El 7 de julio abrimos la segunda sede en Chandler.

P: ¿Qué comparten en el grupo?

R: Nos reunimos. Llevamos al psicólogo, se hacen dinámicas de algún tema, como la pérdida. El duelo lo trabajan muchas veces como una pérdida por muerte. Nosotros también estamos teniendo un duelo porque no vemos a nuestros hijos.

Escuchamos que en el condado hay demasiadas muertes en las cárceles por consumo de droga, personas que supuestamente se suicidan, hay homicidios. Hay muchas situaciones que, como padres, estamos viendo que nos sobresaltan.

P: ¿Podrías contarnos un poco más sobre el libro que escribiste acerca de los padres de personas recluidas?

Mosaicos Inc., una organización donde madres y padres de personas privadas de la libertad encuentran acompañamiento mutuo.
Credit: Sylvia Arana

R: Escribí “Muerte en pena”. Fue en 2021, cuando mi hija fue sentenciada. Fue muy difícil enfrentarme a un millón de dólares de fianza. Cada vez que miraba al abogado, me decían que tenía pena de muerte.

Ese fue uno de los motivos por los que mi hija firmó como culpable. Mejor que firme 23 años de cárcel. Yo miro lo que es una sentencia del color de piel: mismos crímenes y un mundo de diferencia en el número de años.

Cuando observas las conversaciones, cuando escuchas a los padres con aquel dolor de que no tienen para pagar un abogado, y miras que la sentencia que le dieron a Paco Pérez es 20 años mayor que la de John Smith, ¿por qué? Es ahí donde nos llega la frustración. Tratamos de ayudarnos.

P: Es un ejemplo lo que haces ¿Qué mensaje les das a mujeres como tú?

R: Que se den la oportunidad de verse como seres humanos, esa oportunidad de vivir. Yo la perdí, pero me di cuenta de que si estoy aquí es por un propósito. Debemos darnos esa oportunidad como seres humanos de creer en uno mismo y tomar la iniciativa de buscar ayuda.

Creative Commons License

Republish our articles for free, online or in print.

Beatriz Limón es una periodista independiente que fue corresponsal en Arizona y Nuevo México de la Agencia Internacional de Noticias EFE. Licenciada en Ciencias de la Comunicación, fotógrafa profesional...