La mayor de cuatro hermanos, Cynthia Williams era muy protectora. Ayudaba a mantener unida a su familia y soñaba con convertirse en enfermera.

Su hermano menor recuerda verla peinarse con el cabello levantado en la parte delantera y delinearse los labios con un lápiz oscuro. En ese entonces, era una de las pocas niñas indígenas de su vecindario en Los Baños, California. Cynthia se destacaba, dice su hermano.

“Solíamos presumir de nuestra hermana, ella era nuestra líder”, dice Raymond Meza. “Era como una segunda mamá y estábamos orgullosos de ella”.

Cynthia tuvo a su primer hijo de seis a los 16 años, poco antes de mudarse por primera vez a Parker, en tierras de las Tribus Indígenas del Río Colorado. A lo largo de su vida, Cynthia sufrió relaciones abusivas, fue violada por un amigo de la familia y tuvo problemas de adicción, dice Raymond.

Intentó construir una vida para ella y sus hijos. Buscó tratamiento para su adicción y se inscribió en una escuela vocacional, donde se graduó con las mejores calificaciones de su clase en un programa de asistente de enfermería, recuerda Raymond.

Pero su vida no siguió un camino directo hacia la recuperación. Volvió a consumir drogas y, a medida que su adicción se profundizaba, se quedó con familiares y amigos, y en ocasiones consiguió trabajos ocasionales, como limpiar casas.

“Comenzó a autodestruirse; comenzó a consumir de nuevo”, dice Raymond, y agrega que alguien le había vendido drogas afuera de una reunión de Narcóticos Anónimos a la que asistía para mantenerse sobria.

Cuando Cynthia fue encontrada con signos de tortura y asesinada cerca de Parker en marzo de 2016, Raymond dice que los rumores y los juicios sobre ella comenzaron casi de inmediato. Tenía 42 años y era miembro inscrito de las Tribus Indígenas del Río Colorado.

Algunos de los comentarios más crueles, dice su hermano, provinieron de la propia comunidad tribal, incluidas publicaciones en redes sociales que redujeron a Cynthia a su adicción. Ella no era su “víctima perfecta”, dice.

“No era una persona intachable. Era la chica de la esquina a la que todos pasan por alto, es el tipo de chica que mi esposa (una oficial de detención) recibe y ve todos los días”, dice Raymond.

“Pero era querida y era una persona, y eso es lo que trato de hacer entender a todos”, continúa, con voz firme. “Su estilo de vida no significa que no tuviera un ejército de personas que la amaban, y no significaba que mereciera nada de lo que le pasó”.

En la década transcurrida desde el asesinato de su hermana, Raymond ha llevado ese mensaje más allá del caso de Cynthia, abogando por otras familias indígenas que buscan a sus seres queridos o buscan justicia después de una muerte. Para él, la lucha consiste en asegurarse de que las Personas Indígenas Desaparecidas y Asesinadas sean tratadas como si importaran.

La magnitud de la injusticia que continúa es difícil de medir, ya que no existe un registro completo de las personas indígenas desaparecidas o asesinadas a nivel nacional ni en Arizona.

Arizona alberga 22 Naciones Tribales reconocidas federalmente y fue identificado en un estudio nacional de 2018 como el estado con el tercer número más alto de mujeres y niñas indígenas desaparecidas o asesinadas en el país. El estudio del Urban Indian Health Institute se encuentra entre los más completos a nivel nacional e identificó poco más de 500 casos, 153 de los cuales “no existían en los registros de las autoridades policiales” en ese momento. Incluye casos de 1943 a 2018, con alrededor del 80% ocurridos desde el año 2000.

Un estudio legislativo de Arizona dos años después encontró que 160 mujeres y niñas indígenas fueron asesinadas en Arizona entre 1976 y 2018. Utilizando datos del Sistema Nacional de Personas Desaparecidas y No Identificadas, o NamUs, el estudio identificó a 12 mujeres indígenas desaparecidas en Arizona en ese momento. El comité detrás del estudio se disolvió en 2022.

En conjunto, los estudios se han convertido en fuentes fundamentales para comprender la magnitud de cuántas personas indígenas desaparecen o son asesinadas, así como el enorme subregistro histórico en Arizona.

En 2025, Arizona Luminaria lanzó una base de datos estatal sobre MMIP para profundizar la investigación y ampliar la comprensión de este problema.

El mismo año en que Cynthia fue asesinada, 2016, al menos otras cuatro mujeres indígenas fueron asesinadas en Arizona. Al menos una mujer indígena, Misty Rainy Bedonie, desapareció ese año, según una revisión de registros públicos realizada por Arizona Luminaria.

Dado el subregistro y las deficiencias en los registros públicos de las autoridades policiales, la base de datos de Luminaria no constituye un registro completo de la injusticia que continúa. Hasta ahora, la base de datos incluye a más de 100 mujeres y niñas indígenas que han desaparecido o fueron asesinadas en Arizona durante los últimos 70 años, de 1956 a 2026. El proyecto de investigación incluye historias sobre las vidas de las personas indígenas en el centro de este problema —como Rhia Almeida, de 7 años, de la Nación Tohono O’odham— y comparte lo que significan para sus seres queridos.

En ese mismo período de siete décadas, más de 100 personas identificadas como indígenas estadounidenses figuran como desaparecidas en Arizona hasta el 26 de octubre, según NamUs. De ellas, la base de datos nacional muestra que 24 fueron identificadas como mujeres, todas las cuales también están documentadas en la base de datos de Luminaria.

Raymond Meza encabeza una marcha contra las drogas y la violencia en Parker, Arizona, el sábado 28 de septiembre de 2024. La hermana de Meza fue asesinada, lo que lo llevó a abogar por poner fin a la violencia en la comunidad. Crédito: Michael McKisson. Credit: Michael McKisson

“No es mi bebé”

Raymond dice que al principio la familia defendía a Cynthia cuando otras personas expresaban preocupación por algunos de sus comportamientos a lo largo de los años. Pero a medida que su consumo de drogas se agravó, vieron cambios aterradores, incluidas visitas a la sala de emergencias y llamadas en medio de la noche en las que decía que no podía respirar y que algo estaba mal con su pecho.

Raymond dice que su familia y, en su opinión, su comunidad no se dieron cuenta inicialmente de lo rápido que el consumo de metanfetamina podía volverse destructivo. Aunque la droga no era nueva, a finales de la década de 1990 y principios de la de 2000 se estaba convirtiendo en una creciente preocupación de salud pública, particularmente en el Oeste, según un informe de 2000 de High Country News.

“Pasó tan rápido que ni siquiera sabemos cuándo comenzó, pero ella cambió”, dice Raymond. “Como de la noche a la mañana, todas sus prioridades cambiaron”.

Una noche a principios de marzo de 2016, la hermana menor de Raymond llamó después de enterarse de que habían recuperado un cuerpo de un canal de la zona. Había estado tratando de comunicarse con Cynthia sin éxito.

Raymond dice que inicialmente descartó el rumor porque no era inusual que Cynthia desapareciera durante semanas. Apenas habían pasado un par de días desde la última vez que supo de ella.

La preocupación creció en la comunidad de las Tribus Indígenas del Río Colorado. Raymond recuerda que compañeros de trabajo llamaban para preguntar por sus propias tías y hermanas en medio de sus turnos, mientras se difundía la noticia de que algo terrible podría haber ocurrido.

Poco después, acudió al Departamento de Policía de las Tribus Indígenas del Río Colorado para reportar la desaparición de Cynthia, principalmente para tranquilizar a su hermana menor. Al principio, Raymond tuvo la impresión de que el agente pensaba que estaba haciendo perder el tiempo al departamento.

“No me importó porque no quería que fuera mi hermana; quería estar haciéndole perder el tiempo”, dice Raymond.

Entonces mencionó un tatuaje que Cynthia tenía en el brazo. Le dijeron que esperara una llamada pronto. Sintió un escalofrío. No quería creer que el intercambio significara algo más allá del protocolo.

Al día siguiente, Raymond recibió una llamada del FBI en la que le preguntaban por la dirección de su madre. Dice que se apresuró a llegar con ella antes de que llegaran los agentes.

Llegó demasiado tarde para evitarle ese dolor a su madre.

“Podía escucharla gritando: ‘No es mi bebé, no es mi bebé’”, dice.

Identifican a los asesinos meses antes de los arrestos

Raymond dice que le mostraron una fotografía del cuerpo recuperado el 9 de marzo de 2016 de un canal en Poston, una localidad ubicada a unas 15 millas al sur de Parker y dentro de las tierras de las Tribus Indígenas del Río Colorado.

Estaba mirando el cuerpo de su hermana. La imagen hizo imposible seguir descartando la violencia.

“Alguien la ató con cinchos de plástico, la envolvió en plástico y la arrojó a un canal”, dice Raymond.

Una denuncia presentada en noviembre de 2016 ante el Tribunal de Distrito de Estados Unidos para Arizona señala que Cynthia tenía cinta adhesiva sobre la boca y marcas de ligaduras en las muñecas. Alguien utilizó un marcador negro para dibujar sobre su cuerpo. Partes de su cabello castaño oscuro habían sido afeitadas.

“Su rostro estaba golpeado y la parte superior de su cabeza era como si alguien le hubiera arrancado el cuero cabelludo”, dice Raymond.

Describe las lesiones como evidencia del tormento que sufrió su hermana antes de morir.

La denuncia, que hace referencia a un informe de autopsia de la Oficina del Médico Forense del Condado de Mohave, señala que Cynthia tenía múltiples cortes en el cuerpo y había sido apuñalada cuatro veces. Finalmente murió por asfixia debido a ahogamiento. Según el informe, múltiples lesiones causadas por golpes con objetos contundentes también fueron un factor significativo que contribuyó a su muerte.

“Ella no murió por las golpizas ni por sus heridas; encontraron agua en sus pulmones. Se ahogó”, dice Raymond. “Pasó por todo eso. Fue torturada”.

Raymond recuerda que cuando Cynthia tenía miedo, les decía a las personas que iba a ir a buscar a su hermano. Él quiere ser ese protector que su hermana mayor, recuerda. Quiere creer que “ella estaría orgullosa” de que él siga alzando la voz por ella.

Y entonces se le quiebra la voz. Raymond finalmente se permite llorar.

El FBI y el Departamento de Policía de las Tribus Indígenas del Río Colorado trabajaron juntos para investigar el asesinato de Cynthia, según la denuncia. Esta muestra que al menos un agente del FBI y un oficial de la policía tribal estuvieron presentes durante casi cada etapa de la investigación documentada en la denuncia.

Miembros de la comunidad señalaron a los asesinos de Cynthia, tanto a investigadores tribales como federales, posteriormente identificados como Jeffrey Scott Williams y Sharon Marie Clark, desde las primeras etapas de la investigación, según la denuncia. Algunos dijeron que Cynthia podría haberle debido dinero a Jeffrey Scott Williams. Otros dijeron que parecía tener miedo de algo o de alguien.

Varias personas también dijeron a los investigadores que Clark, la novia de Williams, había estado contando a otras personas que había golpeado a Cynthia antes de “hacer que un hombre se la llevara a algún lugar”, según los testimonios de testigos descritos en la denuncia.

Raymond dice que muchas personas ofrecieron apoyo, particularmente fuera de la comunidad tribal. Recuerda críticas más duras por parte de miembros de la tribu, incluidas publicaciones crueles en redes sociales que decían que ella merecía lo que le pasó.

“Cuanto más hacían eso, más erguido me mantenía”, dice Raymond, y agrega que algunas de las críticas continúan hasta hoy. “Ya superé eso. No me importa lo que piensen de ella porque ahora mismo, mi hermana está en un lugar donde nadie puede tocarla. Nadie puede hacerle daño”.

Para Raymond, culpar a la víctima no fue simplemente otra fuente de dolor para su familia. Él cree que también afectó la seriedad con la que algunos funcionarios trataron el caso de Cynthia, contribuyendo a retrasos en una investigación que, en su opinión, de otro modo se habría resuelto antes.

“Eso es lo que decimos sobre la policía aquí, que es difícil lograr que la policía tribal siquiera haga investigaciones porque ya tienen una idea preconcebida de las personas, ya tienen la mente decidida”, dice. “Si llamaras y dieras un nombre, simplemente pondrían esa cara de ‘Dios mío’, y entonces ya no es una llamada seria. Ese es el mayor problema por aquí”.

La denuncia describe que testigos señalaron tanto a Williams como a Clark —quienes posteriormente fueron condenados por el asesinato de Cynthia— como posibles sospechosos dentro de la primera semana después de que se encontrara el cuerpo de Cynthia a principios de marzo. Según la denuncia, los investigadores los entrevistaron por primera vez por separado alrededor de finales de marzo.

No quedó claro de inmediato por qué no fueron arrestados sino hasta ocho meses después. Ni el Departamento de Policía de las Tribus Indígenas del Río Colorado ni el FBI respondieron a las solicitudes de comentarios de Arizona Luminaria sobre el relato de Raymond.

Un incidente en particular destaca para Raymond.

Raymond dice que un hombre acudió con William Ponce, quien entonces era jefe de la Policía de las Tribus Indígenas del Río Colorado, y le dijo que no podía dormir porque sabía quién era responsable de la muerte de Cynthia. Raymond dice que Ponce lo rechazó. El hombre siguió tratando de conseguir que los agentes tribales lo escucharan, pero nadie actuó sobre la información, dice Raymond.

Ponce ahora se desempeña como sheriff del Condado de La Paz. No respondió a una solicitud de comentarios de Luminaria sobre las afirmaciones de Raymond. Su página de LinkedIn indica que dejó de desempeñarse como jefe de policía de la tribu en octubre de 2016, el mes anterior al arresto de los asesinos de Cynthia.

Raymond dice que no fue sino hasta que la hermana menor de Cynthia puso al hombre en contacto con el FBI que pudieron organizar que llevara un micrófono oculto y grabara durante horas conversaciones incriminatorias con los asesinos de Cynthia. Raymond dice que las grabaciones condujeron poco después al arresto de Williams y Clark en noviembre de 2016.

“Así que el caso ya estaba resuelto desde el principio, pero el jefe, William Ponce, no quiso escucharlo”, dice Raymond, con la voz cada vez más rápida y fuerte mientras menciona al jefe de la policía tribal cuyo departamento ayudó a investigar la muerte de su hermana.

El relato de Raymond sobre el hombre que intentó comunicarse con la policía tribal y que posteriormente fue equipado con un micrófono oculto por investigadores federales para grabar conversaciones con los asesinos de Cynthia no está detallado en la denuncia federal de 33 páginas revisada por Arizona Luminaria. Sin embargo, la denuncia señala que “se realizaron más de ochenta entrevistas” durante el curso de la investigación de ocho meses, pero solo alrededor de una docena de entrevistas con testigos fueron documentadas en detalle.

En sus entrevistas con los investigadores, Williams y Clark admitieron haber participado en cierta medida en el crimen contra Cynthia, pero finalmente se culparon mutuamente por el asesinato.

Ambos se declararon culpables de asesinato en segundo grado y de ayudar y ser cómplices en 2017, y cada uno fue sentenciado a 25 años de prisión. Ninguno de los dos era miembro de las Tribus Indígenas del Río Colorado.

Raymond Meza lleva un collar de Personas Indígenas Desaparecidas y Asesinadas durante un evento que organizó en Parker, Arizona, el sábado 28 de septiembre de 2024. Crédito: Michael McKisson. Credit: Michael McKisson

“¿Y si ella no hubiera importado?”

Cuando Cynthia fue asesinada, Raymond no sabía qué hacer. Dice que su primer instinto fue encontrar él mismo a las personas responsables.

“Quería ir a patear algunas puertas y quería ir a matar a alguien”, dice.

Entonces vio a su madre, devastada por la muerte de su hija mayor, sentada a su lado. Raymond dice que se dio cuenta de que, si iba tras las personas que sospechaba que eran responsables, su madre y su hermana menor también podrían seguirlo en esa violencia. No podía permitir que eso sucediera.

En cambio, recurrió a la comunidad en busca de ayuda.

“Estábamos tan perdidos ese día”, recuerda Raymond.

Él y su familia pidieron permiso para colocar carteles en negocios locales. Comenzaron a recopilar pistas sobre lo que podría haberle sucedido a Cynthia y a compartirlas con los investigadores. Inicialmente reunieron alrededor de 5,000 dolares de su propio dinero para destinarlos a un fondo de recompensa por información que condujera al arresto de los asesinos de su hermana.

La recompensa aumentó a 15,000 dólares con fondos provenientes de “el gobierno tribal, las fuerzas del orden y donaciones de la familia”, según un informe de noticias de 2016.

En mayo de 2016, Raymond ayudó a organizar una marcha contra las drogas en su comunidad, con la esperanza de llamar también la atención sobre el caso de su hermana. La fotografía de Cynthia fue impresa en la parte posterior de las camisetas del evento.

“Tenía miedo de que nadie se presentara”, dice. “¿Y si ella no hubiera importado?”

Raymond Meza encabeza una marcha contra las drogas y la violencia en Parker, Arizona, el sábado 28 de septiembre de 2024. Crédito: Michael McKisson. Credit: Michael McKisson

Unas 300 personas asistieron, la mayoría de fuera de las comunidades aledañas del Condado de La Paz. Su presencia significó que el mensaje de la familia estaba llegando.

Al año siguiente, otra familia de las Tribus Indígenas del Río Colorado le pidió a Raymond que ayudara en la búsqueda de un ser querido desaparecido.

Molina Yazzie desapareció en agosto de 2017 y fue encontrada muerta semanas después, aproximadamente 17 meses después del asesinato de Cynthia. Aunque la muerte de Molina fue declarada un accidente, su familia continúa cuestionando esa determinación. Sospechan que hubo un acto criminal.

Justo antes de Navidad de ese año, Raymond organizó otra marcha, esta vez junto con Katrina Yazzie, prima de Molina, para crear conciencia sobre su caso bajo el nombre del grupo Stand Strong Together. Desde entonces, el grupo comunitario ha organizado al menos una marcha local cada otoño, enfocándose en la violencia en su comunidad y creando conciencia sobre las personas indígenas que han desaparecido o han sido asesinadas.

Desde entonces, el activismo de Raymond lo ha llevado de Parker al Capitolio Estatal de Arizona, con una camiseta roja y un megáfono en la mano.

En una marcha “End the Violence” en septiembre de 2024, Raymond encabezó a más de 50 personas por un complejo de viviendas tribales y dirigió a los asistentes en consignas por justicia. La marcha tuvo lugar apenas unos meses después de que Anthony Logan, de 17 años, fuera asesinado en Parker en junio, colocando su nombre y su memoria en el centro de la reunión. El adolescente recibió un disparo mientras estaba sentado en su vehículo afuera de un parque comunitario, según informes de medios locales.

Familiares y seres queridos llevaban fotografías y carteles con los nombres de sus propios familiares desaparecidos y asesinados. Entre ellos estaba Cynthia, cuyo hermano menor ha pasado años asegurándose de que su historia no sea olvidada.

Traducción: Beatriz Limón

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Chelsea Curtis (Diné) is a reporter at Arizona Luminaria uncovering data and stories about Missing and Murdered Indigenous People in Arizona. Her work to launch a first-of-its-kind MMIP database was supported...