Si hubo un sonido que dominó como respuesta por parte de los asistentes durante la reunión pública del lunes por la noche sobre el Proyecto Blue, fue un estruendoso y entusiasta “¡BUUU!”.
La multitud de unas 1,000 personas llenó el Centro de Convenciones de Tucson para escuchar una presentación sobre el propuesto centro de datos, y gritaron ese “buuu” cuando los representantes de las empresas de servicios públicos locales y de la compañía desarrolladora del proyecto se presentaron; el estruendo se repitió cuando las presentaciones utilizaron el término “positivo en agua” y gritaron “¡mentira!” ante las promesas de uso de recursos renovables en el sitio propuesto.
Un grupo particularmente ruidoso de adolescentes se subía repetidamente a las sillas, levantaba carteles por encima de sus cabezas y gritaba hasta quedarse sin voz en una enérgica desaprobación ante cualquier argumento a favor del Proyecto Blue.
“Permítanles presentarse para que podamos escuchar lo que tienen que decir,” suplicó Andrew Squire, vocero de la ciudad de Tucson, a la multitud que expresaba su descontento durante los primeros minutos de presentación de los panelistas. “Todavía pueden desahogarse abucheando después”.

Si la reunión del lunes fue un indicio de cómo se sienten muchos residentes de Tucson sobre la llegada de un centro de datos masivo al desierto, la respuesta fue un rotundo no — subrayado por una mezcla de enojo hacia la manera en que las autoridades han presentado el proyecto y desconfianza ante las afirmaciones sobre agua y energía hechas por los promotores del proyecto.
Fue la tercera reunión pública antes de la sesión de estudio del Concejo Municipal de Tucson, programada para el miércoles, en la que se discutió por primera vez la propuesta del masivo y secreto centro de datos conocido como Proyecto Blue.
El polémico proyecto del centro de datos es uno de los desarrollos más grandes que jamás hayan sido considerados por la ciudad o el condado.
La mayoría de los residentes locales no se enteraron del proyecto hasta junio, cuando la Junta de Supervisores del Condado de Pima votó a favor de vender 290 acres de terreno no incorporado a Beale Infrastructure, una empresa que desarrolla centros de datos en todo el país.
En las semanas y meses posteriores a esa votación, surgió una amplia coalición llamada No Desert Data Center para oponerse al proyecto.
“¡La gente de Tucson dice no al centro de datos en el desierto!”, decía el pie de foto de una publicación en Instagram, hecha tras la reunión del lunes en la página de la organización. “A medida que se desarrolla el Proyecto Blue, la comunidad está conociendo más y más sobre el verdadero carácter de este centro de datos tan secreto y se está levantando para defender nuestro suministro vital de agua y decir no a las ganancias privadas a costa de recursos públicos”.

“No vienes a nuestro desierto a faltarle el respeto”
Daniel García proviene de una familia que ha vivido en Tucson por seis generaciones. Atesora las historias que le contaban su madre y su abuela sobre las tardes que pasaban reunidos junto al río Santa Cruz, una realidad que, dice, hoy ya no es posible debido al prolongado periodo de sequía.
“Las raíces de mi familia solían ser tan profundas como el nivel freático, pero lamentablemente eso ha disminuido”, dijo García. “Creemos que traer el Proyecto Blue a nuestra comunidad tendría un impacto negativo porque el recurso número uno que debemos proteger es el agua”.
García fue uno de los muchos oradores en la reunión del lunes que cuestionaron el uso de agua del Proyecto Blue y enfatizaron la importancia del agua en el paisaje desértico de Tucson.

El Proyecto Blue promete eventualmente construir una tubería de agua reciclada hacia los 290 acres de terreno propuestos para el proyecto, cerca del recinto ferial del condado de Pima. Los desarrolladores afirman que utilizaría agua potable durante los primeros años del proyecto.
Scott Schladweiler, subdirector de Tucson Water, dijo que el proyecto tendría un balance hídrico positivo y que “repondría al menos el 100 % del consumo anual de agua”.
Sin embargo, señaló que “la positividad hídrica es aún algo que necesita ser revisado y discutido”.
Christina Casler, directora del equipo de desarrollo de Beale enfocada en infraestructura hídrica, dijo que comprendía la preocupación sobre el uso de agua del centro, pero prometió que se compensaría de alguna manera.

“Sé que hay cierto escepticismo sobre lo de ser positivos en lo del agua. Puedo admitirlo. Lo escucho. Pero cada gota… también tendremos requisitos para la reposición del agua, ya sea mediante el cobro o la financiación de proyectos cruciales, como la remediación de PFAS, proyectos clave para traer más agua a este sistema”.
La multitud respondió con gritos de incredulidad.
Durante décadas, los residentes del sur de Tucson han lidiado con la contaminación del agua vinculada a desechos industriales, incluido el tricloroetileno o TCE, y más recientemente los compuestos PFAS, conocidos como “químicos eternos”.
“Lo siento, pero no lo entienden. Estamos extrayendo de una fuente que se está agotando”, dijo la arquitecta paisajista Caryl Clement al panel durante los comentarios públicos. “No se viene a nuestro desierto a faltarle al respeto”.
Deni Ritchey

“Estoy harta de que nuestros funcionarios electos no nos escuchen y prioricen las ganancias a corto plazo por encima del medio ambiente, sinceramente. Me encanta vivir aquí, y amo el Desierto de Sonora. ¿Cuánto tiempo más vamos a poder vivir aquí, y vamos a poner en riesgo el desierto para que un par de multimillonarios se metan un poco más de dinero al bolsillo, dinero que ni siquiera necesitan?”, dijo Ritchey, cuya primera reunión pública a la que asistió fue sobre el Proyecto Blue. “Reorganicé todo mi horario para poder estar aquí porque sentí que me arrepentiría si no hacía todo lo que estuviera en mis manos”.
Gloria Ramirez

“Creo que las personas que nos representan y por las que votamos deberían habernos compartido más información antes para que hubiéramos entendido lo que está pasando más pronto”, dijo Gloria Ramírez, quien ha vivido en Tucson desde que asistió a la Universidad de Arizona y conoció a su esposo allí. “Quiero que todos tengan mucho cuidado con nuestros recursos. Tengo nietos y quiero que crezcan en Tucson”.
Eliseo Gomez

“Mis estudiantes, sus familias y los miembros de la comunidad a los que sirvo son objetivos de ICE (la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos), por esas razones, estoy en esta lucha,” dijo el maestro de escuela pública Eliseo Gómez, quien asistió a la reunión el primer día de clases.
Él ve a Amazon como vinculada al daño que causa la aplicación de la ley migratoria en la comunidad mayoritariamente latina donde enseña. Los reportajes de Arizona Luminaria revelaron que la empresa detrás de los centros de datos es Amazon Web Services. Una serie de investigaciones ha mostrado que AWS aloja un sistema de gestión de datos operado por la compañía de software Palantir y usado por el gobierno federal para rastrear inmigrantes.
Jana Segal

“La tierra propuesta para el centro de datos ya ha sido zonificada para ciertos tipos de uso industrial que incluyen centros de datos. Así que algún tipo de desarrollo ocurrirá, nos guste o no, y requerirá agua”, dijo Segal, quien es la líder del comité de agua de Sustainable Tucson. La organización sin fines de lucro ofrece capacitaciones y reuniones regulares sobre temas de sostenibilidad para los residentes de Tucson.
“Al menos la alcaldesa y el concejo podrían exigir algunas medidas de control para asegurarnos de que no usen más agua de la prometida o que el suministro de agua pueda ser cortado”.
Tom Tarter

“Me pregunto, ¿van a seguir devolviendo el agua al suelo para que se convierta en agua potable, o el agua será desviada?” preguntó Tarter, quien se había formado detrás de las sillas para comentarios públicos incluso antes de que comenzara la reunión. Él vive cerca del Proyecto de Recarga del Área Sureste de Houghton, una estación de recarga de agua utilizada para reponer el acuífero.
“No estoy a favor. Es una locura en el desierto, consumen mucha agua y no necesitamos consumidores de agua”.
Richard Hines

Richard Hines, electricista, tiene una postura más mesurada respecto al Proyecto Blue. Para él, los 10 años de empleos esperados durante la construcción no son algo a corto plazo, y no ve un panorama positivo para su tipo de trabajo.
Hines, que es miembro del Local 570 del Hermandad Internacional de Trabajadores Eléctricos, trabaja en el sistema Roadrunner Reserve II de Tucson Electric Power, un gran sistema de baterías para almacenar energía solar. “Necesitamos el trabajo”, dice.
Un comunicado de prensa del desarrollador del proyecto, Beale Infrastructure, indicó que TEP estaba desarrollando nueva capacidad de energía solar y almacenamiento energético “que le permitiría atender la primera fase del Proyecto Blue”.
John Washington colaboró en el reportaje.
Traducción: Beatriz Limón


