Grupos de estudiantes entran al salón de precálculo de dos en dos y de tres en tres, con sudaderas negras puestas y mochilas pesadas colgadas de un solo hombro.

Uno por uno, cada estudiante de University High School hace lo mismo: revisa su celular.

Algunos lo sacan de los compartimentos con cierre de sus mochilas, otros lo toman del bolsillo de sus jeans.

Aprovechando el momento, el maestro Thomas Gribble da un giro de 180 grados: en lugar de recordar la prohibición del uso del celular, se acerca al pizarrón.

“Ahora que tengo su atención concentrada, vean este código QR. Vamos a usarlo”, dice.

Los celulares se levantan hacia el pizarrón, las aplicaciones de cámara enfocan los cuadros amarillos en la pantalla y los estudiantes inician sesión en la apicación focus:ed. 

Ese día, parte de la clase se dedica a probar la aplicación que Gribble creó y a dar retroalimentación sobre lo que ocurre cuando sus teléfonos se bloquean y se convierten en calculadoras gráficas.

Una vez que los teléfonos se bloquean, solo se pueden usar aplicaciones como Desmos, una calculadora gráfica en línea, y Canvas, el software digital del aula. El celular —idealmente— se convierte en una calculadora durante aproximadamente una hora en el salón 114. Gribble busca aprovechar una tecnología que suele estar prohibida en el aula, ya que, la mayoría de las veces, los estudiantes la usan de todos modos.

“En su mayoría, los estudiantes tienen el deseo de aprender, y ese deseo ha cambiado un poco. Ya no es tan evidente como antes. Los celulares y las redes sociales han influido en eso”, dijo Gribble, de 40 años. “Con esta aplicación, puedo ampliar un poco los límites y presentarles más y diferentes formas de ver las matemáticas”.

Más de tres cuartas partes de las escuelas públicas en todo el país tienen una política que prohíbe a los estudiantes usar sus teléfonos celulares durante la clase, según el Centro Nacional de Estadísticas Educativas. Aproximadamente el 12% tiene una política que permite a los maestros decidir si los estudiantes pueden usar sus celulares durante la clase, indicó el centro.

En abril pasado, la Legislatura de Arizona aprobó una ley para reducir el uso de teléfonos celulares y redes sociales en las escuelas, excepto con fines educativos y en situaciones de emergencia. La ley exige que las escuelas creen políticas para disminuir el uso de celulares.

El Distrito Escolar Unificado de Tucson revisó su política sobre el uso de teléfonos celulares en julio para limitar las distracciones y las interrupciones.

La gobernadora de Arizona, Katie Hobbs, visitó Pueblo High School en agosto para una firma ceremonial de la legislación sobre el uso de teléfonos celulares, aprobada en abril de 2025. La ley reduce el uso de teléfonos celulares y redes sociales en las escuelas, excepto para fines educativos y emergencias. Crédito: Oficina de la Gobernadora de Arizona. Credit: Office of the Governor

Los estudiantes de la clase de precálculo de Gribble conocen las reglas. Algunos están dispuestos a trabajar dentro de ellas.

“Con las restricciones, (la aplicación) me hace estar más atento en clase”, dijo Avery, estudiante de segundo año. “Creo que la app es realmente útil, sobre todo porque ya tengo mi teléfono y es tentador (usarlo) porque está aquí, frente a mí”.

Otro estudiante valora la experiencia de usar el teléfono como calculadora en esta clase que conecta el álgebra universitaria con la trigonometría. “Me gusta más usar Desmos en mi teléfono como calculadora que una calculadora física, y el examen AP usa Desmos”, dijo el estudiante de segundo año.

Existen aplicaciones similares a Focus:ed disponibles en la tienda de apps. Gribble la ha personalizado para su salón de clases. Se comunica con estudiantes, familias y la administración sobre su uso. Las familias pueden optar por no participar.

Gribble, quien actualmente imparte cinco secciones de precálculo y está en su octavo año como docente, habló con Arizona Luminaria sobre el origen de la aplicación, sus objetivos y sus estudiantes, y sobre cómo integra ambos aspectos. La entrevista fue editada por claridad y extensión:

P: Tienes un título en ingeniería y has trabajado en una revista y en una empresa de tecnología. ¿Cómo te convertiste en maestro?
R: Una de las cosas que hacíamos en esa empresa, además de brindar soporte al cliente y ayudar a educar a los usuarios sobre distintas opciones, era trabajo comunitario, yo iba a escuelas secundarias locales a enseñar alfabetización informática y me gustó mucho. También me gustaba dar tutorías en la universidad. Así que la docencia siempre fue algo en lo que pensé que podría ser bueno. Cuando nos mudamos a Tucson, no tenía muchas oportunidades en tecnología. Empecé como maestro sustituto y tutor. Me gustó lo suficiente como para obtener una maestría en enseñanza y formación docente en la Universidad de Arizona. Uno de los requisitos era hacer prácticas docentes. Tuve la suerte de ser asignado a un excelente maestro mentor en UHS que justo se jubilaba ese año, y todo se fue dando. Siempre he querido hacer muy bien mi trabajo. Creo que una de las cosas más importantes de ser maestro es realmente preocuparse por lo que haces y por tus estudiantes.

P: ¿Cuándo comenzaste a crear la aplicación de manera formal?
R: Empecé aproximadamente una semana antes de que iniciara el ciclo escolar este año. En verano me desconecto bastante y unas dos semanas antes de que empiecen las clases vuelvo a activarlo todo. Siempre trato de hacer una reflexión significativa al final de cada año. Al final del año pasado estaba totalmente agotado de estar peleando con los estudiantes por el uso del teléfono. Pensé que tenía que hacer algo al respecto. Tenía esperanzas porque sabía que la gobernadora Katie Hobbs había firmado una prohibición estatal sobre los teléfonos. Suena genial, pero luego pensé: ¿cómo se va a hacer cumplir?

P: La creación de la aplicación parece unir tu faceta docente con tu lado creativo y tecnológico. ¿Es correcto?
R: Sí, es justo decirlo así. Creo que esto siempre ha sido parte de mí: me gusta tratar de entender las cosas y resolver problemas. Eso es la ingeniería: identificar problemas, proponer soluciones, probarlas y ver qué funciona. Y eso también lo he llevado a mi forma de enseñar, literalmente a cómo doy clase y cómo cambio políticas en mi salón. Pero la creación de la app es una manifestación mucho más evidente de ese deseo y de esa parte de mi personalidad.

P: ¿De dónde surgió la idea inicial de la aplicación?
R: Cuando empecé a enseñar, la mayoría de los estudiantes ya tenía teléfonos inteligentes. Pero el uso de redes sociales y la revisión constante como distracción era muy fuerte. Obviamente, la pandemia y el aprendizaje en línea fueron un gran catalizador para depender mucho más de la tecnología en la educación, con la idea de un dispositivo por estudiante —como una computadora— y el alejamiento del papel, el lápiz y los libros de texto hacia recursos digitales.

Veo que en educación alguien propone una idea y muchos dicen: “Sí, lógicamente suena muy bien”. Pero en la práctica no siempre funciona como se esperaba, porque es imposible saberlo sin experimentar.

Y en realidad nunca hay una experimentación intencional, porque el contenido de las materias cambia constantemente y los estudiantes también cambian todo el tiempo. Los sujetos de cualquier “experimento” educativo siempre están evolucionando. No culpo a los responsables de las políticas educativas por eso, pero creo que este impulso de trasladar todo al ámbito digital ha terminado por ser más permisivo con la presencia constante de estos dispositivos en el aula y, como resultado, los estudiantes no han desarrollado la capacidad de autorregularse para entender que “no, esto es durante la clase”. Si estoy usando mi computadora o mi teléfono, debería ser solo para el propósito que corresponde en ese momento, y no para algo como: “tengo un juego al que soy adicto porque tiene mecánicas diseñadas para generar adicción” o “tengo algoritmos de redes sociales que están alimentando mi cerebro con una dosis constante de dopamina”.

Por supuesto, no culpo a los estudiantes por esto. Creo que el libro “The Anxious Generation” me ha ayudado a replantear, en esencia, dónde está la responsabilidad. Probamos algo y, en retrospectiva, fuimos bastante ingenuos en la manera en que lo hicimos y, como resultado, se ha causado daño. Y eso también es responsabilidad nuestra corregirlo. Esto no es solo una observación mía. Yo soy solo un maestro en Arizona, no gano mucho dinero y podría tener cualquier otro trabajo. No siento que sea mi responsabilidad resolver todo esto. Y si algo así ocurre en mi salón de clases, simplemente pienso: bueno, esto está fuera de mis capacidades aquí. Entonces se convierte en una conversación entre la administración y las familias. Lo que pasa es que no puedo hacer eso por cada estudiante que tiene la tendencia de abrir TikTok, Snapchat o Clash Royale.

P: ¿Quieres vender la aplicación?
R: Definitivamente empecé esto para mí. El año pasado, al reflexionar, me di cuenta de que los teléfonos celulares eran tan grandes y tan dañinos para mis estudiantes que quería hacer algo al respecto. Quería tener esto en mi salón para no estar lidiando todo el tiempo con los teléfonos. Pero después pensé que probablemente debería ver si puedo monetizarlo de alguna manera. Mi hermano mayor tiene experiencia en tecnología y un MBA, y ha estado trabajando conmigo en algunas ideas. Ha ido a conferencias y ha hablado con personas del sector, y han mostrado optimismo. Han sido positivos al respecto. Hay mucho dinero circulando ahora mismo para herramientas educativas. Esto no encaja exactamente ahí; es más bien algo que permite el uso de herramientas educativas.

P: ¿A los estudiantes les gusta?
R: Algunos chicos dicen: “Wow, qué genial que hayas hecho esto”. Pero la reacción más fuerte y notable que tuve cuando lo probé con ellos la semana pasada fue el pánico. Hubo dos estudiantes que entraron en pánico después de que lo configuré en su teléfono. Me decían: “Señor Gribble, ok, veo que está funcionando, pero ¿puede quitarle el bloqueo a mi teléfono ahora?”. Y yo les preguntaba por qué. Y ellos decían: “No, es que no quiero que esté bloqueado ahora mismo”. Yo les preguntaba otra vez por qué, y ellos solo decían: “No sé, por favor”. En realidad, esa reacción me animó, porque significa que vale la pena. Creo que muchos estudiantes saben que tienen este problema. No puedo obligarlos. Así que lo único que puedo decir es: “Hay una prohibición de teléfonos en toda la escuela. Así que o usas esta aplicación en mi salón y puedes usar tu teléfono solo en las apps que yo permito, o simplemente no usas el teléfono en absoluto. Tú decides”.

Traducción: Beatriz Limón 

Creative Commons License

Republish our articles for free, online or in print.

Shannon Conner is the education solutions reporter for Arizona Luminaria supported by a grant from the Arizona Local News Fund. A reporter and editor, Shannon’s work has appeared in sports and news...