Yolanda Herrera se seca la esquina del ojo con un pañuelo, limpiándose las lágrimas mientras habla de las personas de su familia que han muerto de cáncer. Este es el legado que ella vincula con décadas de haber bebido agua contaminada con tricloroetileno, también conocido como TCE, en el sur de Tucson.
Sentada en una mesa de picnic de concreto afuera del Pueblo Neighborhood Center, Herrera, de 73 años, recuerda cómo el agua contaminada con TCE —desde aproximadamente la década de 1940 hasta la de 1980— afectó a su familia, y cómo eso la llevó a involucrarse en la lucha por el agua limpia durante más de 30 años.
Durante décadas, las familias del sur de Tucson han vivido con las consecuencias de la contaminación del agua, enterrando a sus seres queridos, organizándose para exigir rendición de cuentas y obligando a agencias federales y locales a enfrentar el daño causado. Muchas de estas familias ayudaron a construir el movimiento de justicia ambiental del sur de Arizona. Ahora, a medida que envejecen, defensoras y defensores de larga trayectoria como Herrera se enfocan en algo más: asegurarse de que la historia y la lucha inconclusa por el agua limpia se transmitan a una nueva generación.
La madre de Herrera, Josie Herrera, vivió hasta los 96 años, pero en sus sesenta fue diagnosticada con un cáncer raro y mortal.
“Pasó por cirugías y tratamientos. Le pusieron un hueso de un cadáver en la mandíbula. Le sacaron parte de la cadera para colocarla en la mandíbula y reconstruirla, porque el cáncer simplemente la fue carcomiendo, así que terminó sin dientes”, dice Herrera.
“Fue horrible ver a mi madre intentar recuperarse y comer”, dice. Su voz se quiebra. Contiene las lágrimas.
Más tarde, su madre también desarrolló leucemia. Sus últimos dos años fueron los más dolorosos, dice Herrera.
Hace una pausa, mira al cielo, un momento de silencio antes de hablar sobre la lucha de su hermana contra el cáncer y sobre los muchos compañeros y compañeras de Sunnyside High School que murieron de cáncer.
Su hermana, Becki Quintero, también fue diagnosticada con cáncer. Tiene más de 70 años.
“Ella es una sobreviviente, y espero que siga siendo una sobreviviente”, dice Herrera.
Más información
Celebración del 30.º aniversario de la Junta Asesora Comunitaria Unificada (Unified Community Advisory Board)
- Cuándo: 21 de enero de 2026, de 4 a 7 p.m.
- Dónde: El Pueblo Activity Center, 101 W. Irvington Road
- Más información: Sitio Superfund
Visita la exposición Living With Injury
- Cuándo: Del 14 de noviembre de 2025 a junio de 2026. Jueves a sábado, de 11 a.m. a 6 p.m.; domingo, de 11 a.m. a 4 p.m. (la entrada es gratuita los domingos)
- Dónde: Museo de Arte Contemporáneo de Tucson, 265 South Church Ave.
Visita la exposición El Pueblo 50
- Cuándo: La exposición en el patio está abierta de lunes a viernes, de 8:30 a.m. a 4 p.m., y los sábados de 8:30 a.m. a 1 p.m., hasta el 18 de enero. La celebración de clausura se llevará a cabo el 17 de enero, de 3 a 5 p.m. Habrá horarios de casa abierta para visitar las exhibiciones interiores que forman parte de la muestra. Los horarios de casa abierta se pueden consultar eneste calendario.
- Dónde: Patio de El Pueblo Neighborhood Center, 101 W. Irvington Rd., Edificio 1.
El hijo de Quintero, James, murió de cáncer. Linfoma no Hodgkin.Tenía poco más de 40 años.
“Tenía el tipo del que puedes sobrevivir. Pero él no lo logró”, dijo. “Después de más de un año de tratamiento, simplemente no sobrevivió”.
Otra hermana, Cecelia Herrera, también es sobreviviente de cáncer.
Desde al menos principios de la década de 1950, Hughes Aircraft, la Fuerza Aérea de Estados Unidos y otras empresas vertieron TCE y otros contaminantes —un solvente industrial que en ese entonces se usaba para desengrasar aviones— en zonas del sur de Tucson. Algunas personas, incluida Herrera, dicen que la contaminación comenzó en la década de 1940, cuando se construyeron tres hangares masivos —donde se limpiaban aeronaves militares— en el Aeropuerto Internacional de Tucson, cerca del Distrito de San Xavier de la Nación Tohono O’odham.
En 1942, la empresa Consolidated Vultee Aircraft Corporation (que más tarde se convirtió en una división de General Dynamics) construyó los hangares para modificar bombarderos B-24, según la Autoridad Aeroportuaria de Tucson.
La contaminación provocó casos de cáncer y otras enfermedades poco comunes debido al consumo de agua contaminada, hasta que los pozos fueron cerrados en 1983.
En ese momento, el TCE en la fuente de agua de Tucson era solo uno de muchos vertederos de desechos tóxicos en todo el país. A medida que las comunidades comenzaron a conocer cómo los desechos tóxicos podían afectar su salud y a llamar la atención nacional sobre el problema, el Congreso estableció en 1980 la Ley Integral de Respuesta, Compensación y Responsabilidad Ambiental, más conocida como Superfund. La ley creó un impuesto a las industrias químicas y petroleras y también estableció una amplia “autoridad federal para responder directamente a liberaciones o amenazas de liberación de sustancias peligrosas que puedan poner en riesgo la salud pública o el medio ambiente”, utilizando los ingresos del fondo fiduciario generado por esos impuestos para limpiar sitios contaminados.
La Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) agregó el Área del Aeropuerto Internacional de Tucson a la lista de Superfund en 1983. El sitio, de aproximadamente 24 millas cuadradas, incluye el aeropuerto, partes de la Nación Tohono O’odham, zonas residenciales del sur de Tucson y la Planta de la Fuerza Aérea n.º 44. Esta instalación militar de propiedad federal es una planta de fabricación de armamento operada por Raytheon Missile Systems Company, anteriormente Hughes Missile Systems, según el Departamento de Calidad Ambiental de Arizona.
Una investigación de la EPA identificó una de las fuentes de la contaminación: la Planta de la Fuerza Aérea n.º 44.
El agua subterránea contaminada en el sitio forma parte de la cuenca del río Santa Cruz, el acuífero que Tucson utiliza como su principal fuente de agua. Los pozos municipales contaminados en la zona han sido cerrados.
La lucha, que se ha extendido por décadas, para limpiar la contaminación continúa hasta hoy con líderes como Herrera, quien copreside un consejo asesor comunitario del Superfondo, involucrando a jóvenes en exigir que el gobierno rinda cuentas por la protección de su salud y por garantizar que el agua vuelva a ser segura para beber.
Tomando la estafeta de su padre
A principios de la década de 1980, el padre de Herrera, Manuel Herrera Jr., y la organizadora comunitaria Lorraine Lee viajaron a Washington, D.C., para crear conciencia sobre las enfermedades raras que estaban observando en su comunidad.
“Mi papá terminó siendo un defensor comunitario desde los 55 años y prácticamente hasta que falleció”, dice. Manuel Herrera Jr. murió en 2021.
Pasaron años de presión pública —incluida una intensa organización comunitaria por parte de familias del sur de Tucson, una serie de periodismo de investigación de Jane Kay en el Arizona Daily Star y una serie de demandas— antes de que Hughes Aircraft, funcionarios de la ciudad y otras partes admitieran algún tipo de responsabilidad.

En junio de 1985, un mes después de que se publicara la serie de Kay, se formó Tucsonans for a Clean Environment. Para entonces, los miembros de la comunidad ya sabían que su agua potable había sido contaminada por la industria militar. Una maestra mantenía una lista de vecinos que se habían enfermado, y cientos de residentes compartieron sus historias con Kay mientras ella investigaba la contaminación.
Los integrantes de Tucsonans for a Clean Environment serían los primeros de una larga lista de defensores de la justicia ambiental en el sur de Arizona.
Manuel Herrera Jr. fue miembro fundador de la Sunnyside Neighborhood Association en 1988. También ayudó a crear el Unified Community Advisory Board en 1995, lo que permitió que los residentes tuvieran una voz formal en el proceso de limpieza de la EPA.
Según la EPA, el grupo asesor ofrece “un foro público para que los miembros de la comunidad presenten y discutan sus necesidades y preocupaciones relacionadas con el proceso de toma de decisiones del Superfondo”, además de brindar a los funcionarios de la EPA la oportunidad de “escuchar y considerar seriamente las preferencias de la comunidad para la limpieza y remediación del sitio”.
Yolanda Herrera se unió a la Sunnyside Neighborhood Association y comenzó a asistir a las reuniones del consejo asesor a principios de la década de 1990, después de que su padre le sugiriera involucrarse. Actualmente es la copresidenta comunitaria.
En una entrevista en video que actualmente se exhibe en el Museo de Arte Contemporáneo de Tucson, como parte de la exposición Living With Injury, Herrera le dice a la entrevistadora, la científica ambiental Denise Moreno Ramírez, que el Unified Community Advisory Board fue creado para que los residentes pudieran hablar directamente con las agencias gubernamentales responsables de la contaminación del agua.
“Y mirarlos a los ojos y hacerles las preguntas difíciles, y asegurarnos de que no intentaran minimizar los efectos que estábamos sufriendo”, dice Herrera en el video. “Necesitábamos estar frente a ellos para que supieran lo que le hicieron a esta comunidad”.
La exposición del MOCA fue co-curada por la científica ambiental Sunaura Taylor, quien escribió un libro sobre la contaminación por TCE en el sur de Tucson y la lucha por la justicia ambiental, titulado Disabled Ecologies: Lessons from a Wounded Desert. El libro de Taylor examina los “efectos en cadena” de la contaminación en la comunidad, mayoritariamente mexicoamericana.
La curadora e historiadora Alisha Vásquez es co-directora del Museo de Herencia e Historia Mexicano-Americana en la Casa Sosa-Carrillo. La exposición presenta trabajos de artistas, periodistas e investigadores, entre ellos Alex! Jimenez, Franc Contreras y Ramírez. Forma parte de Survival and Resistance, un proyecto de un año de duración que busca reconocer el daño que han sufrido los habitantes de Tucson y celebrar el progreso y el conocimiento de los organizadores del sur de la ciudad.
Herrera dijo que es importante seguir transmitiendo ese conocimiento. A lo largo de décadas de trabajo voluntario en la organización comunitaria, Herrera ha colaborado con líderes nacionales y locales para asegurar que las voces de los residentes sean tomadas en cuenta mientras la EPA continúa limpiando la contaminación química que quedó atrás. También ha trabajado para educar a las generaciones más jóvenes, para que puedan dar un paso al frente y continuar defendiendo el acceso a agua limpia y saludable para los habitantes de Tucson.
“Necesitamos alentar a los jóvenes a que tomen la estafeta, se involucren y aprendan lo que ocurrió, porque hasta que no lo aprendan, existe el riesgo de que se repita”, dice Herrera. “Necesitamos a alguien que continúe exigiendo cuentas a nuestros funcionarios electos”.
El Pueblo Neighborhood Center se convirtió en un punto de encuentro para miembros de la comunidad que intentaban organizarse y exigir responsabilidades a empresas poderosas. Ahí fue donde el Unified Community Advisory Board se reunió por primera vez y donde continúa reuniéndose trimestralmente. El Centro de Salud El Pueblo albergó un programa sobre el TCE en el que las personas afectadas por la contaminación podían someterse a evaluaciones médicas y recibir atención de salud para ciertas enfermedades.
En noviembre se inauguró la exposición El Pueblo 50, que conmemora los 50 años de historia del centro vecinal y su papel como espacio de reunión comunitaria. Parte de la exposición destaca la lucha por la justicia y la rendición de cuentas, mientras los químicos TCE dañaban a familias del vecindario circundante.

“Las personas que literalmente pagaron con sus vidas”
Herrera formó parte del equipo de curaduría El Pueblo 50, junto con un grupo de otros residentes de larga trayectoria y líderes de la ciudad. Raúl Aguirre, un histórico líder y organizador comunitario chicano, también integró ese grupo. Aguirre fue conductor de un programa de radio a principios de la década de 1980. Su programa se titulaba “Tabúes y Realidades: Pláticas de la Vida”.
Aunque no estaba en las salas de reuniones donde los miembros de la comunidad se congregaban para exigir rendición de cuentas, Aguirre utilizó su plataforma en la radio para educar a la comunidad y responsabilizar a los políticos locales. Invitaba a médicos, científicos, defensores y a funcionarios electos locales “que se suponía debían estar haciendo algo al respecto”, dice Aguirre.
Aguirre fue amigo cercano de Lorraine Lee, la organizadora y líder comunitaria de Tucson que viajó en la década de 1980 junto al padre de Herrera a la capital del país para crear conciencia sobre las enfermedades raras en sus vecindarios. Se conocieron en Pueblo High School, donde él fue su gerente de campaña no oficial cuando ella se postuló para presidenta de la clase.
En la universidad, él la reclutó para ayudarle a reactivar el capítulo de la Universidad de Arizona de MEChA, siglas de Movimiento Estudiantil Chicano de Aztlán, un movimiento estudiantil fundado en 1969.
“Ella se volvió muy activa, ya sabes, defendiendo fondos, impulsando investigaciones y abogando por la comunidad del sur de la ciudad”, dice Aguirre.
Para entonces, Lorraine Lee ya era una líder en Chicanos Por La Causa. En ese papel, estableció vínculos con otras organizaciones nacionales de defensa. Aguirre atribuye su liderazgo y esas conexiones, al menos en parte, a que Tucson fuera designado como un sitio Superfund.
Lorraine Lee murió de cáncer de garganta en 2007, a los 52 años. Dejó un legado de justicia social y trabajo de organización comunitaria. Mientras Aguirre recorría la exposición Living With Injury durante la noche de inauguración en noviembre, sintió tristeza al saber que personas tuvieron que morir debido a la falta de conciencia o conocimiento. Dice que es importante conmemorar a quienes lucharon por un medio ambiente más limpio y sufrieron a causa de la contaminación.
“Los memoriales son importantes porque esas son las personas que literalmente pagaron con sus vidas por la falta de responsabilidad por parte de, ya sabes, algunas de las corporaciones y las instituciones”, dice Aguirre. “Así que creo que es muy, muy importante que honremos el liderazgo de personas como Lorraine, y de quienes siguen con vida y continúan contribuyendo”.

“La lucha continúa, the struggle continues”
En diciembre, aproximadamente un mes después de que se inaugurara la exposición Living With Injury en el MOCA, más de un centenar de habitantes de Tucson —muchos de ellos que crecieron en el sur de la ciudad— se reúnen cerca del área de juegos del parque Mission Manor.
Alrededor de una docena de personas en el parque sostienen fotografías impresas de sus seres queridos que murieron a causa de la contaminación del agua. Están allí para ver el nuevo mural de Alex! Jimenez, “Groundwater Embodied”, un mosaico de coloridas piezas de cerámica que representa un cuerpo tendido en el desierto, sobre el agua. Jimenez creció en el sur de Tucson y su obra ha estado centrada en el Desierto Sonorense y el agua.
Para este mural, Jimenez invitó a miembros de la comunidad durante todo el año a crear piezas de cerámica con los nombres de sus seres queridos o azulejos con la forma de las partes del cuerpo que fueron afectadas. Las piezas con nombres, en forma de ola, fueron pintadas de azul para representar el agua.
Antes de la develación del mural, organizadores comunitarios y líderes electos que crecieron en el sur de la ciudad hablan sobre el impacto del TCE y del movimiento de justicia ambiental de la región. Los sonidos de los columpios crujiendo, las risas de los niños y el rebote de un balón de baloncesto en la cancha llenan el ambiente, mientras Eduardo Quintana camina lentamente por una rampa hacia el escenario y toma el micrófono.

Quintana es un ex empleado de Hughes Aircraft y organizador sindical. Ayudó a fundar Tucsonans for a Clean Environment y se ha postulado varias veces a cargos públicos por el Partido Verde.
“Me sorprende estar aquí con un megáfono en la mano y rodeado de toda esta gente”, dice. “Pero, needless to say, la lucha continúa, the struggle continues, y es gracias a la gente joven, a las personas de 40 años como Alicia. No lo van a dejar pasar, porque o son víctimas, o sus familiares son víctimas, o personas que murieron. Nunca, nunca serán olvidadas, y por eso la lucha va a continuar”.
Quintana también aparece en la exposición del MOCA. En una entrevista en video, le dice a Moreno Ramírez que el objetivo de Tucsonans for a Clean Environment era lograr justicia. Dijo que eso aún no ha sucedido.
“La gente perdió a familiares”, dijo. “Hubo muertes. Las personas han estado enfermas durante décadas, sufriendo”.
Antes de que la ciudad y las compañías aeronáuticas admitieran irregularidades, miembros de Tucsonans for a Clean Environment tocaron puertas y encuestaron a sus vecinos. Usaron tachuelas en un mapa para rastrear dónde se enfermaba la gente. Ese mapa casi reflejaba el mapa de la pluma de contaminación de la EPA, donde las concentraciones más altas de enfermedades se encontraban más cerca de los pozos.
“Esto es generacional”
Eva Carrillo Dong pasó mucho tiempo en Mission Manor Park con su amiga cercana Dorrie Ann Duarte durante la preparatoria. Jugaban en un equipo de softbol femenino en el parque y bebían agua de las fuentes del parque. Esto fue a principios de la década de 1970, antes de que supieran que el agua que bebían estaba contaminada y las enfermaría.
A Duarte le diagnosticaron cáncer de hígado y murió meses después. Tenía 23 años.
“Ella era con quien se suponía que iba a envejecer y sentarme en una mecedora, ya sabes, hablando de los viejos tiempos”, dice Carrillo Dong, apoyándose en un bastón y usando una mascarilla para protegerse.

Carrillo Dong tiene dos enfermedades autoinmunes. Debido a la contaminación del agua, miembros de su familia han sido diagnosticados con tumores cerebrales, tumores hepáticos y otros tipos de cáncer, dice.
Eso incluye a su padre, Clemente Trejo Carrillo, y a su hermano, Tony Carrillo. Quienes no murieron de manera prematura han visto afectada su calidad de vida por enfermedades autoinmunes como el lupus y el síndrome de Sjögren. Algunas mujeres de la comunidad no han podido concebir, señala.
“No sabíamos que cuando teníamos 15 o 16 años, y perdíamos a nuestros padres y abuelos, eventualmente eso también nos alcanzaría, y que con el tiempo nosotros también nos enfermaríamos”, dice Carrillo Dong. “Y ahora nuestros hijos tienen, ya sabes, distintas cosas que les están pasando. Así que esto es generacional. No es solo una generación, no solo la generación de mis padres, es nuestra generación. Es la generación de mis hijos”.
Mientras las generaciones siguen viéndose afectadas por la contaminación del agua, esas mismas generaciones se han organizado y continúan exigiendo rendición de cuentas a los líderes.
Carrillo Dong observó y participó en discusiones sobre la limpieza del agua, pero sentía que las cosas avanzaban demasiado lento. Por ello, trabajó con Roberto Jaramillo y otros organizadores para educar a los líderes de la ciudad. En 2015, Carrillo Dong y Roberto Jaramillo fundaron Las Aguas, una organización que busca educar a la gente sobre la contaminación del agua en el sur de Tucson desde la década de 1940.
Carrillo Dong es ex integrante de la junta directiva del Distrito Escolar Unificado de Sunnyside. Dice que es importante seguir educando a la juventud sobre lo que ocurrió con el agua de Tucson. Espera que continúen dando un paso al frente y exigiendo a los líderes electos que finalmente hagan que el agua sea segura para beber.
“Reflexioné mucho sobre mi amiga porque pasamos tanto tiempo en este parque”, dice, conteniendo las lágrimas. “Divirtiéndonos tanto, con tantos buenos recuerdos”.
Cuando la fila de personas que se toman fotos frente al mural disminuye, Carrillo Dong se acerca al mural y lee en silencio los nombres en las piezas azules. Coloca su mano sobre la pieza con el nombre de su amiga de la infancia y luego sobre los nombres de familiares, tomándose un momento para honrar su memoria.
Traducción: Beatriz Limón

