Desde el tercer piso, el maestro Kasey Hopper llevará a los estudiantes ciegos o con discapacidad visual por las escaleras o utilizará un elevador.

Una vez afuera del edificio, sobre la avenida Stone en el centro de Tucson, los estudiantes podrían dirigirse a la Biblioteca del Condado de Pima o quizá cruzar la calle para tomar un autobús o el tranvía SunLink.

Ayudar a las personas a desenvolverse en el mundo —tanto en espacios grandes como pequeños— es el trabajo de Hopper como instructor certificado de orientación y movilidad.

A partir de agosto, realizará esa labor en la Escuela para Personas Ciegas de Tucson, una nueva escuela privada sin fines de lucro para estudiantes ciegos o con discapacidad visual.

La idea de la escuela, ubicada en el 149 N. Stone Ave., nació en febrero después de que la Junta Directiva de las Escuelas Estatales de Arizona para Sordos y Ciegos (ASDB, por sus siglas en inglés) votara a favor de cerrar su campus del lado oeste de Tucson. La decisión envió a los estudiantes sordos o con dificultades auditivas a un campus ubicado a 15 millas de distancia, en Oro Valley, y les indicó a los estudiantes ciegos y a quienes vivían en los dormitorios que debían integrarse a las escuelas de sus vecindarios.

La Escuela para Personas Ciegas de Tucson atenderá a estudiantes de kínder a preparatoria a partir del 3 de agosto y ya cuenta con alrededor de 14 estudiantes inscritos, casi todos exalumnos de ASDB. Hasta ahora, la escuela tiene nueve empleados, incluidos terapeutas del habla y ocupacionales, asistentes educativos y maestros de tiempo completo, muchos de los cuales trabajaron anteriormente para ASDB, institución que la primavera pasada también despidió a cerca de 60 empleados en Tucson.

“La idea de esto es muy alentadora porque estos estudiantes necesitan esa instrucción individualizada en braille, orientación y movilidad, así como maestros especializados en discapacidad visual, además de convivir con compañeros en un entorno donde se sientan exitosos y no relegados a un rincón”, dijo Hopper a Arizona Luminaria.

Hopper enseñó en ASDB durante 14 años. Esa experiencia, asegura, lo convirtió en un mejor maestro, una mejor persona y un mejor padre. Y aunque lleva consigo todo lo positivo de esa etapa, también aporta la experiencia de haber sido un estudiante ciego.

“Como persona legalmente ciega, lo entiendo”, dijo. “Entiendo el estrés, la ansiedad, el temor a estar entre grandes grupos de estudiantes y quedarse atrás. Así que el éxito de la escuela consiste en garantizar que estos estudiantes no sean dejados atrás, que tengan voz y que encuentren un propósito en la vida”.

La directora de la escuela, Kate Scally, comparte ese objetivo.

“Creemos firmemente en fomentar la independencia de nuestros estudiantes”, dijo Scally, quien fue maestra de música en ASDB y enseñó allí durante 15 años. “Ese es el sueño, ¿verdad?”.

Esa visión podría llegar a incluir a unos 30 estudiantes y más personal, señaló Scally. Actualmente, la escuela acepta únicamente a estudiantes que cuentan con las Cuentas de Becas de Empoderamiento (Empowerment Scholarship Accounts, ESA), explicó, y está trabajando para obtener la certificación estatal que le permita recibir eventualmente a estudiantes de escuelas públicas remitidos por sus escuelas de vecindario.

Scally comenzó a explorar la idea de crear la escuela en febrero, cuando quedó claro que ASDB cerraría y que ella perdería su empleo. En ese momento, 15 familias demandaron a ASDB al afirmar que la administración avanzó con planes para cerrar programas destinados a estudiantes ciegos o con discapacidad visual mientras “mantenía o priorizaba los programas para estudiantes sordos o con dificultades auditivas”.

“Creo que todos seguíamos esperando que hubiera algún recurso en ese momento”, dijo Scally a Arizona Luminaria. “Que quizá pudiéramos abogar por mantener la oportunidad de que los estudiantes permanecieran juntos como comunidad”.

Esa unidad y esas relaciones son lo más valioso para la madre de familia Sierra Vinson.

“Como madre, significa todo saber que mi hija aprenderá en un entorno donde los maestros no solo están altamente capacitados, sino que además sienten una verdadera pasión por ayudar a los estudiantes a tener éxito”, dijo Vinson, cuya hija Elena, de 11 años, se transferirá de ASDB a la nueva escuela.

“La apertura de la Escuela para Personas Ciegas de Tucson les da a familias como la nuestra la confianza de que nuestros hijos recibirán apoyo, serán alentados y tendrán todas las oportunidades para prosperar y seguir aprendiendo y creciendo junto a los compañeros con quienes han estado”, añadió Vinson.

ASDB tenía alrededor de 30 estudiantes ciegos o con discapacidad visual que necesitaban una nueva escuela. Algunos podrían transferirse a escuelas del Distrito Escolar Unificado de Tucson (TUSD). El distrito escolar más grande del sur de Arizona ha trabajado durante años con ASDB. Los estudiantes transferidos serían incorporados a los programas cooperativos de Pueblo High School y Morgan Maxwell K-8.

Durante una reunión en abril, TUSD abordó un plan para recibir a los nuevos estudiantes, incluyendo un modelo educativo, modificaciones en las instalaciones, servicios, proveedores y una inversión de 815 mil dólares.

Los líderes de la nueva escuela esperan preservar una comunidad, pero Hopper afirma que el impacto puede medirse estudiante por estudiante.

“Para mí, como especialista en orientación y movilidad, el éxito sería cambiar la vida de al menos un estudiante”, dijo. “Y esa es la cuestión. Si podemos cambiar la vida de un estudiante y darle un futuro que no podría obtener en otro entorno educativo, eso es éxito. Porque si cambias una vida, luego llegará otra, y otra más, y otra más. Es un efecto de bola de nieve”.

Traducción: Beatriz Limón

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Shannon Conner is the education solutions reporter for Arizona Luminaria supported by a grant from the Arizona Local News Fund. A reporter and editor, Shannon’s work has appeared in sports and news...