Gabriela Campos tiene la sonrisa amplia y la mirada curiosa de los fotógrafos que saben ver a las personas, no solo mirarlas. En su forma de acercarse y escuchar hay algo del fotoperiodista Nick Oza, esa capacidad de fluir con la gente y convertir instantes en imágenes cargadas de tiempo, emoción y humanidad.

Esa misma sensibilidad es la que hoy la convierte en la primera ganadora de la beca visual “Nick Oza Visual Fellowship”, creada por Altavoz Lab en honor al fotógrafo de Arizona ganador de dos premios Pulitzer.

“Me parece increíble”, dice Valeria Fernández , fundadora y directora de Altavoz Lab, una organización dedicada a guiar, capacitar y apoyar a periodistas locales. “Creo que con la selección de Gabriela el proyecto va a cobrar una nueva vida y va a comenzar a ser el legado de cada uno de los fotoperiodistas que participan”. 

Para Valeria, ya no se trata únicamente de la beca de Nick. Se convierte en la beca comunitaria de Gabriela Campos, “y de quien siga sus pasos; queremos que perdure durante muchos años en el futuro”.

Gabriela Campos camina por las calles de Tucson. Credit: Beatriz Limón

Durante muchos años, Nick enfocó su lente y su corazón en la dignidad de los migrantes que viven en las regiones fronterizas de Estados Unidos y en las naciones tribales. Con frecuencia compartía historias de su propia experiencia como inmigrante proveniente de la India. Nick fue mentor de cientos de fotógrafos de redacciones y de comunidades. Imaginar que la beca continúe existiendo en su nombre y más allá de él es un testimonio del amor duradero y de las enseñanzas a las que dedicó su vida.

La beca está dirigida a fotógrafos que, al igual que Nick, entienden la cámara no solo como una herramienta, sino como una forma de conectar con comunidades subrepresentadas.

Gabriela es fotoperiodista de planta en The Santa Fe New Mexican. Ella dice que quiere seguir documentando el papel de las mujeres dentro de la cultura lowrider y artística de la región.

A través de su lente, Gabriela Campos contará las historias de mujeres que impulsan la cultura lowrider y artística del suroeste, como la primera beneficiaria de la beca visual Nick Oza. Credit: Gabriela Campos

“Me interesa especialmente destacar a las mujeres dentro de la escena y la belleza, habilidad y gracia que aportan”, dice Gabriela. “Las mujeres ya no son simplemente modelos posando junto a los autos. Son pintoras, mecánicas, constructoras, organizadoras y narradoras que están moldeando la cultura misma”.

Gabriela fue seleccionada por un panel de reconocidos editores visuales y fotoperiodistas, entre ellos el fotógrafo Roberto “Bear” Guerra, quien además acompañará su desarrollo como mentor y guía durante la beca. 

“Realmente veo mi papel como el de un colaborador”, dice Roberto. “Me entusiasma tanto ofrecer orientación e ideas donde puedan ser útiles, como permitir que Gabriela lidere el camino”.

Dice que Gabriela ya está haciendo un trabajo fotoperiodístico con el mismo espíritu que caracterizaba a Nick, “hermoso, respetuoso y honrando a quienes le permiten entrar en sus vidas”. 

El trabajo de Gabriela le recuerda a Roberto el enfoque documental que definió la carrera de Nick: una fotografía construida a través de la paciencia, la empatía y la confianza con las comunidades retratadas.

“Hasta ahora, Gabriela ha trabajado de manera bastante tradicional como fotoperiodista, como también lo hizo Nick, pero sí creo que podría haber espacio en su proyecto para expandir su enfoque e incluir técnicas documentales más colaborativas y participativas”, dice. 

Gabriela Campos visita Tucson para reunirse con su mentor tras ser seleccionada por un panel de destacados editores visuales y fotoperiodistas, entre ellos el fotógrafo Roberto (Bear) Guerra.
Credit: Altavoz Lab

El 27 de septiembre de 2021, Nick falleció a causa de las lesiones sufridas en un accidente automovilístico. Tenía 57 años, estaba casado y tenía una hija. 

Para preservar su legado, Altavoz creó la beca en su honor, financiada mediante donaciones de amigos, colegas, familiares y miembros de la comunidad. 

Nick y Valeria fueron amigos durante muchos años. Ella está sentada en el comedor de su casa mientras sus hijos, Sol y Nitín — quien lleva el nombre de Nick — juegan a su alrededor. Imagina el futuro.

“La meta es que esta beca pueda seguir por 10 años, 20 años; eso es lo que yo quisiera”, dice.

 “Quizás pase a otra generación, quizás algún día sea parte de una organización más grande, pero el espíritu comunitario de la beca Nick Oza siempre va a permanecer”, dice.

Valeria Fernández y Gabriela Campos visitan el mural en honor al fotógrafo Nick Oza en Phoenix el 8 de mayo.
Credit: Altavoz Lab

Valeria sonríe mientras la tarde de mayo se instala lentamente en su hogar, decorado con fotografías tomadas por Nick y aún impregnado por el espíritu de sus pasadas visitas. Ese lugar, donde cantaban, conversaban, reían y compartían sueños sobre cómo podría ser el periodismo cuando se pone a las personas en primer lugar.

“Es una idea tan linda que todo el mundo se puede enamorar de ella”, dice.

Durante un desayuno a mediados de mayo en un restaurante mexicano de Tucson, Gabriela, rodeada de periodistas locales que le daban la bienvenida al sur de Arizona, asimila el momento. 

“Me encanta la sensación de estar aquí”, dice. 

Viajó desde Santa Fe para reunirse con su mentor de Altavoz.

Ella recuerda que se resistió a dedicarse a la fotografía porque no sabía cómo podría sostenerse económicamente. Pero, al final del día, siempre terminaba tomando fotografías.“Es algo que me encanta hacer”.

Con el tiempo, dejó de luchar contra ese impulso.“Si el universo quiere que sea fotógrafa, lo seré”, dice.

Gabriela nació y creció en Santa Fe. En la preparatoria tomó la vieja cámara Pentax de su padre y nunca la soltó. Su trabajo ha sido publicado en The New York Times y The Guardian, y forma parte de la colección permanente del Museo Nacional de Historia Americana del Smithsonian. Pero gran parte de su trabajo ha permanecido cerca de casa. Durante ocho años ha fotografiado la vida cotidiana de su ciudad natal en el suroeste de Estados Unidos.

Esta entrevista ha sido editada para mayor claridad y extensión. 

P: La vida y obra de Nick Oza se distinguieron por su cercanía con las comunidades que retrataba. ¿De qué manera buscas reflejar ese mismo compromiso en tu proyecto fotográfico?

R: He pasado años construyendo relaciones dentro de la comunidad lowrider, y en este punto siento que he dejado de ser simplemente una observadora. Siento que realmente soy bienvenida dentro de la comunidad que fotografío, y esa confianza ha moldeado mi trabajo de maneras significativas.

Ese enfoque es algo que admiro profundamente en el trabajo de Nick Oza. Sus fotografías transmitían cercanía y cuidado porque estaban arraigadas en relaciones humanas. Intento abordar mi trabajo de la misma manera. Para mí, la fotografía nunca se trata únicamente de hacer imágenes; se trata de conexión, de escuchar y de ganarse la confianza con el tiempo.

P: ¿Cómo entiendes el concepto de “tomarse el tiempo” en este proyecto y qué esperas descubrir o capturar que no sería posible en una asignación de noticias más inmediata?

R: Como fotógrafa de noticias diarias, a menudo se me pide entrar en el mundo de alguien durante 20 minutos, si tengo suerte, quizá unas cuantas horas, hacer fotografías y luego pasar rápidamente a la siguiente asignación. Rara vez hay tiempo para que los momentos se desarrollen de manera natural.

Lo que más me entusiasma de esta beca es la oportunidad de desacelerar. Podré regresar varias veces con las personas, pasar tiempo con ellas más allá de un solo evento y permitir que los momentos se desarrollen orgánicamente en lugar de apresurarme a capturar algo de inmediato. Hay una verdadera alegría en trabajar de esa manera.

P: Al documentar esta cultura, ¿cómo buscas preservar y honrar el legado de Nick Oza, tanto estéticamente como en la manera en que las historias se cuentan a través de tus imágenes?

R: Contando historias arraigadas en mi propia comunidad y tratando esas historias con cuidado y dignidad. Una de las cosas que más admiro de su trabajo es lo profundamente conectado que se sentía con las personas que fotografiaba. Sus imágenes celebraban las vidas cotidianas y al mismo tiempo las elevaban.

Eso es algo a lo que aspiro tanto en mi trabajo periodístico como en este proyecto a largo plazo. Quiero que quienes vean mis fotografías sientan una sensación de intimidad: momentos honestos, humanos y emocionalmente sólidos.

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Beatriz Limón es una periodista independiente que fue corresponsal en Arizona y Nuevo México de la Agencia Internacional de Noticias EFE. Licenciada en Ciencias de la Comunicación, fotógrafa profesional...