Aficionados de todo el mundo llenan ciudades, estadios, bares, restaurantes, hogares y espacios comunitarios este verano para disfrutar de uno de los eventos deportivos y culturales más populares del mundo.

La 23.ª Copa Mundial masculina de la FIFA, que se celebra este verano, es la primera en contar con 48 selecciones y tres países anfitriones: Canadá, México y Estados Unidos.

En Tucson, los aficionados se reúnen frente a televisores y pantallas de proyección para apoyar a sus equipos y jugadores favoritos, mientras aprovechan un respiro del intenso calor del verano. Los partidos generan un flujo constante de clientes para algunos pequeños negocios durante la temporada más lenta de la ciudad y brindan a las personas la oportunidad de socializar y conectar de nuevas maneras.

Para quienes siguen el torneo desde Estados Unidos, los 39 días de competencia ponen en primer plano la diversidad y el carácter internacional del evento. El ganador de la semifinal del miércoles entre Argentina e Inglaterra, en este caso Argentina, se enfrentará a España en la final del domingo. El partido por el tercer lugar se disputará el sábado entre Francia y el perdedor del encuentro entre Argentina e Inglaterra.

Arizona Luminaria visitó algunos espacios en Tucson donde los aficionados siguen la Copa del Mundo para explorar qué significan estos partidos para las personas, cómo celebran las comunidades e identidades internacionales y qué hace que un lugar se sienta como un hogar.

Chris Martinez sits at Zerai’s International Bar in midtown to watch the Argentina-Egypt match on July 7, 2026. During the game, Martinez rooted for Argentina because he’s a Lionel Messi fan. But he also loves rooting for teams with a story, like Cabo Verde — a tiny island nation of about 530,000 people. He described watching one of Cabo Verde’s games as, “one of the greatest things that I've ever witnessed in my entire life.”

Chris Martinez permanece sentado en Zerai’s International Bar, en el centro de Tucson, mientras observa el partido entre Argentina y Egipto el 7 de julio de 2026. Credit: Summer Williams

Chris Martinez, originario de Tucson, ha seguido la Copa del Mundo desde que era niño.

“Mi primera Copa del Mundo fue en 2006. Era muy pequeño, tenía 7 años, y fue mi padrastro quien me la presentó. Me dijo: ‘Te va a encantar’. Me emocioné muchísimo y le hacía preguntas a mi mamá, como: ‘¿Sabías que esta es la bandera de Túnez?’ o ‘Esta es la bandera de Trinidad y Tobago’”, contó mientras observaba un partido sentado en una mesa del Zerai’s International Bar en el centro de Tucson. “Es una forma muy especial de aprender sobre diferentes culturas y países que no ocurre en un salón de clases y que hace mucho más accesible conocer cómo es una cultura frente a tus propios ojos”.

Martinez, maestro de inglés de sexto grado en BASIS Tucson North, dijo que la docencia le permite convivir con estudiantes de muchas culturas y que vivir en Tucson le da acceso a una comunidad más diversa.

Dijo que sigue de cerca las historias que surgen durante la Copa del Mundo y disfruta ver cómo diferentes culturas y comunidades se unen, incluso en un momento en que las conexiones internacionales en Estados Unidos parecen más complejas.

Rachael Colasanto observa el inicio del partido entre Noruega e Inglaterra desde el área entre la cocina y el mostrador de su cafetería y panadería Holy Focaccia el 9 de julio de 2026.
Credit: Summer Williams

“Antes de que comenzara la Copa del Mundo, estaba muy preocupado de que todo fuera un desastre. Y no era el único, especialmente considerando todo lo que ha estado pasando. Pero durante los primeros días empezaron a aparecer comentarios en las redes sociales de turistas diciendo: ‘Ustedes son encantadores’. O: ‘De verdad me encantan los estadounidenses’. También he visto muchísimos videos virales de personas diciendo: ‘Voy a llevar a estos turistas a comer barbecue coreano o barbecue texano’, invitándolos a almorzar o haciendo cosas así. Y ellos respondían: ‘Dios mío, esto está buenísimo’. Me da mucho gusto ver que, cuando los políticos no están de por medio, realmente nos llevamos bien”.

Rachael Colasanto dirige una panadería y cafetería donde los partidos se proyectan en una pared de la cocina abierta.

“Cualquier partido que se juegue mientras la panadería está abierta, lo vemos. La verdad es que cualquier equipo es divertido de ver”, dijo Colasanto. “Y siento que, especialmente en este torneo, ha habido países que simplemente han aparecido y nos han sorprendido”.

La cafetería-panadería de Colasanto,Holy Focaccia, abrió hace apenas cinco meses como un establecimiento físico, después de haber iniciado el negocio desde su casa en Barrio Viejo durante la pandemia y de vender en mercados de agricultores locales y en Slow Body Beer. Sin embargo, el lugar ya se ha convertido en el espacio que ella imaginaba: lleno de gente, comida y vida.

El local es pequeño y tiene pocos asientos, pero casi dos docenas de personas lo han llenado para ver los partidos.

“Sé que probablemente todos estamos cansados de hablar de lo lentos que son los negocios durante el verano, pero esto realmente nos ha mantenido a flote y ha llenado esos vacíos que deja la temporada, especialmente siendo un negocio nuevo. Así que extendemos nuestro horario. Los jueves suelen ser nuestro día más lento de la semana, y ver el lugar así de lleno definitivamente nos ayuda”.

Zakaria Boucetta y Rachael Colasanto posan frente al mostrador de Holy Focaccia el 9 de julio de 2026.
Credit: Summer Williams

Colasanto y su pareja, Zakaria Boucetta, son aficionados al fútbol desde hace muchos años. La familia de Colasanto tiene raíces en Italia y ella jugó fútbol desde los 4 años hasta la preparatoria. Boucetta, de ascendencia marroquí y portuguesa, nació en Canadá. Él diseñó el espacio y esperaba que el local estuviera listo para abrir a tiempo para la Copa del Mundo. Ambos eligieron Tucson como su hogar después de mudarse desde Nueva York. Los partidos representan una oportunidad para compartir su amor por otros países y por los lugares que han formado parte de sus vidas.

“Recuerdo perfectamente haber visto grandes partidos en distintos bares o restaurantes, y esos momentos siguen muy presentes en mi memoria. Ahora que puedo hacerlo en mi propio espacio, a veces me parece increíble”, dijo mientras estaba sentada en el mostrador de la panadería observando hacia la cocina, donde su equipo se preparaba para el servicio de la tarde. “Este es nuestro lugar, y podemos transmitir estos partidos. Tal vez tenga el mismo impacto en alguien más y recuerde que vio, no sé, a Marruecos perder —entre lágrimas— en Holy Focaccia. Los lugares tienen un significado muy especial para mí, y todo esto ha sido muy divertido”. 

Aarush Parvataneni posa junto a un cartel de la Copa del Mundo en el patio exterior de Zerai’s International Bar el 7 de julio de 2026. Parvataneni acudió al bar con un amigo para ver el partido entre Argentina y Egipto.
Credit: Summer Williams

Para Aarush Parvataneni, seguir la Copa del Mundo ha sido, en su mayor parte, una experiencia divertida desde la comodidad de su hogar.

“Es el evento deportivo más grande. Hay muchísimos equipos de todo el mundo y puedes ver, desde el punto de vista deportivo, a todos estos equipos de primer nivel competir entre sí. También hay muchas historias de equipos que llegan como favoritos inesperados, y eso siempre es emocionante de seguir. Pero además, fuera de la cancha, es fascinante ver cómo se encuentran y conviven distintas culturas y tradiciones futbolísticas, así como a los aficionados de todas partes del mundo. Se siente como una gran celebración”.

Parvataneni tiene un par de críticas sobre la Copa del Mundo: el precio de las entradas para los partidos y las pausas para hidratación en cada tiempo, que, en su opinión, interrumpen el ritmo del juego.

“Da la impresión de que solo buscan generar más dinero al incluir más anuncios, en lugar de preocuparse por los jugadores. Además, eso cambia la forma en que se desarrolla el partido, porque si un equipo lleva el impulso del juego y luego hay una pausa para hidratación, pierde ese impulso”.

Aun así, ha disfrutado seguir a distintos jugadores y las historias de los equipos sorpresa durante la Copa del Mundo, ya sea desde su casa o en Zerai’s International Bar.

“Creo que, en general, la gente y los aficionados son quienes han hecho grande a la Copa del Mundo, pero la FIFA y, supongo, los gobiernos o las personas con más poder, podrían haber hecho un mejor trabajo”.

Desde que se mudó hace cuatro años de Bangalore, India, a Tucson para estudiar en la Universidad de Arizona, Parvataneni sigue principalmente los deportes universitarios y el críquet.

“La Copa del Mundo nos hace apreciar la diversidad que existe en el mundo y cómo todos estos países son tan diferentes y únicos a su manera. Creo que eso es algo realmente increíble de ver y, no sé, también me dan ganas de viajar a todos esos países”. 

Luca Ravaglia posa frente a Zerai’s International Bar, en Tucson, con la bandera de Cabo Verde sobre los hombros el 7 de julio de 2026.
Credit: Summer Williams

Luca Ravaglia no se ha perdido ni un solo partido de esta Copa del Mundo.

Nació en Italia, pero creció en Phoenix. Dijo que el fútbol lo conecta con su familia y con su identidad italiana.

“Es algo muy importante en Europa; no se trata solo de los equipos. Significa mucho más para la gente. Poder seguirlo, involucrarte con un club, te ayuda a comprender mejor la cultura y, en general, la sociedad del lugar de donde vienes”.

En Tucson, ha visto todos los partidos de esta Copa del Mundo en Zerai’s International Bar. Conoció el bar cuando abrió hace más de dos años y, desde entonces, se ha convertido en un punto de encuentro para conocer mejor distintos deportes y equipos.

“Es casi como un centro internacional, tal como lo dice el nombre del bar. La gente llega, conoces personas nuevas y puedes ver cómo viven la experiencia, el orgullo que sienten por sus países. Vives aquí, en Tucson, pero al mismo tiempo puedes sentir ese ambiente internacional a través de las experiencias de quienes vienen a ver los partidos’.

Como Italia no logró clasificar a la Copa del Mundo, Ravaglia dijo que pudo apoyar a distintos equipos, especialmente a los considerados favoritos inesperados y a las selecciones africanas.

“Ha habido buenas historias y también malas. Tiene ambos lados”.

Aficionados disfrutan la Copa del Mundo en Tucson.

Ravaglia siguió de cerca la situación de Irán, cuya selección tenía previsto entrenar en el Kino Sports Complex de Tucson en junio, pero que posteriormente se trasladó a Tijuana, México, debido a problemas con las visas y al conflicto bélico con Estados Unidos que comenzó a principios de este año.

“Esas fueron escenas bastante desagradables que quedaron expuestas”, dijo Ravaglia.

También observó cómo personas de todo el mundo llegaron a Estados Unidos y experimentaron por primera vez la cultura estadounidense.

“En ese sentido, ha sido algo positivo para quienes pudieron venir desde distintas partes del mundo, conocer el país y vivir la experiencia. Pero también hubo aspectos negativos, como la resistencia por parte de la administración y todo lo relacionado con ello. Así que esas dos tensiones se han estado desarrollando al mismo tiempo”.

Traducción por Beatriz Limón

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Summer is a recent graduate of the University of Arizona School of Journalism. She focuses on visual storytelling, photography, and video.