Cada miércoles por la tarde, más de 100 personas hacen fila en una acera junto a Armory Park, en Tucson, para recibir una comida caliente servida en porciones abundantes desde recipientes humeantes colocados sobre una mesa plegable.
Se trata de una generosa donación de alimentos para una comunidad sin hogar que a menudo sufre inseguridad alimentaria; cada semana, los alimentos para la distribución semanal de Community Care Tucson se preparan en un pequeño grupo de cocinas domésticas. A principios de julio, en pleno verano, una de esas cocinas es la de Ash Fortune, voluntaria desde hace mucho tiempo y trabajadora de cocina profesional que ha perfeccionado el arte de preparar comidas en grandes cantidades para satisfacer a una amplia variedad de comensales.
“Me parece importante devolver algo a los demás, ser consciente de la suerte y el privilegio que tengo de no tener que preocuparme por cuál será mi próxima comida”, dice Fortune, quien ha cocinado para la distribución casi todas las semanas durante los últimos dos años.

Es un vistazo a una parte del trabajo que sostiene la red de ayuda mutua de Tucson, a través de la cual distintos grupos proporcionan alimentos, ropa y, en ocasiones, atención médica en diferentes zonas de la ciudad.
“Todos podemos hacer algo; simplemente puedes reunirte con tus amigos y empezar a atender las necesidades que ves en tu comunidad”, dice Fortune.

Mediodía: Hacer la lista de compras
Fortune se inclina sobre la barra de su cocina y mira su lista de compras. “Creo que 3 libras de mantequilla está bien”, piensa en voz alta. “¿O tal vez 4?”
Una cocina de la década de 1920, equipada con electrodomésticos modernos, en Armory Park, es donde ocurre la magia. “Mi espacio de trabajo”, dice.
Después es hora de ir a Restaurant Depot, donde compra unas 40 libras de pollo congelado, varias cajas de ejotes congelados y la mantequilla, que es crucial. El costo total es de 265 dólares, que Fortune paga con el apoyo de los ingresos estables de su pareja. “La mantequilla fue lo que más costó hoy”, dice.

Otro hogar se encargará de preparar unas 50 libras de papas, además de arroz y frijoles, mientras Fortune comienza a trabajar con el pollo y los ejotes; un grupo de personas también prepara alrededor de 200 sándwiches de crema de cacahuate y jalea cada semana.
Las verduras no siempre son populares, pero hoy los ejotes recibirán un trato especial. “La guarnición de verduras que llevaré probablemente estará bañada en mantequilla con ajo”.

1:35 p.m.
La primera olla con agua ligeramente salada se pone a hervir para las verduras mientras Fortune enjuaga el pollo. Habrá tres charolas de pollo, cada una con 20 libras de carne. Fortune sazona el pollo con entusiasmo: orégano mexicano entero, pimienta negra, chile en polvo, comino, ajo y sal de verduras.
“Yo mido con lo que siento en el corazón”, dice entre risas.
Luego, el pollo entra al horno para cocinarse durante la siguiente hora y ella desinfecta las encimeras. Si no hubiera una reportera y una fotógrafa en la habitación, dice Fortune, escucharía un audiolibro, quizá sobre la historia indígena local o sobre arqueología, con los audífonos puestos.

2 p.m.
Mientras los ejotes se vierten en grandes ollas de metal que hierven en la estufa, Fortune vierte la grasa animal en un recipiente de plástico para usarla después en la salsa gravy.
Luego, Fortune se ocupa de la limonada:
RECETA: 5 GALONES DE LIMONADA
8 tazas de concentrado de limonada
8 tazas de agua
9 tazas de azúcar
1 cucharada de sal
Disuelta en 10 tazas de agua caliente
Agrega el agua con azúcar y 8 tazas de jugo de limón a la jarra de 5 galones y llena el resto con agua fría.

3 p.m.
El mayor desafío de trabajar fuera de una cocina comercial, dice Fortune, es mantener los alimentos a una temperatura adecuada mientras se mantienen calientes. Para lograrlo, ha creado una mesa de vapor improvisada que estará junto a la olla de ejotes hirviendo.
RECETA: SALSA GRAVY PARA LOS EJOTES
Toma de 2 a 3 tazas de los jugos de la grasa del pollo horneado y lo hierve hasta que tengan un aspecto brillante.
Agrega 3 cucharadas de harina para hacer un roux.
Cocina hasta que el color se oscurezca.
Revuelve y luego agrega caldo de verduras.
Cocina a fuego lento mientras el líquido continúa espesándose.

5:41 p.m.
Afuera hace más de 100 grados y la temperatura dentro de la casa también sigue subiendo mientras se cocina el segundo lote de pollo.
Fortune se mueve con soltura entre todo, coordinando los múltiples platillos mientras también prepara la limonada y arma algunos recipientes adicionales de arroz y frijoles para tenerlos a la mano, por si acaso se les acaba la comida.
“Es horrible no tener suficiente. Se siente muy mal”, dice.
Faltan menos de dos horas y al pollo le quedan ocho minutos de cocción. Fortune mira con ansiedad la hora en su teléfono.

6 p.m.
Falta una hora para que comience la distribución y Fortune, con un suspiro de alivio, confirma que el pollo ya está cocido. Vierte los jugos de la cocción en una sartén y mete los ejotes al horno.
Luego, con guantes negros y haciendo gestos por el calor, desmenuza el pollo humeante y lo cubre generosamente con salsa barbecue mientras observa la charola. “La jugosidad frente al punto adecuado de cocción es la batalla que todos estamos librando”.

7:30 p.m.
La gente suele hacer fila antes de las 7 p.m., cuando comienza oficialmente la distribución de Community Care Tucson, y observa cómo las mesas de distribución salen de las cajuelas y los asientos traseros de los autos: hay una estación de chocolate caliente y café, una estación de atención médica y una estación de cuidado de mascotas.
A las 7:38 p.m., Fortune ya ha pasado a repartir la segunda charola de pollo.


8 p.m.
Mientras las personas avanzan por la fila, algunas cargando mochilas grandes o jalando carritos y otras llevando a sus perros, Fortune ya está con la tercera charola de pollo y las 50 libras de papas están casi listas.
En la mesa también se acabaron los ejotes.
¿Siente una sensación de satisfacción por lo que logró?
“Creo que sí siento satisfacción si todos reciben comida”, dice.
Y esa semana, así fue.

9 p.m.
Al final de la noche, Fortune envía una fotografía de su campo de batalla…su cocina.

Traducción: Beatriz Limón

