“¡Necesitamos lodo!”
“¡Más ramas!”
Unas pequeñas manos se apresuran a reforzar una represa en miniatura, hecha de piedras, tierra y ramas, antes de que un chorro de agua de una manguera ponga a prueba su trabajo.
“Vamos a ver si hay alguna fuga. ¡Aquí viene el agua!”, anuncia un voluntario, apuntando la manguera hacia la estructura construida por los niños y abriendo el chorro.
Los niños observan cómo el agua se acumula detrás de su represa. “¡Está aguantando!”, grita victorioso un niño.
El experimento fue una de las actividades prácticas del octavo BeaverFest anual de Watershed Management Group, donde habitantes de Tucson se reúnen para celebrar a los castores.
Por todo el festival se exhibían fotografías de estas criaturas de dientes prominentes, pelaje lustroso y su cola característica, pero un rostro peludo aparecía una y otra vez.
Avistar un castor durante los censos anuales es poco común. Por eso, cuando los voluntarios encontraron uno en estado silvestre durante el censo del año pasado, rápidamente se convirtió en una mascota. Una voluntaria del festival, visiblemente emocionada, le mostró a Arizona Luminaria fotografías de ese castor y contó que la persona que dirigió el censo incluso le había puesto un nombre: Petunia.

Las personas también aprendieron cómo los castores, una especie clave, animales que tienen un efecto desproporcionadamente grande en el ecosistema que los rodea, pueden ayudar a restaurar los cauces de agua del desierto del sur de Arizona.
El evento que se realizó a finales de septiembre reunió a familias, científicos y conservacionistas durante una tarde de actividades con temática de castores y actualizaciones sobre los esfuerzos para restaurar las poblaciones de castores en toda la región. La organización sin fines de lucro dedicada a las cuencas hidrográficas, con sede en Tucson, organizó el festival en Living Lab, la sede de la organización, donde muestran diversas medidas de sostenibilidad que promueven.

El desafío de construir una pequeña represa para los niños demostró el mismo proceso que hace que los castores sean importantes para los ecosistemas del desierto. Sus barreras ralentizan el agua y la mantienen en el paisaje, creando humedales y hábitat que sustentan a otros animales silvestres.
“Son los recolectores de agua de la naturaleza”, dice Dan Stormont, un líder local de conservación y guía voluntario de la organización de manejo de cuencas hidrográficas. “Hablamos todo el tiempo sobre la recolección de agua, y es bueno aspirar a ser como un castor, porque solo podemos esperar hacer tanto como hacen los castores”.
La organización dedicada a la conservación del agua intenta replicar parte de ese trabajo. La organización construye réplicas de represas de castores, estructuras hechas por humanos construidas principalmente con materiales naturales que se encuentran en el lugar. Las estructuras están diseñadas para ralentizar el agua y atrapar sedimentos en cauces degradados. En un sitio de restauración a lo largo del río Babocomari, un afluente del río San Pedro en el sureste de Arizona, los castores incluso han agregado material a las estructuras construidas por humanos.
Participa
Participa en los censos de castores y otras iniciativas de conservación uniéndote a los esfuerzos de voluntariado de Watershed Management Group.
“Así que básicamente estamos siendo los castores”, dijo Nadira Mitchell, coordinadora de ecología de restauración de la organización de manejo de cuencas hidrográficas, durante una presentación en BeaverFest 2026.
Los castores históricamente vivían a lo largo del río San Pedro, pero fueron exterminados debido a la caza para obtener sus pieles en el siglo XIX, dice Mitchell. El río fluye desde México a través del sureste de Arizona antes de unirse al río Gila en el condado de Pinal, y en su recorrido sustenta ecosistemas ribereños.
El Departamento de Caza y Pesca de Arizona y la Oficina de Administración de Tierras reintrodujeron alrededor de 20 castores a finales de la década de 1990 y principios de la década de 2000. Para 2010, miembros de la comunidad estimaban que la población había aumentado a unos 100 castores antes de comenzar a disminuir.
Steve Merkley, instructor de Cochise College, presentó durante el evento su investigación sobre los castores en la cuenca del río San Pedro.
“Los castores son realmente fundamentales para mantener esa agua corriente dentro del ecosistema y para sustentar la vida silvestre de nuestra región”, dice.
Merkley dice que una temporada de monzones fuerte puede beneficiar a los castores al aumentar la profundidad del agua en su hábitat, lo que les brinda mayor protección contra los depredadores y potencialmente los ayuda a reproducirse y a expandir su población a lo largo del río.
Merkley también compartió un video de crías de castor documentadas recientemente a lo largo del río San Pedro.
“Esa fue la primera vez que vi evidencia de reproducción desde que he estado estudiándolos durante los últimos seis o siete años”, dice. “Y luego volver a verlos, ver otro en mis cámaras nuevamente este año, fue muy emocionante”.
Durante los últimos cinco años, Watershed Management Group y sus socios han organizado a voluntarios para rastrear a los animales a lo largo del río San Pedro, en Arizona y Sonora, México.

Los voluntarios de la comunidad buscan represas, madrigueras, huellas, árboles roídos, rampas lodosas en forma de tobogán que conducen al estanque e incluso excremento de castor para identificar concentraciones de actividad y estimar la población.
Unos 430 voluntarios han participado en los censos durante los últimos cinco años, dijo Mitchell durante una presentación en BeaverFest sobre los resultados del censo de 2025. Tan solo el otoño pasado, los voluntarios recorrieron 63.5 millas del río San Pedro a través de 23 secciones en Arizona y México.
Los resultados mostraron un pequeño avance después de años de disminución.
La población estimada aumentó ligeramente entre 2024 y 2025, dice Mitchell, aunque parte de ese aumento estuvo relacionado con el traslado de un castor macho y una hembra al bajo San Pedro por parte del Departamento de Caza y Pesca de Arizona.
“De hecho, pudimos ver que seguían allí cuando los censamos el invierno pasado”, dice Mitchell.
La población sigue siendo vulnerable. La extracción de agua subterránea, el desarrollo, el pastoreo de ganado, la sequía, las inundaciones intensas y depredadores como los pumas dificultan que los castores permanezcan a lo largo del río, dice Mitchell.
Pero BeaverFest 2026 no se trató únicamente de estimaciones de población y restauración del río.

En uno de los puestos, los niños podían tocar una piel de castor sorprendentemente grasosa y aprender qué comen estos animales examinando fotografías de sus excrementos. Una joven visitante no paraba de soltar carcajadas cada vez que salía el tema.
“Les encanta el excremento de castor”, dice Esther Wroth, aprendiz comunitaria de conservación de la organización de manejo de cuencas hidrográficas. “Todos creen que los castores comen peces hasta que les muestras el excremento y dicen: ‘Espera, ¡aserrín!’”.
Para el personal y los voluntarios de la organización, esa diversión es parte del propósito: hacer que las conversaciones complicadas sobre el clima, el agua y la restauración ecológica sean tangibles y accesibles.
Wroth dice que las soluciones ambientales no siempre tienen que ser nuevas o complicadas. Las comunidades indígenas han practicado la recolección de agua y han vivido al ritmo de los ecosistemas del desierto durante generaciones, dice. Los castores también han estado transformando los cauces mucho antes de que los seres humanos comenzaran a construir estructuras diseñadas para imitarlos.
“Aunque el cambio climático es un problema nuevo”, afirma, “las soluciones no son necesariamente nuevas”.
Traducción: Beatriz Limón


